A Romantic Place

A Romantic Place

1

 

Crece entre sus entrañas

una extraña

solitaria.

Como una enfermedad

involuntariamente

adquirida,

por herencia e ingratitud,

el mismo día que su madre

lo pario.

 

Como el primero que realmente

pudo amar de verdad

el fantasma sigue

intentándolo

sigue vomitando

fallidos intentos de

solidaridad

entre sus dos contrapartes

enamoradas.

 

Pero aun hace preguntas.

el maldito bastardo

primogénito

enjaulado en el interior

de su hipócrita, pero reluciente,

y prospera civilización

de autómatas

enmascarados.

 

Pero lo necesita,

esa extraña y cálida

soledad,

pues todo lo condiciona

y todo lo consume.

 

Como un pequeño

secreto

guardado, alzando la vista

por vez primera y

desde lo oculto,

ilusionándose

de un improbable.

resguardo en lo lejano.

 

2

 

Se acomoda así la tibia

e indeseable

huésped

extramatrimonial

entre los pecados

del pasado

y los malos hábitos

de mi, siempre,

impredecible

presente.

 

Son palabras juntas,

su identidad y

la mía,

lo sé muy bien.

Porque me las comí,

mastique, trague y

digerí.

 

Sin embargo

igual sigue expandiéndose

ese nauseabundo

dolor,

inhumano pero

familiar,

por las paredes internas

de una cuerpo a punto de

colapsar.

 

Y es porque la comprendo,

tanto como puedo,

aunque sin entenderla del todo

que persiste y

amenaza

constantemente

como una gaviota suicida

estrellándose

con el atardecer.

 

Pues primero me ama

y luego me mata.

Cuando intercambiamos

antecedentes y

secretos.

Dándome la espalda

como si fuese la promesa

incompleta

al final del día

a modo de parca desilusionada.

 

3

 

Como una prótesis

en mi alma

fingiendo sonreír

cuando lo único que quiere

es huir.

 

Me sumerjo en la mierda

como cuando aun

conservábamos

nuestra preciosa inocencia

de amantes

post adolescentes.

 

Aunque luego,

muy pronto,

sucedió

una y otra vez,

tan rápido como los fantasmas

en movimiento,

que la irracionalidad tomo

mi cuerpo.

 

Justo después del primer beso

lo peor comenzó

constituir su horror dentro,

en el interior

número dos,

donde juntos permanecemos

uno con el otro

a modo de ultimo

consuelo.

 

Cuando el preludio

se hizo puro silencio

comprendí que mi rescatista

no llegaría

nunca

pues mi canción favorita

ya había acabado.

 

4

 

Como acostumbrándome a

prescindir

de mi centro de gravedad

regresa,

y de la nada,

acostumbrada y,

sorprendentemente,

mentalizada.

Aunque, también,

contagiada.

 

Con nombre

pero sin rostro

salvo uno muy antiguo,

que en ciertos momentos

perdidos,

compartimos.

 

Juntos y fraccionados,

intervienen sus carnívoros

hermanos

bajo la luna llena

rechazándome y

expulsándome de la manada.

 

Hubiese deseado una muerte

romántica

a terminar perdiéndome

entre una audiencia

llena de héroes caídos y

fantasmas

decapitados por el olvido.

 

5

 

Abortando

segundas oportunidades

camina el cursi atormentado,

tratando de aprender

a mentir sin tener que “sentir”

aguarda

oculto en su intoxicada

habitación.

 

Luego,

y por iniciativa propia,

se amotinaron

las contradicciones de su ultimo

amante

incordiando sus descoloridos

espacios

personales.

 

Escondida entre los arboles

se autolesiona

la hermosa muchacha

argentina

deseosa de vivir

desde afuera y dentro

de la inmensidad

y simplemente

por amor

a su eterna complejidad.

 

Aprovechándose del silencio

el fantasma primerizo

oculta en su boca hambrienta,

y debajo de la lengua

sus cursis

colmillos

evidenciando el mundo

jodido

que ha vivido.

 Intento de Poesía Numero Ciento Dieciséis…

Arriba una simpática canción de Charlotte Gaingsbourg – Hija de Serge, Si – junto al inefable Beck. Se trata de Heaven Can Wait. Muy muy bonita canción. Cosa que siempre cae bien. Sobre todo durante los días en los que la ciudad parece conspirar contra uno. Cosa de rutina también. (Sin sentido del humor o no, da igual). Abajo la mujer de Francia y el rockero de America.

Of Course We Can Wait

Of Course We Can Wait

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