Me miro el rosto a través del espejo y no puedo evitar preguntarme cual es la conexión entre ese individuo y yo. Trato de familiarizarme pero no logro resultado alguno. Como si yo fuese su alma. Eso sí lo siento. Y duele. Le duele. Se nota. Pues sufre en silencio, pero resiste. Porque puede. Eso creo. Pues aún la contemplo.

Sucedió entonces que la explosión por fin me lastimo. Como una serie de contradicciones internas en mi cabeza. Como pequeños conflictos imaginarios, a modo de batallas apocalípticas junto a una que otra aventura amorosa. Esto incluyendo, claro, las no pocas desventuras ya almacenadas como horas desperdiciadas.

Es decir, ello-que vivamos por siempre-depende únicamente del lente con el que se le mire. Ya sabes, cosa de perspectivas y otra clase de actitudes más útiles. Ósea, nada de posturas prefabricadas ni divagaciones existenciales vacuas o polarizantes. Aunque, cierto es también que nada de lo nuestro es algo novedoso, es verdad, pero aun así de una singular importancia para quien experimenta esa jodida sensación de rencor para con su propia, y única, ficción. Como un alma desgastada aprendiendo a convivir con sus indeseables herederos.

Sin embargo, que yo recuerde, nunca fuiste muy bueno con los detalles. Nunca. Además, la idea siempre ha sido la misma. No cambia. Hablo de dejar huella, o no. De tentar el éxito y lograr la conquista sin fallar. Y no precisamente, o “necesariamente”, es intentar ser feliz. Eso, curiosamente, ya fue.

Pues esto, además de egoísta, resulto ser solo un elemento–uno de dos–de nuestra ecuación. El otro seguramente se lo trago algún huésped que olvidaste alimentar. Creo que ya no se trata, al menos no del todo, de vergüenza y auto saturación emocional-entre otros contaminantes de índole desalentadores-por nuestra parte.

Es decir, creo que ahora prefiero contemplar en silencio, y ya no con tanto drama y llantos y lagrimas, tu auto mutilación. Aunque, claro, gustosamente compartiré tu destino. Después de todo, aun tengo tiempo y aun te considero mi hermana. Esa imperdonable constante heredada llamada destrucción

Shame

Arriba una canción de Muse. Para ser precisos, mi canción preferida de la banda. Y es que se trata del hit del 2012. Madness. De eso no cabe duda alguna. Pues es la presentación del The 2nd Law. Casi el mejor disco de dicho año. Abajo Tyler y Marla. Otra de mis parejas preferidas de la historia del cine.

Fight Club (1999)

Fight Club (1999)

 

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