No quería morir. Lo juro. No cuando aun tenía que seguir siendo paciente con la lluvia. Y aunque lo siguiente suene “algo” intranquilo de mi parte, tengo que confesar que cada vez observo con mayor facilidad lo frágil que será mi interpretación cuando llegue a nuestro escenario límite. Y último encuentro. Además, sucede que mi condición de desterrado espiritual, ósea el de hombre rechazado, influye demasiado al momento de analizar las cosas como debería ser, es decir, la correcta. Ósea, sin tantas, e indefinidas, divagaciones “existenciales”, y esto siendo amable, de lo que verdaderamente comprende esta indeseable sensación. Es decir, es como si un tumor con mi nombre y apellido creciese por dentro con la única intención de asesinarme. Lo peor, sin embargo, es que no hay absolutamente nada que pueda hacer. Ni tan siquiera las ganas necesarias como para plantarme alguna respuesta. Nada. Puta flojera.

Además, mierda, prácticamente no analizo nada. Ya que yo solo “siento”. Y todo desde un punto de vista extremadamente dependiente al estado emocional de momento. Pero, claro, ¿Quien no, verdad? Bueno, por eso lo de “extremadamente”. Quiero decir, esto cada vez se pone más irreal, ósea yo y el ridículo. Además, están también otras variables, punzantes y hasta casi desequilibrantes, en esta – a ratos – asfixiante situación. El clima que hace mierda mis intenciones diarias con desubicados pensamientos que, para variar, necesitan urgentemente explotar de una puta vez. Lo otro seria seguir intentando conciliar conmigo, todo esto – evidentemente – en mi cabeza, y por supuesto que jode.  Esta también su mirada. La mirada de Victoria. A ratos increpándome acciones, o recriminándome por las mismas y sus consecuentes fracasos. Nunca desaparece esa presencia. Como un fantasma acompañándome a todos lados esperando imperiosamente mi éxito. De ser lo contrario dejaría su disfraz fantasmal por unas ropas más católicas, pues se trataría ahora de acompañarme en mi camino al panteón. Después de todo, ella no pidió ser conquistada. Eso fue cosa mía. Ya que en su momento no podía imaginar un rostro más hermoso que el suyo. Sin embargo, estoy orgulloso. Pues de algún modo fuimos uno en el universo. Cuando por seguir alimentando nuestro amor Victoria renuncio a sus antiguas costumbres y hábitos. Todos considerablemente caros. Como toda blanquita de residencial. Ahora, sin embargo, hace tiempo que le perdió el ritmo a su corazón. Ya que ha enlutado, y mutado, su enamoradiza personalidad en una demacrada superviviente de clase media baja. Es por eso que con su amargura comenzó hace años a perturbar mi interior y, por ende, malogrado mi sobreestimada voluntad. Eso es lo peor. Pues lo que sigue es acumular la peor clase de sentimiento. El odio propio.

Trato de no pensar en tercera persona. Trato y lo logro. Sin embargo, el problema surge cuando colisiono con un recuerdo doloroso y fresco. Y por más que alguna canción bonita me diga que aprenda de mis errores, ello no termina de resultar, pues de alguna manera su destripadora melodía arranca mi corazón. Después de todo, que soy yo, además de un hombre invisible atrapado entre el frio y la neblina de su densa realidad. Irreconocible hasta para el más cuerdo. Mis odios y sus apegos emocionales.

Como sonreír así la realidad sea muy perra. Como desear un hijo solo para sentirnos más en familia, cuando por dentro solo haya odio y rencor pudriendo, y marchitando, la cuota de belleza, ahora estéril y en absoluta decadencia, que en algún momento nos atrevimos a llamar amor propio. Ella destruyendo mi autoestima. Yo matando su futuro por pura incompetencia. Ya que, enferma y perturbada, Victoria aun me ama. Tanto que una simple anécdota negativa puede deslizarla hasta el más puro, y toxico, odio. Se tratara de su cruz. Supongo en vos alta y espero que alguien me calle antes de perderme entra mas divagaciones estériles. Amar y odiar a una persona, como se apega uno a un reflejo distante de mentiras e ilusiones idílicas. Y es que soy su ancla a tierra y ella el veneno lento asesinándome por dentro y fuera.

Entonces, finalmente, llego a casa. Pienso y me desespero por un miedo indescriptible. No hay nadie pero tampoco estoy yo. Ósea, no como creí. Estoy incompleto y fuera de mi cuerpo. Espero, mientras trato de tranquilizarme, y observo. Todo está en su lugar. Ella en su trabajo y yo de regreso. Despedido del último. Es posible que Victoria llegue y deje de amarme. Improbable, pero la posibilidad perdura dentro de mi inseguridad. Me decido. Escribo un mensaje en el reverso de una factura. Todo un minuto antes de que el mundo termine de colapsar; “Descubrí lo mucho que te amo, y lo que muchísimo más que puedo llegar a hacerlo. Por ende cuanta es mi necesidad de ti y tú forma enferma de amar. Sabía que sería esta relación una clase de infierno voluntario. Pero lamentablemente sucede que aguantar no es lo mío. Lo siento Victoria. Prefiero huir” Luego estoy muerto.
Lentamente. Como un corazón volátil muriendo por la ausencia de su dueño. Y es por el hedor que dejamos después de todas esas fantasías carnales supurasen dependencia enfermiza, que decido aferrarme a lo que sea que signifique el estar a tu lado. Luego, al rato y sin cuerpo, trato de no pensar en tercera persona y fracaso.

Pero no importa. Pues aun así, se arrastra y sobrevive. Para consolarse una vez más entre delirios de seguridad y entretiempos saturados en optimismo gratuito. Como si su dueña fuese a recogerlo de la perrera.  Como si su madre no lo olvidase esta vez en la escuela. Como si su padre no fuese a descartarle esta vez. Después de todo, ha sido su propio alimento y aun no termina de masticar. Muerto tantas veces y luego reaparecido. Como un mal presentimiento atravesándole la cabeza a un ingenuo. Asume el silencio como una invitación. Lo miro una última vez. Tomando su lugar en un mundo con diferentes espacios.

La Retroalimentación y la lluvia

Arriba una canción parte del soundtrack de la película DJango Unchained (2012) que me gusto muchísimo  Sobre todo, teniendo en cuenta que se trataba de mi primera película de Quentin Tarantino que vi en el cine.  Como sea,  Doctor Schoultz, esta  abajo. Osea, Cristoph Waltz…desencadenado.

Landa my big brother

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