De vez en cuando recuerdo tu rostro en contraposición con lo que queda de sol durante un atardecer promedio, como una fotografía retocada con un filtro made Instagram relativamente aceptable. Nosotros juntos aun y sin conflictos graves, o sea, toda una escena tierna dentro de una comedia romántica no difícil de comprar. ¿Por qué? Pues solo parece suceder que al final no termine de matarnos del todo, con mi poca facilidad para con la felicidad y tu cabello castaño-dorado, largo y lacio como también corto y desordenado, jugándole en contra al tedio y calor, siempre y porque no había razones para desistir. Cosa de todos los días, como el folklore nuestro de los últimos años -heredado y entre mixturas nuevas- moviéndose entre lo indie y tradicional, y tanto como rimar tu nombre, Korina, con rock and roll y Sabrina con corazón y dolor.
Todo entre nuevas experiencias, y estaciones superadas, como vacaciones compartidas amortiguando incendios, entre extraños amicales y nuevos cambios de perspectivas como puntos de fuga. Cosa que reconoces bien, por todo eso que tanto tratamos de apagar y que no fue nada de lo planeado al final. Tanto dentro como fuera del campus, porque no había destinos reales que alcanzar, más allá de la vida de lunes a domingos. Siempre como tratando de descifrar pensamientos y transmutar sentimientos, porque éramos todo eso y no había mucho más que buscar.
Puede por nostalgia y ausencia, yo no presente, ahora como recuperándome de entre ruinas y todo lo demás relacionado a sobrevivir entre interiores personales inconquistables. Recordándote, extrañando, pensándote y ahora escribiéndote, por algo más que soledad y porque incluso luego de todo lo vivido, me sobrevive una necesidad por reconciliar todo lo bueno gastado, y tanto como reconocer los requisitos fantasmas para con la vida adulta, como tratar y fallar, aprender y volver. Por atrapado entre simbolismos inverosímiles y metáforas incoherentes, sencillamente como cuando juntos y pateando latas sobre tardes vacías y poco prometedoras, y con un poco más de lo último insistiendo fuera. Por herencia y melancolía, y porque recuerdo eras (y eres) lo más genial del mundo y el mío también. Incluso poco antes de irnos a la mierda, cuando como un cobarde de mierda deje a mis padres aniquilarnos como a hijastros bastardos fuera del rebaño. Con miedo e indecisión oxidando cualquier intento de conciliación entre nosotros, porque había ideas muy parecidas a planes y toda una vida de promesas aun por arruinar.
Huyendo y largándome hecho todo un fracaso, fuera de Lima y hacia el Sur, por hábito y poca tenacidad. Y ahora, igual que siempre, vomitando sangre y tragando balas, entre paréntesis y con la caída libre violando mi cordura y espacios pseudo seguros y privados. Como explotar todo y con asco, mientras los amigos, prófugos y ladrones de entre tiempos oportunistas, ya no me alientan ni entienden, porque van y cantan, y cerca y llenos de pura mierda condescendiente. Cosa de no comulgar con la colmena, es verdad, pero igual de extraño luego de habernos familiarizado a tal extremo. Admirable por increíble y tierno por difícil de olvidar, junto a todo lo demás. Soñando con romperte el vestido, largarnos y morir como un big bang, por empatía y ternura incomprendida.
Tanto como nuestro último encuentro accidental, con sonrisas de verdad y tan sinceras como el inicio de nuestro final. Porque estas bien y en camino a lo que sea que entiendes por éxito y realización. Y con sutil entendimiento del periodo de transición en el que me encuentro, según tus palabras y sin condescendía alguna. Con mi cadáver inservible, alrededor y hablándome como si fuese toda una cualquiera, rota y no reciclable. Sumándome todos entre lo intolerable y poco considerado, como cada amante anterior a nosotros, y quizá entre alegría y supuesta concordancia, por lo que nunca fue y no murió.
Inevitablemente como cualquier plano real luego de tiempo después, con la nostálgica de ya no saber de mi lugar en un mundo inherente a cualquier muestra de vida real, fuera de tu corazón y con full milagros mal intencionados por destruir. Porque puedo y quiero, como cuando juntos y como un sentimiento en movimiento.

Korina y Sabrina Sin Remitente.

Dekker 11

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