El fantasma se enamoró de la chica de lentes pesados. Se lo guardo, su amor, y dejo que los años pasasen violentamente. Hasta que, finalmente, acabo descubriéndose humano. Ese fue su quiebre. Luego, ahogándose en frustración, comprendió que la naturaleza de su antigua condición, imperfecta por invisible, no era algo de lo que estar orgulloso. Pero eso no cambio sus sentimientos. Y es que lo único que tenía claro era que su amor, en toda su magnitud, definitivamente lo mataría.

Sobre todo porque los años lastimaron su cuerpo y postura ideal. Sabía que algo estaba mal dentro de él pero aun con todo y señales – vomitaba sangre cuando recordaba a su amada besar las sucias bocas de desconocidos extranjeros a sus sentimientos –  siguió alimentando, aunque con sutileza, la fuente de su persistencia. “Había que madurar” decía.  El problema era que ni él ni la blanquita linda, como solía llamarla con cariño, eran frutas. Lo sabía muy bien pero igual siguió observándola. Y lo haría por siempre. Al menos hasta que su cordura se lo permitiese.

Pasaron diez años y ella cumplió veinte y cinco años. Mientras, el fantasma, permanecía presente, como anciano o joven según fuese conveniente, alrededor suyo. Pero que tuviese esa facilidad no era algo sinónimo de seguridad. No con él. Pues su timidez se transformó, luego de tantos años en silencio, producto de un aislamiento voluntario, en algo extremadamente, y prácticamente, imposible de manejar. Para él y la, ahora, hermosa joven de lentes pesados, junto a su volátil corazón eternamente adolescente.

Confundido y con dirección hacia lo desconocido el fantasma cogió su amor y se lo comió, junto a su partida enamorada. Y fue nauseas. Luego dolor y, finalmente, nutrieron su amor. Sin embargo, no sabiendo cómo reaccionar a las consecuencias inmediatas, tales como verse de repente lleno y pleno – algo a lo que ni uno de los dos estaba acostumbrado – simplemente se dejaron “llevar” por indistintas corrientes, violentas y, por supuesto, confusas, hasta que un día amanecieron, juntos es verdad, pero fracturados. Pero lo negaron. Siguieron vagando y vacilando.

Y como si se tratase de una constante en su personalidad el fantasma decidió atribuirse un nombre. Grave error. Pues luego, y a contracorriente, acabo encontrando, en esa familiaridad entre sus sentidos y los de su perturbada amiga, algo tan rico que nublo una vez más, como cuando sumergido en un infierno personal, entre decisiones adolescentes y pre juventud con respecto al inconquistable espíritu vocacional, que término reduciéndolo a una presencia imperceptible a su propio espacio familiar y social. Como enajenándose involuntariamente por culpa de sus propios impulsos, contradictorios también, anti sociales pero no por eso solitarios. Término concluyendo que su amor no era real porque él nunca lo fue. Sin embargo volvió a engañarse, al menos por un tiempo, hasta que volvió el tsunami y los golpeo y llevo. Luego la locura los elimino.

Fantasmas

 

Arriba una canción de los Oasis. Una de mis bandas preferidas. Cosa que no digo a la ligera pues todas sus canciones me gustan de verdad. Abajo Rosamund Pike, la bellísima co-protagonista de la peli de acción Jack Reacher (Christopher McQuarrie, 2012). Buena peli de acción. Con Tom Cruise en estado de gracia.

Rosamund Pike!

Rosamund Pike!

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