La resaca acuchillo mi cabeza una prematura mañana en casa de Abril. No recuerdo el día exactamente pero sé muy bien, lo presiento, que se trato de uno de esos tantos que, francamente, hubiese preferido olvidar. Los rayos del sol interrumpían mi privacidad mañanera atravesando las ventanas laterales a mi cama, que aun luego de cinco meses de estrenada la habitación permanecían sin cortinas, rebotando en mi rostro. Eran las seis de la mañana, aproximadamente, pero ya había un sol de mierda. No era verano, por supuesto, pues en verano llueve en la sierra y aquí es sierra. Era raro. Ya que también oscurecía tarde. Tirando hacia las seis y media de la tarde recién el sol cerraba los ojos. Como haciéndose el indiferente con respecto a las atrocidades que traen todas las noches, sin excepción alguna. Nadie me esperaba en el primer piso y eso significaba que aun tenía tiempo para sacar a Mañosa (el nombre no es necesariamente justo con ella pues aun era virgen), y a Mika (ella no lo era) a la calle. Y tenía que hacerlo pues hacia una semana que no las sacaba. Podrán ser animales pero aun así tienen que estirar las patas. Sin embargo, tenía flojera así que encendí el televisor y me deje contaminar con las sobredosis de basura, moralmente aceptable según no sé quien ni desde cuando, matutina. Es decir, vi los noticieros.

En los canales nacionales pasaban la misma huevada de siempre. Un tío que había violado a su hija de cinco años porque su esposa se había puesto demasiado gorda, sobrepasando su propio estándar – supuestamente tolerable – sobre todo teniendo en cuenta que el también es un hombre obeso, luego del embarazo y, claro, también estaba el hecho de que la mujer (su mujer) era de la clase de mujer trabajadora desprendida de toda clase de estereotipos concernientes al comercio ambulatorio. En pocas palabras, la señora era ambulante. Esto casi siempre supone un sinónimo desagradable con respecto a la belleza física de una mujer que descuida ese aspecto por sobre todos los demás; necesidades básicas, preocupaciones, dependencia innecesaria, problemas familiares, etc. Cosa diaria. Nada lo suficientemente indignante como para lo que ya estamos acostumbrados. Otro – canal – pasaba un especial, dicho de un modo exagerado pues el canal en cuestión es uno de esos extremadamente parcializados e irresponsables alrededor de su propio contenido, sobre un tema de revocatoria para con la señora alcaldesa, siendo respetuoso, de Lima. Ciudad capital de nuestra orgullosa y sobreestimada – hablando de la baja autoestima nacional y con respecto al futbol, por supuesto – nación multicultural. Y ¿Por qué? Por escupirle, con flema incluida, a la corrupción en el rostro y no haber hecho la publicidad correspondiente. A ratos pienso que por ingenua, a ratos pienso que por cojuda, a ratos pienso “y a ti que chucha te importa…ni siquiera votas, por dios” y cambio de canal. Luego pienso, una vez más inútilmente, que evadiendo esos temas coyunturales no lograre desarrollar eso que los profes, pseudo comprometidos, de la universidad llaman conciencia social. Pero, como dije, tengo flojera. Además, también es cierto que nos incentivan para que seamos gente de éxito, económicamente hablando, y esa característica, precisamente, resulta que no es requisito para el logro del mismo. Así que, como quien dice, paso piola si paso del tema buscando una propuesta más morbosa en otro canal.

Estoy a punto de desencantarme por sacarlas a pasear, a las malcriadas de hace rato, cuando encuentro algo interesante en el canal de la ciudad. De mi ciudad, y la llamo así porque estoy ocupando un sitio en ella y no por ser natural u oriundo, actual. Y esto es sorprendente, pues cuenta con solo tres canales en señal abierta y casi toda su programación es aburrida, y escalofriante. Ya había habido antes casos “horrendos” como este en la ciudad. Solo que en menor cantidad. Recuerdo, perfectamente, como ha cinco manzanas de mi barrio un padre policía había llegado enfurecido a su casa, luego de haber discutido con su mujer en el centro, y sin medirse, y fuera de sí – luego diría eso junto a su gente y con el espíritu de cuerpo de su maquiavélica institución como consigna principal en los tribunales públicos – y sin piedad alguna, al llegar a su casa, sometió a su pequeño primogénito de cuatro años. Degollándolo lentamente, pues hubo pruebas de que el niño se resistió, hasta matarlo. Lo fuerte de ello fue, como dije, que sucedió tan cerca y aun así, por incrédulo que parezca, parece tratarse de un escenario tan lejos que a ratos no me lo creo. Luego la ciudad se indigno y pidió la pena de muerte, y como no existía dicho “castigo” pidieron cadena perpetua, y los de las radios locales, amarillistas todas, se pusieron histéricas y en consecuencia pusieron histérica a la ciudad. Y viéndolo un tanto imparcial aquella avalancha de mierda volverá y con más fuerza. Después de todo, la noticia de ahora era digna de mucho más titulares.

El titular decía “Joven homicida se suicida luego de dar muerte a toda su familia”. Carajo, hasta había rimas. Es más, se notaba que los periodistas habían llegado antes que la policía, pues tenían imágenes muy claras de los cadáveres. Uno de ellos, el gordo y presumo también el padre, había muerto sentado. Lentamente, como quien espera en silencio que los litros de sangre terminen de escapar de su cuerpo, se había desangrado. Producto de un arma blanca, ósea un cuchillo de cocina, que sumado a la furia del asesino dio por resultado su estomago abierto hasta la muerte. Mierda, era grotesco y, también, perfecto al mismo tiempo. Solo había visto imágenes así en películas de Miike o Tarantino. Había tres víctimas en total, y cuatro cadáveres, junto al suicida. La madre, al parecer, murió intoxicada. Mucho rato antes que el padre. Deduje entonces que podría tratarse de un crimen con premeditación de por medio, ósea que si capturaban al parricida este se iría derechito a prisión. Sabía decisión la del suicidio entonces. Las especulaciones y voces de las vecinas alteradas, perturbadas, jodían el trabajo del reportero, que trataba de articular la poca información que tenía a su alcance, y esto realmente molestaba. Ya que yo quería saber cómo coño se había suicidado y quien era el tercer cadáver. Pero mamá me interrumpió y rápidamente me largo a comprar el pan. Concretamente, se trato de tres soles de pan de trigo.

Al regresar el reportaje había acabado. Eso me disgusto. Pero no por mucho tiempo pues casi al medio día compre un periódico local. Uno de esos amarillistas y con muy mala leche en los titulares. Mi sorpresa fue inmediata. Luego mi corazón latió muy veloz. Como cuando me enamore de Julieta. La misma sensación. Es decir mi cuerpo respondía antes que mi cabeza. Mis ideas eran desordenadas, cosa que para variar me confundía, pero luego, después de calmarme o al menos eso creo, me plante fuerte sobre el suelo. Nada de caer en terrenos movedizos. Releí el artículo y lo confirme. Mierda. Julieta era la parricida con la que tanto me excite por la mañana. Trague saliva y luego volví a mi ruta. (Estaba de camino a la universidad) Al rato, aproximadamente a las cinco pues el Sol ya se había muerto desangrado sobre el cielo arriba de nuestras cabezas, llego a mí ser un arrepentimiento muy poderoso. Producto de ponerme nostálgico por el tema de Julieta y su familia.

Es decir había sido Julieta quien había terminado con nuestra relación, sin embargo sé muy bien que mis manías habían sido el detonante. Carajo. Debí de haber dejado el porno cuando me sorprendió, y luego muy calmada me rogo que le dejase. También debí haber tratado mejor a su madre. Ósea por más perra que había sido esa mujer se trataba, al fin y al cabo, de la madre de mi enamorada. Ahora, fue una muy muy estúpida movida de mi parte el haberla llamado perra racista el mismo día de su cumpleaños. (Como Carlos Cacho pero menos “extrovertida”, pero igual la misma mala hierva) Cosa de la cual no estoy seguro de arrepentirme del todo. Pero, definitivamente, si me arrepiento de haber puesto en vergüenza a Julieta. Eso sí. Mucho.

Era una chica muy amable. Guapa a su modo, claro, pero muy inteligente. Tanto que me sorprendía que siguiese conmigo a pesar de mis numerosos defectos. Es decir por mas “amor” que haya de por medio uno acaba cansándose de verdad, ¿No? No sé. Creo que sí. Aunque, evidentemente, no fui yo el que al final de todo se aburrió del otro. Tampoco soy víctima. Pero algo, no? Al menos tanto como puede serlo una puta promesa incumplida. Mierda, que comienzo a extrañarla.

Un Cuchillo en la Cabeza

Cuando escucho esta canción de LCD SoundsystemNew York, I Love You Byt You Are Bringing Me Down – por alguna razón recuerdo una película. Hablo de Shame. Sera porque también se desarrolla en Nueva York. Aquella hermosa y caótica ciudad. Como sea. La canción esta muy buena. Y la peli, igualmente bestial.

Shame on You

Shame on You

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