Si fuese al infierno

proclamaría

fervientemente,

mi última gran

jugada.                

 

Nuestra inocencia

contra todas esas asqueadas

miradas.

 

Tanto como cuando creíamos

realmente

en nosotros

mismos.

 

Tanto como, estoy seguro,

puedo llegar

a odiar

y odiarme.

 

Pues el frio

paralizante

finalmente se hizo notar,

entre sus canciones

y todas mis cartas

incompletas.

 

Ironizando sus buenas

intenciones

con lamentables

mensajes

de aprecio y sutil,

pero distanciado,

amor

de verano.

 

Atrofiando

la promesa de una grata

y prospera

primavera.

 

Mientras, permanezco

atrapado,

entre la locura

y todos sus incontables

malos hábitos.

 

Masticando sentimientos

imposibles,

nuevamente, y ansiando,

una vez más,

caer derrocado

por siempre junto al ocaso.

 

Pues para cuando el atardecer,

junto a su macabra

proyección

de odio y rencor,

fulmine

finalmente todos sus caóticos

adjetivos,

habré cambiado el color

de la presente

viñeta.

 

Como cuando aún me sentía

completo

en este fragmentado

cuerpo.

La Primavera Prematura

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