Como dentro de una canción, Julieta, hermosa y cruel. Regresando de vacaciones y buscándome en la basura, como todas esas cartas incompletas de inviernos melancólicos poco provechosos que nunca llegan a informar nada nuevo, ni porque coño he de volver a tenerla en cuenta cuando lo único que quiero es volver, completo y sin rastro alguno suyo a mis espaldas. Puede y con suerte, y alcanzar algo más que morir descuartizado en tristeza y abandono, por algo más que sexo ocasional. Como todas esas respuestas tacitas notablemente perpetuadas por su imparable curiosidad, Julieta metiéndose toda mi vida en su boca.
Todo mientras en silencio aprendo a desvincularme como un animal irreconocible camuflándose entre el color invisible de su anterior existencia y su nuevo entorno de aparente carácter benevolente. Por no saber desaparecer por completo sin dejar rastro alguno al alcance, al abandonar nuestra condición individual, al dejarla ingresar, Julieta junto a su paranoia y seductora pseudo ninfomanía, y tanto como dejarse arrastrar por la destrucción de lo aplastante simplemente por no saber llorar.
-Debes entender que te amo de verdad, y tanto como puedo aceptarlo, de modo que es tu obligación saber corresponderme más allá de lo que los demás crean correcto y suficiente.
-No entiendo.
-No juegues conmigo, no ahora, no después de parir semejante afirmación. ¿De acuerdo?
-Sí.
-Entonces, ¿Puedes?
-¿Qué cosa?
-Puta madre, Freddie.
-Comprendo sin entender muchas cosas tuyas.
-No manipules mis palabras.
-El manipular requiere un objetivo, y no tengo eso, nada.
-Dale, creo que esta vez no te haces el esquivo idiota conmigo.
-Y casi nunca.
-Pero, dime, ¿Tú me amas?
-Sí.
-¿Qué tanto?
-Bastante.
-¿No puedes cuantificarlo?
-No, y nadie tampoco.
-Que cursi mediocre.
-¿Es que quieres convertirnos en alguna clase de comedia dramática?
-No. Sabes que no planeo casi nada. Pero, aun así, no dejas de sorprenderme gratamente.
-Eso es bueno, supongo.
-Ajam, y es que a veces resultas más preciso de lo que puedo ser jamás.
-Bueno, de todas formas no cuenta, pues va y es algo netamente involuntario y solo parece funcionar contigo.
-Sabes, creo que mejor me voy.
-¿Dónde?
-¿No preguntas porque?
-¿Dónde?
-Jodete.
-¿Por qué?
-Que te jodas.
-¿Nada entonces?
-Ay, lindo, me alegra regresar, en serio. Allá, sea lo que sea que te vendan, hace un calor de muerte y te aburres del supuesto ambiente de uno con la naturaleza y todo ese rollo ecologista, y ello tan solo a pocos días de recorrer la campiña y demás paisajes. Cosa que créeme, no ayuda si lo que quieres es distraerte y no quedarte a solas con tus pensamientos.
-Igual solo fueron seis meses.
-Exacto, un subir y bajar, ¿Verdad?
-No realmente.
-Ya sé, también te extrañe. Porque me extrañaste, ¿No?
-Mucho.
-Genial, por fin algo cuantificado, Ja. Pero me voy, que fácil y mi hermana volvió, y ese huevon fisgón sale da la nada.
-¿Cómo un pedo involuntario?
-Jaja.
-…
– Mira que lo note incluso de vacaciones, es una mierda todo. Es decir, una creería que con tu familia y lejos de peligro urbano cerca alguno, como que habría privacidad y paz, pero nada, y jode demasiado.
-Que feo.
-Muchísimo.
-¿Paso algo en particular?
-No mucho, pero igual me incomoda. Ya te hable de ello, y nada mejoro desde entonces. Solo cuento contigo, sabes, ¿Cierto?
-Entiendo, y descuida, que yo te cuido.
-Genial genial, en serio, bastante. Entonces búscame después, ok?
-Seguro.
Rato después, casi una semana y tiempo suficiente para volver con nosotros, comencé a cuestionar algunas características de nuestra relación. Una que de entrada se dio prematura y violenta, como todas esas descargas eléctricas que con el tiempo se hacen uno con nuestros antecedentes en lugar de morir como impulsos básicos de mera satisfacción amical y carnal. Tanto como el resto de hoy y hasta cuando nos volvamos a ver, pues el tiempo no sirve de nada cuando el reflexionar se torna más insoportable que ir obligado a iglesia en domingos.
De ahí que actuar resulta de lejos mejor opción que sopesar opciones decorativas y rutas alternativas, pues se trata de hacer algo y no mucho más. Cuando el compromiso trasciende los límites autoimpuestos, con las razones y paliativos al respecto desconociendo parámetros sociales preestablecidos como la dosis necesaria de escrúpulos correctos al andar. Porque el resto de gente no sabe sufrir lo que tú, cuando sin cabeza y con el corazón hecho mierda, pasas de malas ideas y cambios de dirección. Porque pasando malos momentos, lo único en el mundo realmente familiar no va de daños colateral, porque sufrir en silencio no convence a nadie, y ya no existen más verdades a medias que tragar.
-Y no olvides confundirla con las etiquetas primero, que luego de solo un sorbo el resto es cosa fácil.
-No soy idiota.
-Perdón.
-Está bien.
-Y más importante, sabes, ¿No?
-¿Qué cosa?
-Si no respira, se murió.
-Vete a la mierda.
-Jaja.
-…
-Y te amo.
-Ok. Ya adiós.

Siempre Julieta.

Julieta(s)

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