Lunes otra vez y nuevamente desmotivado. Tanto como nuestros padres luego de aceptada la derrota de su generación. Cuando voluntariamente cedieron su corazón por un desgastado premio consuelo, a modo de promesas llenas de supuesta prosperidad de finales de siglo, con el cual lavarse las manos para cuando les toque enfrentar el tribunal de crueldad. Cuando nuevos momentos de saturación superficial los sacuda hasta expulsarlos de sus propios sentidos. O sea, bastante desmotivado.

Y tanto como cuando toca esforzarse en buscar maneras interesantes, y hasta alternativas, de matar el tiempo inútilmente ganado con la familia cuando llegado el fin de semana. Es decir, como la vida misma tratando de suicidarse por simple aburrimiento acumulado.

Además, pasa que cada que la observo en silencio, junto a todos sus defectos, recuerdo las razones de porque preferiría seguir soltero.

Vida y no vida

Si, Señor Optimista

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