Tratando de no ser un extraño improvisado en mi propia casa, cuando me informan una nueva misión, regresar y no fallar, porque es urgente y no hay más espacios para esperar más. Y tanto como hacer de testigo involuntario alrededor de nuevas estrategias de reconciliación, ahora y como otra forma de morir. Porque se dice “game over” cuando no hay más palabras y adjetivos sinceros cerca que direccionar y profanar. Ahora y sin remedio, vuelta y haciendo tiempo, con una rubia de 250 ml. para maricas, y con una idea fija, como la mirada directa y sin prisa de Marina, en frente y con más determinación que todas mis vidas pasadas juntas.
Mientras, y como quien trata inútilmente de romper el hielo, entre cortos intercambios telepáticos de ideas, en teoría y supuestamente por mutuo entendimiento, Mari vuelve conmigo, con su cigarrillo y disparando en mi dirección sin discreción. Todoal tiempo que trato de descubrir cómo es que no puedo hacerme a un lado, metafórica y literalmente, cuando estoy empapado de ella y su presencia. Cosa que no viene a cuento tratándose de nosotros, es verdad, y tanto como el dolor sigue al placer, Marina y yo, pero irremediablemente co-direccionados, aun con todas las malas ideas alrededor, como cuando jóvenes, prófugos y ladrones.
Porque algo peor que no aceptar la derrota, eso llamado negación y resignación, como los días previos a los últimos ya fusilados, Marina decapitando fantasmas al ritmo de la nostalgia de siempre y toda la vida, por temperamentales y sentimentales, cuando jóvenes y con ilusiones atemporales que deconstruir. Como el ahora, presente y juntos, como seguirle el ritmo a una hermana de otra vida, presumo, y tanto como aprender a odiar por pura necesidad, cuando creerse seguro es imposible, y con  consciencia clara de que se ha caído en graves niveles de confusión y dolor. Porque aplacar algo de culpa interna, como el siempre persistente descontrol pasional, no va de asuntos realistas, no cuando no hay bien ni mal que tolerar.
-Entonces deberías callar y nada más.
-¿Por qué?
-Es básico, y obvio, que callar no es mentir.
-Pero Mari, yo no miento.
-Eso crees, pero siendo sinceros, ello es tan subjetivo como lo mucho que te necesito conmigo. Y llámame Marina, ¿Quieres?
-Es Marina, y su correcto diminutivo es Mari.
-No, eso va para Marías también.
-¿No te van las Marías?
-Nop, nada, y de entrada no me veo ni entusiasma nada de nada todo lo relacionado a una virgen.
-Obvio, que de eso ya muchas canciones amargas ya has escrito. Ja.
-No cambies de tema.
-¿Entonces?
-Entonces termina tu trago y vámonos, que ya luego vuelves y terminas con todo lo demás.
-Suena aún más aterrador que mentir.
-Ello porque eres un cobarde de mierda, pero también tienes una verdad que defender, incluso ahora y con todo.
-Siento hacerlo tanto como reconozco que puedo sentir culpa estos días. Sin embargo, sabes mejor que cualquiera de porque prefiero ser metáfora.
-Exacto, y es precisamente por todo ello que deberías coger ese miedo y dolor y volverlo decisión.
-Suenas como ella, coherente e inteligente, aunque con menos tetas.
-No sé si tan inteligente, pero lo otro puede ser el alcohol en tu sangre masticando tus neuronas y capacidad de visión.
-Puede ser, como también imaginarte desnuda y sin deseos de venganza. Pero ello sería aún más utópico que creernos el cuento de alcanzar un momento de felicidad, ahora y con tanta tragedia alrededor, ¿No?
-Lo segundo es cosa de confiar, pues ya te prometí de todo y ahora es tu turno. Lo primero, sin embargo, ¿Por qué no? Que recuerde me gusta coger contigo.
-Y recordar es volver a vivir.
-Como ayer y asesinando correctamente un Domingo caluroso.
-Mierda, que profundo, que poético…y cursi.
-Jaja. Serás caca de paloma.
-Eso es mejorar, y bastante.
-Ya no jodas, que no soy de hielo y menos contigo.
-¿Nos vamos?
-Seguro, ¿Pero dónde? ¿Tu piso, el mío o el suyo?
-No entiendo.
-¿Seguro?
-Sí, y sabes que el mío es el suyo también.
-Precisamente.
-Entonces, ¿He de cumplir la sentencia? ¿Eso tratas de informarme?
-Por nuestro bienestar, y porque no hacerlo significaría que no puedes con el peso de la verdad, y yo no quiero eso. No cuando es precisamente en ese lugar que quiero encontrarte nuevamente.
Y como palabras bonitas golpeando mi esqueleto, pienso y me repregunto nuevamente, como es posible querer tanto algo en medio nuestro, como un pequeño intervalo superando las frustraciones e impotencia, por fundirnos en alguna clase de reencuentro romántico tardío e incompleto, con niños y matrimonios incluido. Todo en contra, ciertamente, como las canciones compartidas antes de la primera despedida, hace más de diez años, como diciendo adiós a un amor de verano ya resuelto y olvidado, mas no abandonado, porque parece ya irreversible, ahora y con más ingresos y experiencia acumulados, Marina y yo volviendo y destruyendo un paréntesis pasado intolerable no dejado atrás.
-Solo necesitare un momento y no podré volver a este tugurio, lo sabes ¿No?
-No importa, que voy contigo.
-Ya nos vemos entonces.
-Espero.
-…
-Y te espero.
Y yo, pero ¿Cómo ser valiente y menos cobarde cuando existe todo por perder? Arriesgando, creo, cree y creemos, pues incluso ahora, pienso y por momentos me gustaría ser capaz de convivir con el miedo y la hipocresía pseudo necesaria del entorno imperante actual fungiendo de colectivo social inmediato, como un sumidero de almas desperdiciadas jugando a títulos como sociedad y hogar.
Sin embargo, y como “pero” principal, lamentablemente, no soy tan cobarde como para dejarme oxidar como mis padres hubiesen deseado. Todo ello en términos de los demás, y como se entiende eso de volverse adulto, pues no me haría necesariamente una persona libre, no ahora y con caminos tangenciales a la muerte por autoflagelación y desgaste, que recorrer y superar. Porque sobrevivir, ahora y presente, entre impertinencia y dicotomía interna, como antes y siempre, junto a ideas y sentimientos bipartitos jugando a favor y en contra, por vivir y morir por algo más grande que uno mismo y sus limitaciones, pienso y ha de valer la pena alcanzar.
Entonces la veo una vez más y como una última oportunidad, mientras, el taxi hace lo suyo y me desaparece, y suspiro con alivio y miedo al mismo tiempo, como un nuevo cliché sumándose a la inmensidad de quienes trataron y fallaron, mediocres e incomprendidos, junto al resto de la ciudad.

Extraños no accidentales.

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