Dice hay que comerse todo lo que sepa a nostalgia, dentro y fuera. Todo rastro hasta desaparecer de entre la basura, para de ese modo limpiarnos de todas esas sonrisas impostadas malogradas de alrededor que tanto joden el día a día. Por monotonía y rutina, cada que nos atrevemos a pensar y reflexionar, entre malas ideas y puro auto sabotaje, en lo interno donde todo es odio y rencor.
Cosa aceptada y censurada, tácitamente y entre interiores, familiares y amicales, cuando la tragedia se hereda y la sangre solo golpea, del mismo modo en que papá y mamá se encuentran saturados en alguna clase de aturdimiento correcto, por lo políticamente tolerable de eso llamado madurez y sensatez. Y tanto con los suyos y hermanos mayores incluidos, Milagros, sin culpa ni vergüenza, aborreciendo, abrumada pero consiente, los lazos irremediablemente compartidos, con malestar y disconformidad, cada que han de ir todos de la mano, simulando una familia coherente, de visita a los viejos desahuciados que nunca llego a apreciar ni reconocer del todo como padres.
Todo a la salida de Blue Jasmine y con los nervios un tanto revueltos. Rebeldes como pulsaciones fuera de lugar, buscando un contexto amable donde reposar, porque preferimos casi siempre divagar a planear de verdad, y tanto con respecto al futuro y la vida real, cosas distintas cuando se vive malinterpretando señales por pura ingenuidad, como quien sonríe por placer enfermo y tierno, luego de comprendido la imposibilidad para con algún deseo de inútil individualidad. Como cada paréntesis compartido junto a Milagros y sus labios contradiciendo mis deseos de caída y libertad.
Ya en el Starbucks y con obvias ganas de hablar de lo genial que estuvo Cate Blanchett como Jasmine y el sufrimiento que implica existir de forma tan complicada, por empatía y algo más que placer. Y tanto como el ahora siempre paradójico, nosotros intentando concebir al otro luego del amplio silencio guardado, como una ironía entusiasta buscando un espacio vacío en Twitter e Instagram. Porque se trata de Milagros y su considerable optimismo de llegada la noche; por su cumpleaños y el desenfreno próximo que toca como buen Domingo cumpleañero de celebración que se preste.
-¿Sabes? Creo que al final no se trata de ser feliz, sino de intentarlo de un modo lo suficientemente esforzado como para no acarrear luego con remordimientos ni frustraciones. ¿No?
-Puede ser, como también es posible encontrarle la gracia a todo ese rollo sufrido existencial. Es decir, supongo al final todo se resume a si puedes reírte de tu miseria tanto como llorar por ellas.
Mi turno y sin saber cómo reflexionar al respecto. Porque, vamos, ello puede y no suene muy inteligente, aunque debido al momento y con las revoluciones aun en movimiento, porque así son las cosas cuando improvisar es decir la verdad y no tanto leer algún guion adquirido por sumisión pública. Cosa que Milagros entiende bien, tanto como las indirectas con alusión a su predisposición por sobredimensionar los dramas de la vida real, tales como la pobreza, discriminación, inseguridad, corrupción y demás etcéteras de las que bien sabemos tomar nota e ignorar de forma siempre correcta.
-Dale, pero ¿Acaso no sientes la misma atracción que yo?
-¿Tanto se nota?
-Bastante, y tanto como para molestarme, pero es ficción y no soy tan absurda como para dejarme golpear por ficciones ajenas.
-Entiendo, pero ten en cuenta que la atracción es más una consecuencia que un motivo, pues sucede de forma casi inherente a nuestro control, o deseos de control.
-Ya, suena a buena justificación, pero quien sabe realmente que razones son reales cuando se tiene la cabeza caliente y confusa.
-Supongo es difícil saberlo, pero es posible, y tanto como enamorarse de una idealización de algún sentimiento en específico.
-Que perro eres.
-Eso dices, dicen, etc.
-Ya te hable mil veces, fue una cosa de adolescentes, todo eso. Además, cada quien tiene sus propias vergüenzas que guardar, que no es lo mismo que ocultar. ¿Verdad?
-Ajam, y no te reprocho nada. Nunca lo hago realmente, solo que tienes esa facilidad para que todo te resulte inconforme a tus maneras.
-Eso es injusto, además ni nos conocíamos bien. Tu despertando en casa como si el día anterior no hubiera existido, y largándote sin decir una mierda.
-Pero ya fue, es cosa pasada.
-Eso no viene al caso. Carajo, parece no maduraste nada en este tiempo.
-No necesito madurar.
-¿No hablas español? te recuerdo que casi nos vamos a la mierda.
-Sigo sin entender porque sigues hablando en plural.
-Me jodes el día.
-Perdón.
-No. Y porque sabes bien de qué coño hablo.
-Hay una diferencia entre creer algo y estar seguro de ello.
-Entonces, ¿Nunca vas a estar seguro de nosotros?
Nuevamente concentrándome en el vacío que nos distancia, como quien lidia con puro tiempo muerto por simple mediocridad, tratando de conciliar ideas inconexas, por Milagros y su temperamental forma de reconciliar desacuerdos. Todo por no darle cuerda a una historia vieja que ya tuvo su momento. Cuando perdí un pedazo de mi corazón por dejar llevarme por el dolor ajeno. Cuando con todas mis fuerzas borre un nombre y apellido de la faz de la tierra, por Milagros y eso llamado odio como medio único de comprensión y retribución.
-Más importante aún, ¿Te vas a poner en plan pasivo-agresivo conmigo? Mira que no estoy seguro de lo de mas tarde, además, tampoco mis padres saben que no llegare a casa a dormir ni nada.
-Ok. Solo que es mi cumpleaños y como regalo tuyo estuvo bueno, sí, la película y todo, pero eso también te vacila a ti. ¿Entiendes? Y encima me vienes con tus cosas individualistas que sabes me jode, y más cuando el motivo de celebración es que me estoy haciendo un año más vieja que ayer.
-Dale, ¿Pero te gusto?
-Ya te dije que sí.
-Genial entonces.
-Que pendejo.
Se ríe, me rio y reímos, juntos y nos largamos a la calle. Fuera todo sigue exactamente igual que media hora antes, gentes con prisas de un lado a otro como si dos días a la semana no les fuese suficiente para alejarse del estrés que es vivir sus vidas a diario. Además, sin idea alguna de que Milagros aquí ya tiene veinticinco años y toda una vida por delante que arruinar.
De igual modo ya en tugurio este, nadie sabe nada de nadie pero igual hay sudor y fricción. Suena algo de los Daft Punk, como poniendo en salvo resguardo la euforia colectiva recién compartida en lugar, post covers de los Imagine Dragons junto a otros en la misma línea, en vivo y con mucho ruido, y despertando a todo mundo. Cosa que no estuvo mal, pero igual no tanto como los de la semana pasada jugándose la vida a lo bestia con temas de Nirvana y los Pixies. Algo que sumado al hecho de haberse tratado del último fin de semana de clases y porque simplemente no había Milagros cerca precipitándolo todo alrededor, pues fue un volcán y algo más.
Sin embargo, y recién tres de la mañana, pienso y ya no hay mucho que hacer al respecto, con el ahora y el futuro, salvo vivir hasta morir como única filosofía de vida que vale la pena comprar. Tanto o en menos medida, todo eso relacionado a la vida adulta como ultima forma de libertad actual. Pues ello explicaría, aunque no precisamente a detalle, porque la vida y sus consecuencias son más dramáticas de lo que uno está dispuesto a tolerar, y ya no digamos aceptar. Vamos, que ya de entrada es innegable prácticamente lo imperante por inconsciente, saber volver a una realidad ambigua por puro placer y sobre todo, por no consolidar a la angustia e incertidumbre como arma de destrucción.
Como el miedo de volver y encontrarla, hermosa e imposible de eludir, cuando despierto y me apresuro a ver si hay algo que desayunar, para irme a casa y enfrentarme a todo lo que se viene, pero no, pues bajo y lo único alrededor es un escenario desalentador, Milagros llorando junto a sus hermanos, como ahogándose y triste y todo lo demás. Dice su viejo amaneció muerto, y con lágrimas complicadamente sinceras, como sorprendida y realmente afectada, y que no pues, no hay nada que comer.

Milagros, arma de destrucción.

She is Electric.

She is Electric.

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