Suponiendo que Alison realmente estaba embarazada, ello significaría que hablaba con la verdad. Lo cual no tendría nada de raro si es que no se tratase de una mitómana involuntaria de veinticinco años, además de proclamadisima enamorada mía.

Ella, Alison, últimamente desobedecía su patrón de conducta. Aun mentía, sí, pero ya no con la misma facilidad y continuidad que siempre había mantenido prácticamente inmutable, al menos desde que la conozco. Que no es precisamente poco tiempo, aunque tampoco lo suficiente como para decir, “de toda la vida” y demás frases apropiadas que suele decirse de su pareja. Sin embargo, ello poco importa ahora, pues muerto ya nuestro idealismo juvenil, toca aferrarnos a las consecuencias de nuestras decisiones con algo más que cinismo y optimismo pretencioso, pero correcto al fin y al cabo.

Sucedía, al parecer, que su terapia de verdad estaba funcionando, o simplemente se cuidaba muy bien de abrir la boca innecesariamente. Cosa que representa una jugada bien inteligente, pero igual de dañina que actuar de forma selectiva a la hora de rebelar pensamientos propios. Sobre todo cuando se es más extrovertido que introvertido. Y siendo Alison lo primero, pues parecía increíble que por fin estuviese logrando resultados concretos cuando se ponía en plan retrospectivo. Eso de revivir momentáneamente escenarios vividos como quien busca errores vergonzosos y demás.

Aun así, y dado que para Alison eso de pensar antes de hablar, lamentablemente, no le era suficiente filtro para su actual manera de proceder, he de aceptar que por un momento confundí el odio con atracción. Lo cual, inaudito hasta entonces, casi nunca había significado un gran obstáculo a la hora de acompañarnos. Sobre todo por cómo nos conocimos.

Pues funciona del mismo modo que la canción en mi cabeza. Esa que nunca suena igual. Ya que nunca se repite. Pues cambia en sí misma, tanto en su desarrollo como en su duración, pero manteniendo su esencia particular, esa que siempre acaba reteniéndome. Como esa imagen imposible de olvidar. Alison desnudando mis inseguridades al ritmo de nuestra canción favorita. En mi mente recuperándome siempre del arrollador presente. Ella a la distancia, por su propia forma de ser, pero tocando la puerta invisible de mi segundo interior.

Lo cual siempre acababa resultándome algo extraordinario. Sobre todo porque nos conocíamos tan bien que debería haber sido fácil habernos repelido con cualquier defecto encontrado. Cuando solíamos pedir perdón por cada sonrisa prestada que acabamos finalmente destruyendo entre amor y locura. No éramos malas personas, simplemente éramos testigos culpables del horror propio que el abrazar nuestra naturaleza casi siempre conlleva.

Entonces vuelve eso llamado desencuentro. Y es que, mentira o no, la situación es bastante reveladora. Ello en términos de vínculos. Así que cuando enumero las razones de porque debería claudicar, recuerdo cómo es que cada que me enamoro aprendo, aunque empíricamente, a vivir de verdad. Pues de la nada se cómo buscar y encontrar el alimento necesario para dos, dentro de la basura más profunda de esta inacabable ciudad y sus contados espacios de verdad.

Espacios a que suelo visitar cuando las malas ideas desgastan el blanco humo que cubre el total de mis cuatro paredes. Momentos crudos en los que suelo esconderme entre el silencio y la ausencia. Ensimismado y contaminado, cierto, pero a destiempo del resto del mundo. Pues cuando se encuentra uno, inducido por la oscuridad de la ciudad, aprende a adoptar la tristeza del mundo como algo propio y lejano, al mismo tiempo.

Ciertamente, y como todas las musas insatisfechas y decepcionadas, que en secreto permanecen odiándome debajo de mi cama, se trata todo esto de seguirle el ritmo a la vida misma y sus increíbles manifestaciones de odio y amor. Pues juntos, y muertos de cansancio por el desasosiego continuo de nuestras vías, acabábamos nutriéndonos casi siempre con todas nuestras portentosas idealizaciones al tiempo en el que nos rechazábamos constantemente sin sentimiento de culpa de por medio.

Todo por alcanzar algo verdadero durante el entretiempo. Ya sea desencadenando pocas escenas de reflexión junto a muchas más de aventura y puro sexo desenfrenado. Cosa que no importa. Eso de encontrarse relativamente joven aun cuando por dentro sientes que tienes más años que la imagen benevolente que conserves de ayer.

Ese era el problema. Mejor dicho, ese es el problema. Aun ahora que ya prácticamente nos hemos acostumbrado a estar fuera de nosotros aun cuando estamos juntos. Lo cual roza con algunas conductas con las que no comulgo ni cagando. Como la inseguridad, por ejemplo. Es decir, ¿Cómo saber si dice la verdad? ¿Cómo? Pues confiando. Pero cuando ni tu supuesta mejor amiga puede entenderlo, posiblemente tampoco tú lo haces.

-Pero lo tuyo es un caso especial.

-Sí.

-Entonces, ¿Cómo sabes cuando dice la verdad y cuando no?

-No sé cuándo. Nunca puedo predecir qué es lo que se vendrá y como es que será. Sin embargo, sé muy bien, y casi siempre por instinto, como se siente cuando te mienten. Eso todo el mundo sabe sentirlo, solo es cosa de conocer a la gente.

-No suena muy de fiar. Pero esta todo esas técnicas, ¿No? La mirada débil y hasta culpable, el tono de voz bajo y lastimoso, los tics nerviosos de toda la vida. Eso cuenta, ¿Verdad?

-Sí. Es como dije, se trata de conocer e identificar en el otro esa clase de espejo incomodo que en la vida real, la saturada superficialmente, no alcanzamos a apreciar. Entonces te conoces a través de pura reciprocidad. El resto, evidentemente, es ya materia estrictamente de algún sentimiento de complicidad compartido de forma inconsciente.

-Jum. Suena muy lindo. Carajo, me gustaría tener algo así. Y no, no es una insinuación. Tranquilo. Je.

-Lo sé. Nunca lo es, después de todo, eso perfecto que todo el mundo se atreve a soñar alguna vez en su vida.

-¿Lo aceptas?

-¿No era evidente?

-No del todo. Es decir, se nota que estás enamorado. Pero, ¿Acaso no se nota que yo también lo estoy? De ser verdad, que no lo notas, bueno, puede que las cosas estén aun más complicadas de lo que quieres aceptar.

-Las cosas siempre pueden complicarse más.

-Pero responde, pues.

-¿Responder qué?

-¿Estás enamorado de mí?

-No lo sé.

-Pero yo sí.

Entonces me rio. Reímos. Te toca la mano y te transmite calidez. Te mira a los ojos y te promete que todo estará bien. Pero seguidamente se va y vuelves a estar solo con tus pensamientos. Fuera de lugar pero con música. Fuerzas un silencio, una pausa, para replantearte conceptos, ideas y con suerte concluir con alguna decisión lo suficientemente decidida como para luego llamar a ese estado de motivación, convicción. Pero sabes que eso solo es tiempo prestado. Como todo en la vida. Eres joven pero no tanto. Eres adulto pero no lo suficiente. Eres un hombre seguro pero con secretos peligrosos aún por descubrir. Lo sabes, y deseas que ella lo supiese. Porque es preferible. Ya que, al parecer, sentirse culpable es mejor que sentirte innecesario. Pues todo ello, aunque igual de difíciles de sobrellevar, es prueba irrefutable de que el dese de vivir aún se encuentra a salvo contigo. Cosa que aunque ya bastante tipificada, permanece igual de venenosa, aunque anestesiada, en nuestro subconsciente, y todo por sobrevivir. Supuestamente.

Pero ahora solo estamos Alison y yo, y la duda y un bebe en camino. Aunque todo en stand by, menos la duda y él bebe, claro. Lentos porque ni ella ni yo sabemos cómo reaccionar. Sobre todo cuando hay capítulos apartes que no sabemos cómo encajar. Alison y su amigo de la infancia, y que además de mi al parecer es alguien también capaz de comportarse normalmente con Alison y sus manías, vistos tomados de la mano a la salida de un mal por una amiga de mi supuesta mejor amiga.

Supuesta porque no se bien como conservar la cordura cuando no estoy con ella. Con Melisa y todas sus respuestas coherentes apaciguando la locura contenida en mi mente. Además, porque no sé si realmente soy infiel o no, cuando me dejo arrastrar por sus intereses. Sobre todo porque cuando soy eso que ella necesita, no me siento ni victima ni victimario. Pero aun así siento a mis escrúpulos emular conductas de electrones. Pero sin la contundencia necesaria para aplacarme del todo. Por eso no puedo dejarla. Porque la necesito tanto como necesito los pies sobre la tierra.

Porque estar con Alison es irse a la mierda de forma consentida. Viajar a un infierno moral para luego acampar en un catre indeciso. Pero con Melisa no. No, porque sabe controlarme, aunque puede que algunos lo entiendan como manipulación lo que hace conmigo, como Alison jamás podrá. Sobre todo porque no está interesada. Ni yo tampoco. Salvo que aun con ello pueda seguir queriéndola como no puedo evitar hacerlo. Aun ahora y con todo este desorden y confusión.

Cosa que en cierta manera me consuela. Eso de saber que somos la suma de todo lo que vivimos y no únicamente lo que desearíamos ser. Pues cuando se vive de esa clase de deseos nadie sale bien parado. No cuando se ha comprometido sin saberlo. Pero Alison no. Alison lo entendía perfectamente. Tanto que no necesitaba arrepentirse instantáneamente luego de una mentira para que yo lo supiese. Mentía para seguidamente se arrepentirse, entonces sabias que era verdad y que no lo era. Eso para terceros. Terceros que jamás podrán comprenderla. No como al parecer puedo yo. Porque algunas cosas coinciden y punto, sin mucho detalle de por medio. Solo eso.

Como las crónicas incompletas apabullando el escritorio de mi padre escritor antes de suicidarse por amor.  Sentimientos escritos que jamás me dejaran en paz. No cuando yo mismo suelo sentirme un puto relato suyo. Pero eso no lastima. No ahora que finalmente soy consciente de quienes son mis enemigos. Alison aprendiendo a amar, Melisa amando a su manera, y yo deseando amar. Él hubiera entendido esta situación. Estoy seguro. Al menos tanto como yo puedo entenderlo. Lo malo, sin embargo, es que sé que él jamás habría podido soportar tanta presión.

Adrenalina fugaz y asesina que viene a cuento siempre, pues mi propia existencia es una fracción de la suya. Aunque una con menos sangre de por medio, pero si muchos personajes incompletos y ausentes. Y es que de haber sabido que mi alma era solo un ángel expatriado, habría, posiblemente, tomado otra decisión para cuando me toco decidir entre dejarme llevar por nuestros impulsos o abortar eso que decidimos llamar amor. Todo por desobedecer mis propios instintos.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho, y lo que ahora de verdad tocaba hacer, esto sin saltarnos el cronograma, era decidir, al menos por mi parte, si yo verdaderamente sentía amor por ella. Cosa jodida, ciertamente. Sobre todo porque no sé si me odio por no poder aceptarlo o si la amo por no obligarme a hacerlo.

Deconstruyendo Ilusiones

“¿Qué es el amor? El amor es una niebla que quema con la primera luz del día de la realidad.” – Charles Bukowski.

Atlas Girl

Atlas Girl

Advertisements