Dos mejores amigos están juntos, y sentados, en un “restaurante” de comida chatarra – ni McDonald’s ni Bembos ni cualquier otro de ese nivel de basura alimenticia – a casi media noche, aproximadamente. Alejandra y Alexander. De veinte años cada uno. (Aunque Alejandra es mayor por seis meses – esto aunque no supone importancia alguna, a Alex por alguna, y siempre desconocida, razón le gusta sacar a colación cuando a su amiga se le da por darse las de “madura”) No están animados ni tampoco tristes. Simplemente se hacen compañía. Esto es normal cuando ni uno de los dos tiene una pareja con la cual salir el fin de semana, como “corresponde” – dado que son jóvenes responsables que sacan buenas notas en la universidad y también, milagrosamente, tienen tiempo también para divertirse – y, bueno, inevitablemente prefieren salir. Ir al cine, o a una exposición de algún artista desconocido pero curiosamente celebrado, o tontear por el barrio. Esto último solo cuando están misios.

Cuando el joven Alex soltó lo que “tenia” que decir, prácticamente termino la conversación, aunque solo se tratase de una breve pausa de cinco minutos, ya que Alejandra se veía incapaz de pronunciar palabra alguna. Ni tan si quiera gesticular algún inesperado comentario. Nada. Esto, como ya dije, solo por cinco minutos. Tiempo suficiente para que Alejandra viviese la peor experiencia, con Alex. Además de infernal. Y la más breve, evidentemente. Sucede, pues, que el joven Alex estaba enamorado. Y nop. No se trataba de Alejandra. Razón suficiente para que su amiga recuperase el control de su cuerpo y mente. Salida de ese interesante trance, Alejandra, vomito todo lo que se le había cruzado por la cabeza. Y no era poca cosa.

–          Aun no entiendo cómo puedes decir eso. Carajo, Alex, que decidir que se está enamorado no es algo que tome un par de minutos. Y no me vengas con lo de amor a primera vista. Que esas son huevadas.

Mientras jugaba con sus papas fritas (No comía ni una) Mientras Alex la observaba un tanto insatisfecho. Hasta contrariado quizá. Pues él asumió, y antes de este encuentro, que había dado evidentes muestras de lo que sentía. Al menos las suficientes como para que su amiga se diera por enterada.

–          No es joda. Hablo en serio. Tanto como puedo llegar a serlo. Mira, Ale, ella es especial. De verdad me sacudió. Cosa que se sintió bastante interesante.

–          Alex, por Dios. Que te la hallas follado la primera vez que coincidieron “emocionalmente” no quiere decir que sea por amor. Hasta una chibola hormonal sabe eso. Mierda, pareces nuevo. Francamente, me jodes la noche.

–          Estas siendo muy muy injusta. Y mira que dije dos veces “muy”. No la conoces como yo. Estas cayendo tú solita en tus trampas. No me gustas hipócrita. Ya lo sabes. Así que no hagas eso.

–          ¿Hipócrita? Hipócrita será tu abuela. Vamos que la fama depende siempre de la reputación. Eso es innegable. Y Casandra tiene fama de facilona. Así que no seas ingenuo. Hermano mío.

Dicho aquello, otra vez vino una pausa. Aunque más breve que la anterior. Pasaba que Alejandra no confiaba en Casandra. Por muchas razones – la llamaba puta a sus espaldas – y Alex, claro, estaba ligadazo. Efecto secundario, presumo, de ese par de tetas que se maneja Casandra. Pues en su cabeza, si ofender – y una mierda – claro, no hay nada salvable. Esto, debería haber servido para que Alex asimilara que lo que le pasaba es que se encontraba bajo alguna clase de hechizo. Pero, es cierto también, que la voluptuosidad de Casandra no se queda solo en sus tetas. Tiene un culo bastante admirable. Esto, dadas las circunstancias – Alex hacia medio año que no “la veía” – fue suficiente para que Alex cayera embobado. Ni modo.

–          Ok. Está bien que seas mas “sentimental” y todo, pero nada de eso es excusa. Tío. Aunque no lo creas, tú también tienes una reputación que cuidar. Callado y todo, aun eres respetable. Así que. Nada de excusas. Porfa.

–          ¿Excusas? Nop. Esto no tiene sentido. Ya me canse. Luego hablamos. Pago la cuenta y me largo. Nos vemos en clases.

–          Espera. ¿Qué haces? ¿Qué te pasa?

Visto esta ultima reacción Alex no pudo levantarse de su asiento, pues no era un tipo grosero ni maleducado. Aun así no oculto en nada su incomodidad. Pues comenzó a hacer lo que siempre hace cuando está molesto. Morderse los labios mientras juega con su boca y nariz. Básicamente gestos.

–          Ahora no tengo ganas de ti ni de nadie con “consejos inteligentes”. No solo eres injusta sino que eres extremadamente cruel. Eso es innecesario. Alejandra. No vez que quería que fueses la primera en enterarse. ¡Ni si quiera Casandra lo sabe! Mira…

Escuchado esto, Alejandra, se torno temperamental. Pasa que Alex sabe muy bien que a ella le jode que la traten como a una invitada. Sobre todo si es en público. Esto es una constante en todas las mujeres, es verdad, pero en Alejandra es algo un tanto más especial. Ella tiene una especie de fobia a esa clase de tratos. Delicada como es, aunque por su forma de expresarse – sobre todo con desconocidos – pueda aparentar lo contrario. Hablo de ese formato de mujer económicamente independiente hambrienta por comerse al mundo, pues nadie es independiente del todo. Esto en el buen sentido de la palabra, claro está. Alejandra no tiene esa prisa característica que casi todas sus congéneres si comparten. De ahí que sienta una cómoda atracción por Alex. Y es que el joven Alex no es el tipo de hombre-joven-que necesita ser controlado. Ya sea en una relación sentimental o amical. Eso simplifica mucho las cosas a la hora de tratar con él. Así que, como quien dice, complementaron mágicamente. Y es por eso también que es inevitable que broten chispas entre ellos. Contradictorio como suena, pasa que sin esa “chispa” elemental, cualquier tipo de sociedad está destinada a caer.

Alejandra se ruboriza. Luego se toma un tiempo y piensa. No se levanta indignada ni hace alguna ridiculez, como claramente lo estaba haciendo su compañero de mesa. Aunque sin levantarse, pero igual se le notaba el nerviosismo e incomodidad, pues pasaba constantemente su mano por su cabello mientras hacía caras curiosas. Su único amigo real. Pasa que una vez, y saliendo con un típico machista solapado moderno, se aturdió tanto que acabo vomitando sobre su dicho prototipo de vida y sobre, obviamente, el bistec que aun estaba completo. Así que, si pues, su estomago volvió a incordiarla.

Mientras que para a Alex, sucedíale que de repente en su cabeza y en su interior se había vuelto de una imperiosa necesidad el recibir un beso y un abrazo. Esto sería mucho mejor si se trataba de Casandra. Al principio Alex no sabía cómo explicarse eso. Explicar él porque las comedias románticas se habían vuelto graciosas, y de la nada, además de interesantes. Esto último, por más absurdo que parezca, a Alex lo provoco un escalofrió la vez que comprendió que realmente quería tenerla a su lado. La clase de sensación que inexplicablemente provoca una saturación interna de un miedo contradictorio. Pues el sentirse así, ósea parte de algo, y ya no tanto como una simple aleación de carbono y nutrientes, lo reposiciono en la cúspide existencial. Que no quiere decir lo mismo que lucidez ni tampoco cordura, al menos no en toda su amplitud, pues había claras muestras de ilusión. Aun así, el joven Alex, encontró en ese hueco que llenar en su corazón la muestra de humanidad más pura que en su vida haya presenciado. (El no consideraba el nacimiento un milagro)  Así que la satisfacción que sintió cuando sus sentimientos fueron casi correspondidos. (Casandra le había aceptado en el Facebook y una vez le dijo que le gustaba) Aunque esto suene a poca cosa. No fue tan sencillo. Pues luego de un gran conflicto emocional, por la búsqueda de la fuente de su reciente felicidad, fue tal el impacto en Alex que solo pensó en una sola persona en el mundo que podría alcanzar a comprenderlo. Ósea Alejandra.

Su amiga, por otro lado, había descartado la idea del amor como sinónimo de felicidad. Pues resultaba que también estaba en juego el odio. Característica necesaria para que una relación “romántica” sea, por lo menos, intensa. Algo por lo cual estar satisfecho. Al menos tanto como para subir una foto con la pareja protagonista en tu foto de perfil. Ya la cosa es seria si le pones en “X se encuentra en una relación con Y”. Pero, aun así, Alejandra seguía siendo una joven de 20 años que recién había culminado su adolescencia. Ósea, aun era vulnerable a los encantos de los chicos. Y, definitivamente, lo más cercano al chico que ella podría desear – lo hace, no nos engañemos – es su queridísimo, y novato, amigo. Alex y sus cojudas complicaciones.

Entonces respondió, y decidida a, por lo menos, hacerle dudar. Sobre si los sentimientos que, según él, sentía por Casandra eran sinceros y, sobre todo, fuertes. Cosa que Alejandra no creyó ni por un minuto. Era mujer y lo entendía perfectamente. Era momento de poner a prueba su amistad. Así que, sin titubear, sentencio lo siguente:

–          ¿De verdad crees que eso maravilloso que sientes es gracias a Casandra? Si es así siéntate y hablemos de ello. Sin embargo, y esto aunque lo dudes, si no estás del todo seguro. Continúa con esa ridícula cruzada tuya. Ósea lárgate de aquí y de mi. Pues ten la seguridad de que nunca más volveré a ser tu amiga. Habremos terminado.

Algo importante que detallar es que Alejandra estando seria llegaba a ser la persona más seria del mundo. Así que era imposible para Alex resolver aquello en ese instante. Sin embargo, aun tenía que tomar una decisión. (Ya la gente del restaurant comenzaba a fijarse en ellos con no poco desprecio y aires de superioridad)  Así que hizo lo cualquier hombre orgulloso y bajo presión tiende a hacer cuando ve amenazada su seguridad. Sobre todo cuando visualiza bizarro e inesperado romance sacudir sus huesos. Huir.

Enamorados Improvisados

 

Arriba una canción antigua. De esas que llegas a conocer de puro milagro. Aunque en este caso sea por una película. Cosa de Tarantino y sus bandas sonoras. Se trata de Joe Tex. Además, esta canción es en vivo. Y se nota el feeling que le pone. Genial. Abajo Sam y Andrew. Una de mis parejas preferidas del cine. Salidos de la película Garden State. Extraños los dos, eso sí. Pero gustan.

Andrew and Sam are in Love. Fuck Yeah.

Andrew and Sam are in Love. Fuck Yeah.

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