Una última cosa que tener en cuenta a la hora de mentir correctamente es recordar los motivos reales de porque se está mintiendo. Si la razón es de importancia, las consecuencias no deben de afectarnos. Pero si se cae en tentación de hacer de aquel habito una costumbre, el resultado final acaba siendo relativamente sencillo pero bastante lamentable.
Exactamente como cuando la mujer que amas descubre, luego de eliminar todo rastro de confusión previo a su revelación, que no siente lo mismo que tú. Y es precisamente ese nivel de decepción lo que se siente cuando se ha malgastado una oportunidad.
Cosa innegable, dado que después de todo, al final del día todo suele resumirse en el número de veces que intentas no regresar al día anterior. Cosa de resistencia, básicamente, y tanto como no caer en desesperación cuando se está por perder absolutamente todo. Como Alex y Oriana dejándose coger por la temperatura y el rencor mal llevado.
-Tú tienes tu canción y yo la mía. No hay nada espectacularmente nuevo en ello. Sinceramente no sé porque te pones en ese plan.
-No me creas estúpida. Sé muy bien todo lo que quieres decir con esa canción. Tanto como todos mis amigos, al menos los cercanos, lo saben y deducen y todo. Te estas ridiculizando. ¡Por el amor de Dios, Alex!
-No estoy de acuerdo. Veras, tú dices que te gusto, sí, pero yo sé que no es verdad. Al menos no tanto como lo crees. Tú me quieres, sí, pero como un amigo. Como un accesorio simpático y ocurrente. Eso duele, Ori, sobre todo porque no quiero separarme de ti. ¿Acaso puedes entender eso? ¿Puedes? ¿Tratar por lo menos?
-¡Maldita sea! Tu nivel de inseguridad me está matando. ¿Qué es lo que quieres entonces? ¿Qué termine contigo? ¿Ahora mismo?
Hubo entonces una pausa, una impuesta por ambos. De algún modo esperaban, ingenuamente, es verdad, pero aun así lo hacían, esperar que durase para siempre. Esa pausa, junto a ese corto espacio de tiempo muerto, en el campus y sin no mucha discreción alrededor.
-Ahora que ya no me quieres, solo te pediré una cosa. Solo una.
Alex, tratando de convencerse que eso era todo. Que tenía que salir bien parado de ello, o por lo menos no tan humillado como todo parecía indicar que iba a ser, después de todo.
-¿Qué es?
-Por favor no me odies si acabo odiándote. Y es que prefiero odiarte a olvidarte.
-¿Y no me buscaras más?
-De lo contrario, que me muera.
-Suena razonable. Está bien.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo, sino que me muera también.
Eso fue todo. Ambos se fueron por caminos distintos y nunca más supieron el uno del otro de forma sincera, como cuando había algo de verdad. ¿Por qué?  Pues porque murieron. Sangrando cada quien a su manera y jodiendose en el camino, como un par insectos parasitandole el interior al otro con no pocas mentiras verdaderas imposibles de ignorar. Como un te quiero y un adiós.

Sangrar en tercera persona

Sander Dekker 03

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