Como una expresión de fe incompleta, ese facilismo que preferimos adoptar en lugar de  reconsiderar nuestras razones verdaderas, cada que toca cuestionar lo externo e interno, tanto en singular como desde la perspectiva conveniente, por oportuna y necesaria. Como todas las cosas que no se ganaron con verdadero esfuerzo terminan finalmente por matarnos en idiota sedentarismo, todo y cada que recuerdo como perdimos y caímos en una clase de utopía incompleta, Melisa y Korina destripando ilusiones como negando las propias ingenuidades personales.
Tanto como cambiar hacia una tercera presencia, por comodidad y hábito, cuando sangrar en primera persona se torna más insoportable y doloroso que una noche de soledad absoluta. Como el ayer destruyendo mi corazón, por egoísta y poco considerado, cuando cambie la nostalgia corrosiva por otra conocida presencia de características avasalladoramente ineludibles, Korina y su bella silueta completando una hermosa noche de luna llena.
Sin embargo, aun buscando el origen de por qué mierda nunca logre concluir un momento de absoluta decisión, todo más allá de la fractura anterior al instante real donde solo hay espacio para uno y sus pensamientos divorciándose entre sí como polos prematuramente inaceptables, puedo seguir continuo y en caída libre, y tanto como antes de nosotros y todas las canciones desperdiciadas. Lo curioso, sin embargo, es que aun ahora y con la muerte como doble de riesgo detrás, puedo acariciar algo de lo compartido y perdido, Melisa y Korina alimentando mis espacios como locura transitoria sosteniendo y resistiendo todos mis huesos rotos.
Pero, ¿Cómo viajar en el tiempo sin fraguarse en el sentir de dimensiones alternativas, cuando lo único perpetuo que se tiene es ese dolor, inconmensurable e inherente al exterior y a uno mismo y su necesidad de reagrupación? No sé, ni Melisa y tampoco Korina. Entonces, ¿Qué hacer? Pues dejarse asesinar, como una canción parida en puro caos y locura, como romance y melancolía luchando y mutando, constantes como días soleados contaminándose imparable, como la nostalgia y desilusión posterior al último adiós. Porque es preferible morir hecho explosión a desvanecerse entre idiosincrasia y poca autoestima colectiva, y tanto como sobrevivir hechos tristeza y desgracia, todos nosotros y también la lluvia.
En tanto duren las palabras y canciones, más allá de la eterna locura transitoria de vivir de a dos, dentro y en lo irreconciliable, por algo más que morder y Melisa rechazándome sin abandonarme. Tergiversando juntos el contraste ineludible entre nosotros dos, extraño y familiar, como Korina alineando mi dolor, entre sus piernas y corazón. Mientras yo, perro hasta los huesos, sobreviviendo entre canciones y cartas incompletas, como un sadomasoquista hundiéndose en pura mala poesía de entre tiempos insufribles pero reales. Por no entumecernos en confusión y dolor, porque morir congelado es peor que arder en cualquier clase de infierno personal, pues el frio es rechazo y discriminación, y no quiero a Melisa compartiendo sus demonios con otros además de nosotros y yo. Porque Melisa es un diamante contrastando un despropósito de existencia más que ignorar, y tanto como paralelos continuos alrededor, Korina junto a mi poca tenacidad para con la vida real y su supuesto enfoque sacrificado con respecto a todo lo relacionado a la felicidad.
Como la tarde siempre incompleta del presente, corroyendo mis entrañas y energías, fuera de esta caja de zapatos, miserable pero austeramente reconfortante, como el tener un techo sobre tu cabeza mientras fuera todo es aún más miseria y suciedad que lo que uno está dispuesto a aceptar y tolerar. Tanto como el ayer, cuando saturado de alguna clase de apatía subversiva, pues la culpa había entumecido cualquier síntoma de ensimismacion con no pocas sacudidas repentinas, y el no saber cómo lidiar con un problema de solución factible. Ayer metafórico, con Melisa golpeando mi corazón, largándome de su vida por y como un error, como una vergüenza más que tratar de enterrar y no olvidar.
-Solo no entiendo porque no haces nada al respecto. Es decir, tienes todas estas ideas sobre la muerte y lo absurdo de la vida, pero no los huevos para ponerle fin.
-¿Fin? ¿Y cómo se supone que se hace eso?
-No sé, escribe un libro, vete a Machu Picchu, al Himalaya, Paris, Grecia y reencuéntrate y toda esa mierda relacionada a conocerse y demás.
-Todo eso es de credibilidad dudosa, Mel, lo sabes.
-Mejor aún, y a la vieja escuela.
-¿Qué cosa?
-Una bala en la cabeza.
-Suena mejor, no coherente, pero factible.
-Exacto, eso es de lejos más efectivo que tratar de buscar la respuesta a tu existencia en culos y coños ajenos a tu sentir. ¿Verdad?
-Bastante.
-¿Tenemos un acuerdo entonces?
-Eso parece.
-Ok, bueno, buenas noches y buena suerte.
-Recién muere el atardecer.
-Lo sé, pero no quiero estar más cerca de ti.
-Perdón.
-¿Perdón porque?
-No sé, por ponerte incomoda.
-Incomoda me siento con la vida alrededor, pero contigo siento dolor y desesperación, y tanto como no puedo expresarlo.
-Perdón por eso entonces.
-No.
-¿No qué?
-…
-No entiendo.
-No pidas perdón, no sirve, como tampoco sirve de nada esta conversación, además del rojo detrás como fondo de película agridulce, pues igual la cagaste todo y no tienes los huevos para hacernos un lado.
-¿Y tú?
-Yo digo adiós.
Sin embargo, y fuera de contraste alguno, pues el daño hecho ya se ha consumado con sus correspondientes lágrimas derramadas, he de aceptar que incluso ahora nos acabaría violentamente y por no volver muerto en vida a esta extraña condición de austera inconformidad. Porque soy consciente que mi control es posible solo cuando mis impulsos y tendencias se ven aplacadas por influencias externas, como Melisa y Korina, y tanto como puedo sentir el último de mis extremos, mientras sea dueño de mis extremidades y sentimientos.
Entonces los minutos de impresión eterna se vuelven días y semanas, y el presente una idea distorsionada. Como la idea de compromiso y vida compartida de Korina, y tanto como desear de verdad y dejarse arrastrar, cuando nuestros sentimientos se tornan imparables y sobrecogedores, juntos y en caída libre, cruzando y mutilados, entre ratos melancólicos pero contradictoriamente desconcertantes, cuando hay alguien y todo lo demás solo es consecuencia. Y se llama monologo interno, si, cuando no se puede frenar la verborrea mental.
Mientras, Korina comiéndomela en la cama, como una puta desgracia real violándome las ideas y metáforas, mi chica de camiseta sucia terrorista de tertulias.Cosa interesante por ancla a tierra, y tanto como lo extraordinario al respecto y el contraste enfermo posible de hallar aun en la basura y eso llamado placer. Supongo entonces que ella también nació lastimada, como la tragedia de encontrarme y abrazarme, Korina, trigueña y hermosa, aun con Melisa fuera de mi rango y conmigo fuera de tiempo y lugar. Porque no hay nada tangible cuando se deja el plano inmediato, y menos con ideas incompletas sumando en contra, ahora y sin nada alrededor, en silencio y con sutil delicadeza.
Y tanto como abandonar un momento infinito por miedo al fracaso ineludible de descubrirte bipartito nuevamente, el mundo a mi alrededor, vacío y frio. Como un expatriado desencadenado, y Korina asesinando a Melisa, entre metáforas y todo literal posible, mientras la canción no se muera antes del atardecer, junto al revolver de su padre policía y todas las profecías respectivas para con su hija última y su aparente locura.
-Yo soy K y te digo que en realidad no es tan difícil.
-No estoy de acuerdo.
-Pues te equivocas, y feo.
-¿Qué cosa?
-No fue difícil, no con nosotros en juego.
-¿No fue? Korina, en serio no estoy entendiendo.
-Fueron dos veces, uno en el estómago y luego en el cuello.
-¿Hablas en código porque lo que dices esta codificado o porque no puedes dejar de divertirte aun cuando se trata de temas serios?
-Creo lo segundo.
-¿Dijo algo?
-No sé, no entendí bien.
-¿Qué no entendiste?
-Solo eran sollozos, dolor y angustia.
-Duele.
-Pero ya fue todo, todo. Somos los dos otra vez. ¿Recuerdas? ¿Nos recuerdas? Como patear latas sobre tardes desperdiciadas, antes y después del atardecer, juntos y a nuestro modo. Tienes que saber recordar.
-Recuerdo a Melisa, ahora y antes, y el ahora contradictorio.
-¿Contradictorio?
-Se llama nostalgia.
-No, se llamaba melancolía.
-Cierto, Melisa Melancolía.
-No me digas que todo fue por nada.
-No nada.
-Exacto.
-…
-Ya vámonos.
Ella habla de volver y regresar, como si el presente fuese un paréntesis ya muerto y el mañana un vivir de verdad, pero nada puede ser de verdad, cuando la distancia y reciprocidad fallan. Ello entiendo, por lógica y sentido común, sin embargo, nada bueno ha surgido antes de pensar en coherente, como cuando aún masticábamos ideas de amor y libertad. Como el ahora hecho otra dimensión como una contradicción, pues no sé cómo sentir lo que no soy, aun cuando fuera existe su rostro y sus ojos, pardos y hermosos, juntos y todos,  Melisa y Korina, y yo y sin posibilidad alguna de migrar imaginariamente a alguna clase de futuro cuando el presente es más fuerte y contundente.
Pero, es verdad también que siempre existe ese sentir fácil de coger y tragar, como sumergirse en alguna clase de locura y dolor, propios y como hermanado desde nacimiento, por odio y frustración, nosotros resistiendo y moviéndonos incompletos, cada que regreso sin volver, por miedo y vergüenza. Como antes de Melisa, y Korina, y todas las mujeres reales como conexiones nerviosas funcionales perdurando en silencio y distantes. Todos hechos fragmentos, es verdad, inevitables y consientes, como las verdades detrás de nuestros rostros desfigurados a contraste del sol y su optimismo rutinario de entre semana.
Sin embargo, vamos de quiebres cuando las muñecas se rompen, como Korina deseando amar, más allá de lo psicótico y patológico, por algo mío que masticar y sangrar. Alrededor de una constante de naturaleza cruenta pero sincera, nosotros como un sentimiento inaceptable pero confiable regresándome al origen y final de juego, con Melisa fusilando mis planetas, sin culpa y con placer compartido, porque, después de todo, Melisa soy yo cuando no tengo nada que perder y todo por lo que caer.

Cerdos y Diamantes.

Sander Dekker 75

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