Alex y Marla discuten por algo que ya perdió su razón de ser como detonante de dicho conflicto. Sin embargo, de la misma manera que el empírico sentimiento de competencia, saludable dirán algunos, las mantiene unidas en dicho encuentro, pasa que no solo no ignoran que dichos movimientos-insultos junto a pocos argumentos-las ridiculizan sino que por algún sentido, íntegramente femenino, están convencidas, y esto puede que a un nivel alto o regular del inconsciente, que tiene que haber de todas formas un resultado. Sin embargo, aun así, están fervientemente convencidas de que es el momento indicado, y quizás hasta único, en el que podrán eliminar sus diferencias.

Cuando digo eliminar acepto que una de las dos dará de baja a la otra.  Cosa que influye en mi posición actual. Es decir, de todas maneras me siento obligado a tomar alguna decisión, o frustrar algún resultado, pues esta condición de árbitro, aunque indeseable, está destinada a la ejecución de sentencias. Dicho esto, aclaro que no es por comodidad que preferiría huir de esta confrontación, pues aunque tengo más afecto con Marla que con Alexandra, no importa, pues sucede que le tengo más ganas a Alex, y esto desde hace un par de semanas. En pocas palabras, quiero follar con Alex pero quiero más a Marla. Así que, creedme cuando digo que soy sincero cuando digo que resulta realmente difícil tomar alguna clase de decisión final. Ya que sin duda alguna será un punto y aparte en cuanto a nuestra amistad respecta. Sobre todo si las tengo que ver todos los días. Después de todo, las tengo como hermanas.

Aunque hermanastras para ser más precisos, y también mayores que yo. Vinculo que incluye solo un cuarto de sangre de consanguinidad. Es decir, tenemos un compromiso vital. Un lazo casi único. Cosa que solo empeora cualquier intento de escape. Y no es joda.

Y es que aun siendo hermanas comprenden que su odio mutuo es necesario. Pues necesitan algo con lo cual justificar la sangre compartida. Ya que ni una de las dos valora en lo más mínimo las características mutuas de ambas. Además, claro, del evidente parecido físico. Aunque, ciertamente, Alexandra esta, como quien dice, más desarrollada. Y es que es más alta y más esbelta y bastante contorneada. En pocas palabras, está más buena. Mientras que Marla, bueno, ella es más inteligente.

Cosa que, por si acaso, no digo de forma despectiva. Pues me ha sucedido muchas veces que cuando la escucho hablar sobre una película o algún libro, ¡Incluso sobre pinturas, por el amor de dios! No solo quedo con la boca abierta sino que acabo maravillosamente estimulado. Con respecto a escribir y todas esas clases de tendencias, supuestamente, artísticas heredadas o asimiladas, u etc. Nuestro abuelo fue una figura de considerable aprecio nacional en dicho ámbito. Algo que aunque no viene a cuento del todo ahora, tiene arto que ver cuando uno piensa al respecto de las consecuencias de eso de ir heredando reputación y obligaciones sutiles.

Y es que se nota. Después de todo, ambas se mueven como criaturas únicas en sus propios círculos. Ambas como Reinas en mi pequeño universo. Alexa como la Reyna Facebook, junto a otro tipo de denominaciones que incluyen fiestas y desenfreno juvenil, mientras que la otra, Marla, se erige en ese mundo “pseudo” intelectual (vamos que aun nadie se cree del todo sus ilusiones) universitario supuestamente culto, como la Reyna de la “boheme” estudiantil de su universidad privada, y no solo de su año y/o promoción, claro.

Cosa que no fue del todo determinante a la hora de elegir una profesión. Por ejemplo, esta Marla que sin necesidad de profundizar más en esas habilidades suyas; tales como una observación analítica bastante envidiable, además de su obvio, pero no por eso típico, talento histriónico. (De las obras de la escuela, al menos de las que recuerdo haber presenciado o participado, ella le daba a todas sus actuaciones ese toque mágico que solo una linda muchacha, con sus diálogos correctamente aprendidos, puede lograr). Supongo esto deviene de esa costumbre suya de preferir los dramas románticos a las comedias prefabricadas e importadas made in Hollywood. (Murphy, Adam Sandler, y etc ) Ahora, bien, tengo que confesar que cada vez que la miraba actuar, no solo caía conmovido, sino que incluso pronunciaba, pero solo para mis adentros, que la quería. Que la deseaba. Pero, bueno, todo eso fue en la secundaria. Ya estamos viejos para eso. Creo. De lo contrario eso supondría que estoy aún más jodido de lo que pensé.

Pensar en ellas me lleva a compararlas, inevitablemente claro está, y concluir que…necesito cogerme a Alexandra. Mierda, no puedo cagar esta oportunidad. Es decir, fallar a favor de Alex – nickname suyo – como que sumaría puntos a mi favor, ¿No? Y es que ya las he visto semidesnudas a las dos, aunque nunca con ojos distintos. Ósea que nunca con ojos de cazador. Esto último es un término que de tanto escucharlo no puedo ya quitármelo de mi cabeza. Y esto aunque suene a excusa fácil, acabe finalmente adoptándola.

Tanto como si fueran virtudes o defectos. No importa. Después de todo, lamentablemente, una de ellas hirió muchísimo a la otra en su momento de mayor vulnerabilidad. En la adolescencia. Además, lo que agrava esta situación es que ni Alex ni Marla han aprendido a perdonar. Ahora, evidentemente, hablo a título personal. Ya que, sea cual sea mi veredicto, terminare perdiendo una amiga.

Y, mierda, que no creo estar sobrevalorando la amistad que tenemos. No pues. Es decir, tener amigos ya de por si es bastante difícil. No hablo de amigos en potencia ni amigos provisionales ni ya los de repuesto. (Esos que llamas, o contactas, cuando te sientes aburrido y solo y sin plata y sin la certeza de una pronta respuesta) Además, fue nuestro padre quien me dejo un consejo bastante importante, y sobre todo ahora dadas las circunstancias, y es que si no hay una razón importante, y conveniente, nunca hay que romperle el corazón a una mujer. Ya que actuar de esa forma siempre trae problemas. Siempre. Y esto se hace aún más evidente con él, dado que soy hijo de su segundo matrimonio. Curioso, definitivamente que sí. Sobre todo teniendo en cuenta la forma en la que se divorció de la madre de Alex y Marla. Aunque supongo que decir que se divorciaron es exagerar. Es decir, la señora Luciana se suicidó. ¿Pero porque? Pues por tristeza. Ese era el dato curioso.

Curioso porque no creo que su esposo haya sido la razón principal de esa melancolía urbana suya. Termino que el psicólogo invento para ella. Creo. Es decir, que yo recuerde, papá siempre ha sido alguien optimista. ¿O seria esa la razón principal? Puede ser. Sobre todo si andas con una sonrisa impostada casi imposible de borrar, por la costumbre y los consejos adquiridos, cuando a tu espalda cargas con una segunda hipoteca y deudas de universidad y demás gastos desmesurados. Eso, ciertamente, si es algo enfermo. Aun así, eso no suele notarse en casa ahora. Al menos no de forma evidente, y obvia. Ahora lo importante es ser sutil. Tratar por lo menos.

Sin embargo, ¿Sera por eso que Marla comenzó hace un tiempo ya a comprar libros de segunda mano, o piratas? Y eso tanto para la universidad como para el ocio. Puede que incluso eso sea el motivo principal de porque Alex ya no va tan seguido a huevear a los centros comerciales y prefiere tontear en casa con sus clones. Amigas dice ella, pero, eso no se lo creen ni las dos gemelas que todos los fines de semana desfilan todas despampanantes por las habitaciones. (Y esto ya sea con, o sin, hombres involucrados) Cuando la casa es para nosotros. Pues mamá se va con papá a un hotel fuera de la ciudad para follar y llorar. Cosa triste a ratos. Pero no tanto como puede parecer, eso de vivir entre depresión y descontrol.

¿Pero que hacerle? Esas cosas pasan todo el tiempo. Gente que se aburre de soportar siempre las mismas dosis auto complacencia que se suministran como adictos para de ese modo hacer más tolerable sus jodidas realidades. Para luego recobrar las fuerzas necesarias para tragarse sin problemas las sobras de autoestima que reciben por parte de sus parejas o de la gente en general. Eso siempre me ha interesado. (Por no decir obsesionado) Desde que hace unos años observe, a escondidas, como la señora Luciana se la mamaba al enamorado de Marla. Creo le regalo un poema. Cosa que, hay que decirlo, casi siempre a las mujeres maduras las conquista. Sobre todo si hay sangre joven de por medio. Fue por eso también que comencé a masturbarme. Antes de aquello, no tenía ni puta idea de porque mis compañeros se la jalaban en el baño de la escuela murmurando el nombre de la maestra culona de turno. Cosa que, por cierto, nunca hice. Eso de jalármela en un baño. Claro.

Sin embargo, ese rollo de la tristeza heredada siempre ha estado cerca de nosotros. Vamos que ya en primera instancia la genética es bastante clara en ese aspecto. Pues así como se hereda talento, se heredan también defectos. Por ejemplo, Alex, saludable y todo como solo ella puede serlo, y aparentarlo, es por ratos una chica jodidamente triste. La he escuchado, y espiado, llorar sin razón alguna durante buenos minutos. Ya sea en su habitación, o en la sala. Lo extraño es que le gusta beber sus lágrimas. Con sus dedos captura alguna gota suelta y la integra a su boca. Suspira un momento y luego se reincorpora a sus actividades. Cosa que no creo sea prueba de algún desequilibrio emocional.

No cuando somos todos los que ya no tenemos donde volver. Aun cuando creamos sentirnos cerca. Pero no jode, después de todo, ya no hay forma de conciliar nada. Además, tampoco tengo muchas ganas. Es decir son ellas las que tienen que arreglarse. Y es que son mejores amigas desde que recuerdo. Algo como hace cinco años, cuando con mamá nos mudamos a su casa. Y ya desde ahí estaban rondándose cerca. Siempre cerca. Cosa que no tendría nada de raro si es que la fama de ambas no consistiese, en su mayoría, por haber sido las primeras muchachas en besarse durante la fiesta de promoción.

Entonces, no voy a volarme los sesos porque no puedo alinearme con ni una de las dos. No cuando creo no tengo razones importantes para tomar algo de ellas. Ya que, no puedo ser tan infeliz como solo ellas pueden llegar a serlo. Además, soy menor que ellas, por poco, pero creo entender bien de que va todo ese rollo. Sus rollos. Sus problemas y demás conflictos. Supongo. Sobre todo porque parece que vengo a formar parte de algo de lo que luego tendrán que lamentarse.

Salvajes

Alex

Alex

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