Una vez consumada la traición, el héroe no sabía realmente como, ni a quien culpar. Su problema, básicamente, era el hecho de haber cruzado sus propios límites. Ello, en cuanto a cuestión de honestidad y corrupción, le estaba costando demasiado a sus escrúpulos. Batalla que siempre cuesta tiempo. Cosa que él no tenía. Nunca.

Lo peor de todo era que ya no había mucho que hacer al respecto. Solo la resignación final, e inevitable, y volver al baile de los que sobran. Pero, pensarla de tantas formas, como electrones colisionando unos con otros dentro de su cabeza, le hacía pasar, sin duda alguna, momentos bastante difíciles. Como cuando acabo resintiéndose, de manera interna, por esa odisea personal que sufrió antes de confesarle, finalmente, sus sentimientos a la chica fantasma de sus sueños. Sueños de naturaleza irreversible. Pues como si se tratase de una concatenación de hechos que solo pueden ser visibles gracias a todo el tiempo desperdiciado, nuestro héroe acabo asesinando sus ideales.

Lo jodido del asunto, para nuestro hasta entonces incorruptible héroe anónimo, eran sus manos. Estaban llenas de sangre ajena. Sangre dura de quitar y bastante maloliente. Cosa entendible, pero no por ello aceptable. Después de todo, asesinar al villano había sido más complicado que en las películas y algunos sueños húmedos suyos. Pensó. Lo curioso era que no había arrepentimiento. Nada.

Cosa rara, ya que despojarle de su vida había implicado toda una serie de desencuentros internos, previos al momento de ejecución, junto a no pocas nuevas traiciones. Después de todo, no es joda cuando se dice que traicionar a un amigo cuesta más que clavar un cuchillo a un indeseable hermano heredado. Aun así, con miedo pero con determinación, salió finalmente victorioso.

Aunque a destiempo. Lamentablemente. Dado que el rechazo por parte de esa eterna joven trigueña ya había sido direccionado. De sus hermosos labios y con la sien de nuestro héroe caído como objetivo final. Pues se había mostrado como lo que realmente era. Mas allá de su asfixiante atractivo físico, había dejado claro lo triste de todo esto. Hablo de su condición como enamorada frustrada. Es decir, extranjera a los sentimientos de nuestro protagonista. Cosa que casi lo mata. Hasta que descubrió la razón de todo lo tristemente vivido.

El villano de su romance y el amigo de sus otros círculos sociales. Ese que quiso apoyarlo durante sus incontables desdichas dentro de esa vida adulta llena de lugares comunes que lo único seguro que tenían era ese dolor que sentía en su cabeza. Como si le masticaran sus sesos. Cosa que jodia. Mucho. Así que había que tomar decisiones, y rápidamente. Cosa que hizo sin pestañear. Pero no literalmente.

Una vez culminado el flashback, toca decir que toda esa proyección de atrocidades, aun no ha terminado en su cabeza. No pues. Pero, lo nuevo de todo, es que, y con las manos ya limpias, pero la consciencia no, apareció, aunque no de repente, una nueva opción. Una nueva alternativa de solución. Puede, y con suerte, hasta un posible nuevo final. Uno de verdad.

Pues si ha de interpretar al villano, como quien adopta una nueva religión por pura necesidad que verdadera devoción, podía llegar a contar con algo más de tiempo para asimilar las cosas. Para pensar detenidamente cada pro y contra, a detalle y con todo lo que eso suele implicar en los nervios de un hombre. Todo hasta llegada la hora de tomar la decisión final. Buscarla o desaparecer de una vez por todas.

Y es que homicidio o no, la verdad es que ya no había vuelta atrás. Ambos se han involucrado demasiado. Héroe y villano. Ambos guiándose mutuamente entre mundos distorsionados. Inseguros y bastante descalificados para actuar como se espera que lo hagan. Ciertamente, como dos en uno mismo. Como una canción inentendible. Y él lo sabía muy bien. Lo entendía pero aun así no lograba comprender. Sonreír o no. Existir o vivir. Maldecir o actuar. Jodidas nuevas interrogantes. Eso era lo imperdonable de todo el asunto. Hablo del hecho de que no comprenda la verdadera razón de tanto sufrimiento. Pues no se trata de sacrificios ni de vocación. Se trata de no interpretar su vida como otra forma de morir.

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