Trate de ser el hombre que necesitabas pero fracase de tal modo que termine siendo el hombre que mis padres deseaban. Ciertamente todo se jodio, sí, pero fue tan gradual, el ritmo con el cual los acontecimientos acabaron mutilando nuestro último vinculo, que no tuve tiempo alguno para reflexionar ni para odiar. Al menos no tanto como realmente necesitaba.
Sin embargo, confieso que te llamaría todos los días antes de que la noche te recogiese entre sueños y pesadillas, y tan solo para saber de ti, para escuchar tu voz y volver de ese modo acompañado a esta habitación de carácter inexpugnable, como un incomunicado salón de dolor lleno de contradicción. Porque cuando atrofias tu soledad, la enfermas y deformas en algo peor que vivir de forma individual sin sentimiento de culpa alguno estorbando la condición actual de eso que conocemos como cordura. Pues asesinamos nuestra independencia sentimental con imágenes perturbadoras, en movimiento y junto a no pocos pensamientos desordenados, hasta erigir en nuestro interior una clase de horror de incatalogables características. Hablo de ese veneno mental, y emocional, llamada ausencia. Esa inquietante sensación de vacío constante.
Pero igual insisto, siempre y tratando de pensar sin tener por ello que lastimarme. Como cuando aún procesaba correctamente los consejos bien intencionados de toda la vida. Sin embargo, el tiempo no salvo mi alma ni amortiguo los golpes de realidad recibidos por mis propios enemigos invisibles. Como el remordimiento y la culpa como menú de cada día completado. Entonces observo tu figura atrapada en el espejo de mi habitación. Recordándome las razones reales que lograron involucrarme de forma verdadera en eso que teníamos. Recuerdo, sí, pero sin caer en algún pozo nostálgico. Porque si existe algo peor que reconocerte como una existencia de naturaleza íntegramente melancólica, es el ensuciarte con otras clases de enfermedades. Como la nostalgia acida que todo lo corroe y destruye.
Entonces trato, día y noche rastreando antiguos pensamientos, como pensando en voz alta una idea lo suficientemente útil como para aferrarme a ella, y para no soltarla hasta que haya muerto mi yo presente. Porque necesito intentarlo. Intentar controlar mis sentidos en la siguiente oración. Siempre la siguiente oración, porque siempre es la siguiente frase la que me aleja un poco cada vez.
Pero soy consciente también que tratar de emular algún consejo ingenioso hasta creérmelo es prácticamente como dejar de un modo muy cobarde a los malos hábitos oxidar mis huesos. Entonces has de pensar nuevamente caminos paralelos y tangenciales donde sobrevivir, porque has de viajar y nunca regresar. Porque prefiero amar que odiar. Todo por no pensar en el final.
Luego me dicen, he de olvidar. Tanto como sé que puedo llegar a hacerlo. De lo contrario, me aburrirá demasiado pronto. Cosa que aunque no lo creas, puede llegar a resultar aún más insoportable que hacernos mutua compañía. Y no es joda. No cuando sabemos muy bien que dos animales heridos no pueden servirse de consuelo mutuo alguno. Sin embargo, es porque es en intentarlo donde debería estar la respuesta que no puedo anularme por completo. Aun cuando seguramente pensases que lograríamos algo permanente aun cuando no podías salir de tu propia mente. Pero no importa. No cuando tenemos, aunque no lo parezca, algo en común de lo que estar orgullosos. Eso que finalmente nos asesinara, sí, pero delicadamente y definitivamente.
Después de todo, eso éramos precisamente cuando el simbolismo era netamente metafórico entre nosotros, muerte y comprensión. Cuando extranjeros como lo éramos el uno para el otro, el magnetismo y el cariño acabaron desafiando su acuerdo inicial. Pues fantasma y bipolar, ni uno de los dos podía existir sobre su propio centro de gravedad sin antes reconocer y reconciliarse con su austera forma de ser, una de corte netamente individual. Pero nada sucede. Nada falla ni nada de nada. Nada se concentra realmente al final de cada trance. Aun cuando trato por todos los medios acabar con tu recuerdo.
Mas no lo suficiente como para creérmelo definitivamente. Tanto que incluso ahora mismo tomaría un avión para no volver jamás a este agujero negro de excusas y revelaciones insulsas. Pues cada intento fallido de reagrupación interna, para con mis capítulos fragmentados dispersos en las crueles habitaciones abandonadas de mi interior dos, se anula con cada sonrisa sincera tuya. Y carajo que me gusta.
Todo por alcanzarte al final de la hemorragia infinita que nuestro benefactor en común, ese de carácter solar que nunca termina de transportarnos donde deseamos. Pues cada que nos sinceramos, lo sentimos una vez más, sobre nuestras cabezas y cercano a su desembarazo final. Hablo de vivir de un dolor lleno de pensamientos sin color. Sin embargo, paralelos como somos, es porque decidí dejarme llevar por tu convicción que aprendí por primera vez a completar frases involucrando a mi corazón. Porque si, porque te recuerdo con cada rayo de sol colisionando con mi piel, una vez llegado el atardecer y hasta asfixiarme por completo en la amplitud de cada noche fuera de tus pensamientos. Porque es precisamente cuando te tengo en mi mente que aún logro sentirme de verdad. Vivo y real.
Sin embargo, algo en mi permanece siempre queriendo volver. Puede que para morir entre tus brazos como alguna clase de milagro tragicómico más que sumar a tu diario de anécdotas intrascendentes pero personales. Eso si es que no fuese yo el dueño de mis acciones. Ello si no fuese un cobarde de mierda. Pero lo soy, si, estúpido, inútil e innecesario. Patético hasta el hartazgo, pero igual no puedo dejarlo. Eso no puedo. Olvidar sin morir un poco en el proceso. Pues ese sentimiento es mucho más que puros estados de negación post adolescente, más que imaginarme controlado, más que aprovecharme de los silencios con pensamientos inútiles, pero contagiosamente esperanzadores. Pues no cambia, este sentimiento contradictorio, pululando dentro y sin rumbo alguno. No más allá de volver a enfermarse al lado tuyo.

Tratar y fallar

PD: Korina, si he dado con la dirección correcta y esta carta -pseudo monologo- llego a tus manos -no literalmente por supuesto- yo, sinceramente agradecería una respuesta. Solo para no seguir olvidándote de este modo.

Korina 2011

Korina 2011

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