Querida Melisa. Te juro que mis sentimientos son sinceros. Por lo más sagrado y por lo que le siga en grado de veracidad. Nada de lo que te dije, o escribí, es mentira. Absolutamente nada. Sin embargo sé muy bien que no confías en mí del todo. Ya sea por mis indecisiones, que a su vez desencadenan cambios radicales en cuestión de decisiones, obviamente, y demás tendencias mitómanas. La verdad es que estos defectos son realmente involuntarios. Y sin temor a equivocarme afirmo que esto te puede llegar a resultar absurdo. Sobre todo teniendo en cuenta la temeridad con la que te declare mis sentimientos aquel día al finalizar nuestras vacaciones. Cuando por fin me libre, aunque solo contigo, de mi antigua condición. La del mutista involuntario.

Sucede pues que tu, mi encantadora Melisa, no me conoces de toda la vida. Algo que es mutuo, evidentemente, pero que aun así resultaste ser la persona en la que actualmente más confió. Ya sea por nuestras largas conversaciones, agradablemente prolongadas, durante la ausencia de tu madrastra; sobre los muebles, en tu habitación, e incluso aquella vez en la que muy tercamente jodiste mi hipótesis sobre si Miguel era homosexual diciéndome que ya hace unos años cogieron juntos – e increíblemente, vuestro motivo fue el de la curiosidad – pasándome dicho mensaje tras la puerta del baño mientras yo orinaba. Francamente hubiera preferido nunca enterarme. Pues el otro día casi le digo maricon estafador. Y de no haber sabido dicha información era más que probable que si se lo hubiese dicho. Y en consecuencia me ganaba una paliza. Aunque, claro, ahora eso carece de sentido, pues los insultos con conocimiento de causa son realmente aburridos, al menos los tontos, los interesantes – ósea lo más cercano a inteligentes –por otro lado es otra cosa. Sin embargo dudo que alguien como Miguel sea lo suficientemente listo como para deducir por sí mismo cuando se trata de sarcasmo o ironía. Ya ni hablar sobre humor negro. Pero, como sea, la idea era que no jodieses mi voluntad de seguir enamorándote, cosa que, afortunadamente, no lograste.

Pero este mensaje no se trata de Miguel ni de terceros cerca nuestro, contaminándonos entre verdades a medias y demás aspectos pseudo pretenciosos. (Política, “Humanidades”, Movidas “culturales” y etc.) Gentes saturada superficialmente. Como Vampiros Tuberculosos necesitados de nuestra sangre, y energías. Sangre que nunca tendrán de ti, pues si estoy cerca haría de Van Hellsing por protegerte. Al menos lo intentaría. Y sin temor a fracasar. Pues contigo he perdido, aunque es verdad que no del todo, esa antigua constante. Sé que no les tienes miedo. Pues sé muy bien que tu miedo no radica en “el que dirán” y etcéteras. Y es que el horror esta dentro. Sumergido en lo profundo de nuestras consciencias. Pero no por eso oculto e inactivo. Ya que se manifiestan, y luchan por quitarnos el control. Lo hacen con mucha fuerza. Esos imperdonables. Aunque irrefutablemente arraigados. Como lobos salvajes masticando nuestras almas. Lo sé. Lo entiendo. Lo comprendo. Pues he participado a su lado. Entre diversas empresas, indistintas unas con otras, malolientes, por olor a sangre fresca que nunca se quita. A modo de crucifixión, muchas veces asesinamos “inocentes” que, gracias a palabras bonitas dejaron de lado su verdadera nacionalidad – la del amor propio -, perdiendo, por eso y otros pecados no menores, la capacidad de amar. Todo por tratar de gustar a todo el mundo. Generaciones perdidas en la red de pescar del último reich. Por culpa de seguir al capitalista de la universidad. Por creer mentiras lascivas y tratar de figurar donde en realidad nada hay. Como purgas masivas, y espirituales, a modo de redes sociales.

Sin embargo lo peor no fue asesinar. Y es que, por más inexplicable que suene, asesinar no es más que un intercambio de posición. Esto lo sé, y tan bien, como lo sabe el Psicólogo de la universidad o el suicida en potencia de nuestra clase de redacción. No Melisa. Lo peor de convivir con ellos fue aprender sus costumbres y malos hábitos. Cosa que resulta innegable. Ya sea hablando como sobreviviente o como victimario. Como abortar emociones puras y, contradictoriamente a su origen, curativas. Como rechazar botes salvavidas por no saber nadar. Todas experiencias infernales. Y todo por el preciado, pero no por eso merecido, auto reconocimiento. Todo por una puta lección mal aprendida. La de la vida adulta. Desterrada estas pequeñas muestras de humanidad, nos distanciamos. Pero, los muy mierdas, permanecieron siempre cerca. Aun ahora lo hacen. Como Fantasmas Desfigurados y Jóvenes Decapitadas de hermosa figura, vagando y estropeando mis ambientes más íntimos.  Mutando en la clase de horror perpetuo solo un hombre – mujer – distanciado puede comprender, y soportar. A esa capacidad le llamo asfixia.

Como una constante imperecedera al tiempo transcurrido, mi volátil corazón parece que encontró su refugio desconocido. Eso quiero. Pues de eso va este mensaje. Va de sincerarme de una vez por todas contigo. Pasa que ahora que me tengo cerca. Como nunca antes y esto gracias, sin duda alguna, a ti, Melisa, pues sin tu inteligencia, y cariño, no hubiera podido jamás encontrar atisbo alguno de mi vereda mas cercana. Pues antes de que formases parte de mi mente, mis ficciones, y mi vida propiamente dicha, eran pura caída libre. Ahora bien, no me importa sonar exageradamente melodramático o extremadamente cursi. No si puedo expresar, por lo menos, un poco de lo que siento por ti. No cuando acabo de descubrir este nuevo idioma. Esta nueva ruta. Esta nueva corriente en el tormentoso océano que, entre ilusiones y otros juegos mentales, que tengo en mi cabeza. Una, ciertamente, más prometedora que cualquier otra que antes haya conocido.

La verdad es que comienzo a enamorarme de ti, y asumo que es-era-mutuo, pues de lo contrario no te hubieras largado tan violentamente de mi lado. Y al parecer con la convicción necesaria como para decir que es para siempre. Como una fragmentación sentimental compartida. Además, por supuesto, de indestructible. Doloroso, si, esta bipartición en mi corazón. Pero útil. Pues te tengo a diario protegida y resguardada. Como una musa imperfecta iluminando, y renovando, los maltratados escenarios que ahí dentro aun permanecen.

Bueno, yo no quiero que sea así. No lo soportaría. Ya que no estoy dispuesto a hacerlo. De lo contrario comenzare a escribir intentos de poesía, emotivos, sí, pero cursis también. Además de relatos melancólicos con finales abiertos. No quiero eso. Quiero volver a excitarme contigo mientras vemos “Melancolía” o cagarnos de risa entre orgias varias al lado de “Django Unchained”. (Las menciono en ingles porque sé que así te gusta). Fueron buenos tiempos. Violentos también. Pero lo disfrutamos. Quiero todo eso de vuelta. Y es que sucede que no puedes engañarme. Por más que estés convencida de que soy yo el que se engaña. Después de todo fuiste tú primer beso sincero. Donde encontré calidez y comprensión cuando, sinceramente, comenzaba a adaptarme a las circunstancias dadas. Esas que solo me llevaban a una sola conclusión. No el más salvaje ni el más triste. Sino el más sincero y honesto. Pero ya no puedo volver. Por más que trate. Esa puerta a mi espalda se ha cerrado. La del relato con final violento. Lo increíble es que este resultado es algo que, personalmente, ansiaba y necesitaba. Pero que el cambio sea tan bestial, no tenía idea. Sobre todo por su origen. La de tu sonrisa atravesando dimensiones espectaculares y desconocidas en mi interior. Eso es, si. Ya no puedo borrarte.

De verdad, Melisa, amiga mía. Quiero todo eso otra vez y hasta morirme entre la más imparable y belicosa, felicidad. Y es que ya te acomodaste en mí. Como una tibia, e inesperada, huésped extranjera. Entre los pecados, y malos hábitos, de mi pasado. Siempre impredecible. Es verdad. Pues sé que soy agotador, a ratos incluso hasta intratable, y puede también que indeseable a tus bellos ojos. Como vislumbrar en lo lejano un triste panorama de pasión. Sin embargo pasa que aun ahora lo siento. Y crece en mi interior número dos. Como un breve pero intenso momento de absoluta felicidad. Como cuando te escuche sonreír por primera vez. Pues así como soy consciente de lo débil que puedo llegar a ser, se también que estamos, aunque extrañamente, complementados. Como una especie de pareja desprovista de buenas intenciones que acumular, para luego “mostrar”. Nómadas frustrados entre jaulas invisibles pero auto impuestas. Ansiosos de de vivir lo máximo que su alma y corazón juntos puedan resistir. Llámale como quieras. Felicidad, Realización, Amor, Nirvana, Lucidez, etc. Pues todas convergen en una sola conclusión. Al menos la única que por ahora creo puedo llegar a merecer. La de la alcanzar la gloria absoluta a tu lado. En tus labios y fundiéndome entre tus brazos.

Y es que pasa que encuentro en tu sinceridad, y en tu forma de ser en general, algo mucho más fuerte que yo, y mis inútiles intentos de expresión, junto a mi universo inmediato, ese que por antonomasia esta siempre a punto de colapsar. Es ahora cuando desearía ser esa romántica canción de jazz en tu cabeza. Y tan solo por estar cerca de ti. Lo deseo, sinceramente, porque te quiero.

Melisa y la Asfixia

 

Arriba una canción muy muy buena. Hablo de David Bowie. Visitante asiduo a esta pagina. El titulo es Absolute Beginners. Igual que lo que motiva el relato. Abajo Charlotte Gainsbourg y Gael Garcia Bernal. Una de mis parejas preferidas – La Ciencia del Sueño –  en la historia del cine. Stephan y Sthepanie juntos en los sueños.

Only in my Dreams

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