1

 

Entre risas desmesuradas,

exageradas,

sobreactuadas

y desfiguradas,

finalmente me expulsaron,

asesinaron

y desterraron.


Junto a otras clases de rostros,
desentonados,

desubicados,

corrompidos
y otros indignos de mención.


Despotricando,

todas ellas,

mis inmutables 

proyecciones imaginarias,
revoloteando

alrededor nuestro,

contaminando todos los supuesto

hasta asesinar nuestro

expatriado paraíso

terrenal.

 

Acorralándome,

como a su predilecto

e infaltable,

paciente ignorado.

 

Eternamente

atrapado,

en esta mi última sala de espera

atemporal.

Junto a nuestro

incondicional

turista sexual.

 

Esa de materia estrictamente

conyugal,

hasta colisionar,

finalmente,

con nuestro final.

 

2

 

Lamiéndose

las heridas infectadas,

hasta el atardecer,

esperando ser tragado

por eso conocido como el principio

y el final.


Regurgitando recuerdos

reciclados

sobre el fin de nuestro

ciclo armando.

 

Eso de construir nuevos,

pero improbables,

desenlaces interesantes.

El, Ella y todos sus seudónimos,

solos y desterrados,

juntas e intranquilas,

improvisados y apuñalados.

 

Cuerdos

pero, contradictoriamente,

enamorados.

 

Distanciados

pero, extrañamente,

amalgamados.

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