Ayer sucedió algo que no se explicar bien. Ni correctamente ni mucho menos de forma coherente. Sin embargo, aun con el desorden y confusión tengo gravado perfectamente lo que sentí. Hablo de cuando Brenda me susurro al odio lo mucho que me odiaba y lo insoportable que encontraba el estar enamorada. Contradictorio, quizá, pero Brenda siempre fue una chica reservada y llena de desencuentros internos.

Pero, vamos, eso es bien conocido. Esa sensación de vacío que por más que tratemos no logramos de desterrar. Exactamente como Brenda tratando de aniquilar cualquier señal de disconformidad por puro miedo a caer otra vez al viejo abismo. Cosa que a nadie, y por más cualificado que este su curriculum o curtido en el ámbito sentimental, le gusta confrontar. Pues es bien sabido que resulta aun peor que la soledad misma, eso de conocerse uno mismo hasta odiarse de forma definitiva.

Lo jodido, sin embargo, es que la chica de la cual todos mis amigos están enamorados también se llama Brenda. Creo, además de la nada sutil casualidad, porque es tan inescrupulosa como apasionada, eso que dicen de ella. Cosa que personalmente, me funciona del mismo modo en que me resigno a esta condición de inmutable enamorado. Pues, contradictoriamente a lo que se supone debería sentir, siento que la quiero tanto como puedo llegar a odiarme. Es decir, de forma bastante inquebrantable.

Sin embargo, es precisamente porque no podemos arrancarnos del cuerpo todas esas sensaciones nuevas y desconocidas, que acabamos aceptándolas como parte del proceso continuo de eso llamado aprendizaje. Bueno, al menos eso quiero creer. Sobre todo porque casi siempre relacionamos la inestabilidad característica de esa compañía indeseable pero necesaria que nos rendimos y cedemos sin dudar a favor de ese sentimiento motor por predilección. De eso llamado cariño. De Brenda y todos esos pequeños detalles suyos con los cuales seguramente no podría seguir.

Pero el cambio es continuo. Exactamente como debe de ser, ya que, inherente a la realidad externa, estos, visibles o no, siempre mutan dentro nuestro hasta consolidarse mas irremovibles que cualquier metáfora sufrida con la cual servirnos de victimas de turno. Eso Brenda lo entendía tan bien como yo lograba entender su infatigable manera de ser. Cosa de la que aunque no estaba particularmente orgulloso, estaba lo suficientemente satisfecho como para ahogar mis desencuentros diarios entre sus piernas y junto a todas sus maneras que solo ella tiene para despedazarme confortablemente.

Después de todo, el único que ha jugado en su contra he sido yo. Y es que no hay excusas cuando uno no quiere reconocer que ha mutilado su independencia por unas cuantas muestras de cursi reciprocidad. Pues por más que todos hablen en distintas lenguas al respecto, sobre eso llamado amor y sus incontables derivados, yo debería haber sido lo suficientemente inteligente como para adaptarme y proseguir por esa senda segura de atravesar que con tanto esfuerzo mis padres me heredaron. Pero lo jodi todo una vez más. Todo por no querer olvidar. Por no morir sin haberla abrazado tanto como prometí.

Es por eso existo por ayer y por siempre. Porque no puedo, además, es prácticamente imposible expatriarse uno mismo de su zona de confort sin traicionarse antes.

Lo curioso, sin embargo, es que no puedo recordar con exactitud quien rompió a quien. Pero no importa. Ya nada importa tanto como para asesinar mis neuronas en el proceso. Al menos eso es lo importante ahora. Pues muerto, o no, creo recordar casi con exactitud lo cruelmente vivo que me sentí junto a su imponente forma de sentir la vida.

Todo al tiempo en el que me introducía la navaja de guerra de su padre en el estómago, junto al infierno que sabía significaba concebir mi sola existencia para ella. Pero no hay odio. No cuando de lejos a quien odio con más fuerzas soy yo mismo junto a todos mis cadáveres de vidas pasadas.

Además, ya sea de forma independiente o cohesionada, los sentimientos no correspondidos son la peor forma de morir. Exactamente como Brenda asesinando mi amor por miedo a perderlo. Exactamente del mismo modo en el que prefiero eso de morir un poco cada que chocamos que vivir por siempre enajenado de mis propios conflictos.

Brenda Elemental

 “¿Qué soy ahora?. Un cero. ¿Qué puedo ser mañana?… Puedo descubrir al hombre en mí antes de que se haya perdido”- Fiodor Dostoievski

Brenda Love

Brenda Love

Advertisements