Como una grieta
sutil
pero constante,
en mi mente
y pensamientos,
todas las horas
perdidas
y acumuladas
llamadas
rutina y vida.

Pero irreversible
esta inaceptable,
por inmerecida e inevitable,
sensación
de melodiosa
reciprocidad
y retribución.

Ella abrazando mis
debilidades
sin asco
ni reprobación
como un ángel exterminador
nacido
desde dentro,
y como un milagro
mal intencionado
recuperándome
incompleto
como cuando en tiempos
desesperados
recorridos
y vividos.

Y todo como un apocalipsis
mental
fluyendo exquisitamente
como adrenalina
toxica
por mis venas
y malas ideas.

Como una delicada
pero agradable
promesa
de última hora
sacudiendo
todas mis viejas
memorias.

Mis ideas últimas
junto a mis pocas
muestras
autenticas
de inútil
existencia.

Es decir, cariño
y comprensión
alimentando mi pesado
interior
como antes solo
podía
esa odiosa combinación
llamada
caos y dolor.

Día Cuatro, El Apocalipsis Mental

my body is a cage

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