De repente me di cuenta que lo único de valor que tenía en mi vida, eran puras palabras. Se trató, muy posiblemente, de un momento de auténtica lucidez. Como cuando descubres que nunca fuiste apto para los innumerables test vocacionales a los que te sometieron durante esa juventud desperdiciada que aun a estas alturas de tu vida, te acompañan y persiguen. Al mismo tiempo que tratas de gesticular cumplidos sin deformar tu sonrisa auto impuesta. Pues realmente crees necesitarlos. Afecto. De lo contrario, eso, significaría que estás muerto.

Mientras asimilaba el repentino golpe sufrido, visualice a un joven indeciso torturar sus ojos con fuertes lágrimas en su propia capsula invisible. Sin embargo era evidente que el dolor le jodia por dentro, pues prácticamente se había desarmado en público. Y es que andábamos esperando el siguiente transportador subterráneo. No lloraba tanto como para llamar la atención, pero igual había yo logrado notarlo sin necesidad de un sexto sentido. Cada que trataba de desviar mi atención hacia otra dirección, no podía evitar girar la cabeza y volver a retenerlo con la mirada.

De algún modo ansiaba encontrar alguna reacción. Odio. Amor. No importaba. Lo que yo necesitaba era asesinar su mirada. Esa deliciosa última mirada.

Simón (Trance)

Simón (Trance)

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