Solo deseaba extinguirme por completo. Dejar de existir para otros que no eran yo, hasta anular aquel cariño que supuestamente guardaban para conmigo.

Sin embargo, cuando por accidente lograba verla, ya sea por la mañana y de regreso a casa para almorzar, como por las noches de camino a la universidad, Julieta conseguía recoger mi día del suelo como unicamente su atractiva belleza podía. Pues todo ello, observarla con detenimiento cada vez que podía para luego proyectarla libre y sin contradicciones en mi cabeza junto a toda las facilidades y restricciones que ello conlleva, era como contemplar un poco de exquisita bondad a modo de contraste para con la sucia realidad urbana de toda la vida.

Pero ese no era yo. Trigueña y hermosa que todo lo abrazaba y resguardaba. Ya que lo sentía, como extirpándome de entre la rutina y el tedio, hasta amalgamarme por completo en pura mala poesía producto de la inevitable inspiración que de ella me alimentaba. Y es que de repente las canciones dolían más fuerte que antes y el clima se tornaba más denso y peligroso que cualquier cabeza de incertidumbre romántica.

Ciertamente, tenerla y no tenerla, al mismo tiempo, era como no saber las intenciones verdaderas del enemigo invisible escondido entre la carne y el hueso de cada diablo amateur nuestro que no terminamos de asesinar. Pues aun cuando sus sutiles labios rozaban los inexpertos míos, eso de intentar desarraigarse de la basura y pestilencia del alma misma, no se consolidaba como realmente ansiaba.

Pero, ¿Qué puede hacer uno para dejar de sentirse tan desubicado? Ni idea. No nada. Salvo pensar al respecto tanto como resulte tolerable. Aun cuando el fungir como una idea mas divagando sin salida eternamente en nuestras mentes difuminadas por la cruel neblina melancólica que todo lo corroe, sea algo mas que ineludible.

Por eso no puedo dejarme invadir por su belleza. Eso lo se, pero igual es difícil. Sobre todo porque quería asfixiar mi confusión con algo mas que descontrol, pero fracase de tal modo que acabe perdiéndome indefinidamente entre el camino de salida y las ganas de regresar al enfermo confort inicial. Cuando lo seguro era la muerte y la incertidumbre aun no tenia nombre.

Pero no. No volví ni fui a ningún lado en particular. Solo estaba una vez más, abandonándome en el interior de Julieta hasta destruir sus bellos sentimientos con puro odio mal direccionado como en tiempos de inquebrantable muerte súbita personal.

Sin embargo, no hay culpa esta vez. Ya que del mismo modo en que puedo ser como una nación en llamas, puedo también desvanecerme bajo la lluvia como las esperanzas efímeras de fiestas de fin de año. Después de todo, muerte súbita es cuando no sabes como seguir muriendo.

Trigueña y Hermosa

Violeta Resiste

Siempre Julieta

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