Respiro un vampiro. Respiro y, siento como una presencia indeseable ultraja mí privacidad, oxigeno y espacio. Como si el monologo interior por fin llegase a su final en la cabeza de ese mi insociable paciente introvertido, comienzo a creer que todas esas manifestaciones amicales no son solo puros actos de egoísmo. Es decir, quizás puedo estar equivocada. Pues ya ha sucedido otras veces, que asumiendo un rol, que aun cuando nadie me pidió que interpretase, lo hice y con muy mal desempeño. Pero existe también, la posibilidad de que todo sea producto de mi imaginación. Alguna consecuencia de la sed. Pues ya cuando aún era una adolecente imaginaba, o alucinaba, imágenes en movimiento que simplemente no eran reales. Desnutrición se llama la enfermedad o falencia de calorías y nutrientes, ósea, otra vez, desnutrición, y Anoréxica se le llamaba a la persona casi siempre y sin falta, por supuesto. Pues siempre hay como llamar a la gente. O clasificarlos. Como los animales lo hacen con otros animales, pero de manera perfecta, pues al final siempre logran diferenciarse de los restos figurativos, es decir, simplemente se trataba de marcar a los animales heridos. Pues quien sabe, el reciclaje sigue siendo una industria virgen.

Como si de repente  trompetas inundasen la habitación, su corazón se llena de algo autentico, es decir, de algo distinto a la desolación. Pasión quizás. Como cuando Anthony era mucho más joven que ahora, al menos cronológicamente pues físicamente ya se sobreentiende. Cuando solía viajar a través del tiempo con más frecuencia que ahora. Se pasaba horas enteras observando a su madre ensayar su papel de damisela en peligro. Para una obra teatral, supuestamente, pues nunca pudo concentrarse correctamente en los detalles externos. Se encandilaba con sus primeros pasos en la actuación, con sus deliberados intentos de delicadeza, con sus lentos movimientos sobre el escenario y, con poca más frecuencia, sus gestos casi naturales de predeterminada sorpresa. Eran esos los momentos del día lo que más disfrutaba. Nunca intervenía, pues eso atentaría con el orden establecido. Espacio y tiempo y otras ecuaciones. Aun así fue, de algún modo, una especie de amigo imaginario para ella. Fue mutuo creo. Después de todo, así como decido yo creer que Anthony es más que melancolía, el sueña con el día en el que recibirá su tan ansiado perdón.

Sin embargo, nunca entablamos conversación, ni cuando ella era niña ni cuando adolescente y mucho menos cuando fue adulta. Pues como muchas otras experiencias trágicas, nací yo y murió ella. Aunque no literalmente. Pues vivieron muchos años juntos. Compartiendo incontables recuerdos agradables, entrañables, o hogareños, por decirlo de un modo. Además de los siempre jodidos traumas. Como el hecho de no igualar en destreza ni en carisma a su padre, eso sin duda, lo alejo muchísimo del interior del corazón de la primera mujer de su vida mortal y sentimental. Ósea, su madre. Eso es lo que más le gusta de ellas, quiero decir, de las mujeres. Le gusta extrañar algo que ya no existe. Eso es lo que a mí me jode de él. A pesar de que he aprendido a tolerarle varios “detalles” patéticos de su personalidad, no puedo superar esta mierda de impotencia. Es decir, es obvio que prefiere refugiarse en mujeres-madres de algún pasado distante, como quien visita la tumba de su amada cada cumpleaños. Supongo lo hace para sentir esa puta calidez que tanto les gustaba a los humanos. Todo esto mientras follamos o mientras nos acompañamos. Hasta puede que se le considere un enfermo…enfermo psicológico obviamente, pues andar por la vida imaginando que no existe tal cosa llamada realidad debe ser un síntoma clarísimo de algún desequilibrio mental. Pero supongo, así como casi todas las cosas que doy por hechas de antemano, que al final todo se trata de mi estúpido síntoma de inferioridad. Sucede pues que le quiero, y eso de estar enamorada por supuesto que no te hace estar libre de defectos.

Lo peor es que me resulta imposible odiarle o por lo menos reprocharle su conducta sin antes no dudar. No con un rostro idéntico al de su reliquia muerta que él entre sueños llama Mamá. Ya que sucede que no es, ni de lejos, culpa mía. Y para variar tampoco es culpa suya. Es por esa maldita contradicción que todo lo demás, conductas e intenciones, terminan convirtiéndose en una clase de atmosfera tipo tedio aventurero post apocalíptico. Después de todo, supongo que somos un daño colateral mas del esplendido – esto es sarcasmo – cambio de planes que nuestro misericordioso Dios decidió poner en marcha ya hace una década atrás. Cuando muy cabreado por las guerras y crisis y contaminación y toda esa mierda junta que prácticamente puede llamarse cataclismo acabo jodiendome la cabeza con pensamientos, cada vez más impacientes que la misma aburrida rutina de allá en su palacio invisible sobre los cielos, que finalmente, presumo, mato su optimismo.

Lo sorprendente, sin embargo, fue que el efecto, ósea la respuesta emocional de sus hijos fue, inclusive, mucho más inesperada. Pues sucedió que hasta el más radical del planeta creyó, definitivamente, que se le paso la mano al cruzar la raya que, supuestamente, les hacia seres morales, o decentes, además de consientes hijos arrepentidos. Ya que, carajo, le agarraron odio. No todos, por supuesto, algunos se volvieron locos formando alguna clase de comunidad mundial positiva, ya que “optimistas” prácticamente era palaba tabú, en busca de la absolución para con su señor Dios. Aunque claro, esta clase de consecuencias no estaba fuera de lugar teniendo en lo violento que fue su proceder. Mira que extirpar en un solo día a todos los bebes recién nacidos de la faz de la tierra. Eso sin duda puede catalogarse como el acto falto de misericordia más cruel de todos los tiempos. Pero, claro, lo anecdótico fue que, sin duda, se supero a sí mismo, teniendo en cuenta sus numerosos antecedentes. Después de todo, ni tan si quiera un humano es capaz de tanto. Es decir, se trato como si la vida misma se hubiese manifestado mediante alguna clase de monstruoso milagro inesperado. Además, al inconscientemente, la locura se había remplazado a la hipocresía como nueva epidemia mundial, decidieron negarlo, demostraron ser seres tan creativos como  destructivos.

Lo único que puede considerarse cercano a una muestra de misericordia por parte del nuevo C.E.O. del mundo espiritual, ósea el mismo Dios de siempre pero ahora más presente que antes, fue que asesinase de un modo sutil, entendiendo por sutil la forma más no el modo. Es decir, que los neonatos o recién nacidos del nuevo mundo muriesen de paro cardiaco era, sin duda, algo de lo que después se agradecería. Ya que luego se entendió que fácilmente pudo haberlos exterminado de una manera muchísimo más cruel que de lo que finalmente fue. De aquella sacudida a su nido de ratas moderno nadie quedo indiferente. Nadie podía tomar una postura neutral. De ser así hubiese sido, primeramente, discriminado para después ser perseguido y “enjuiciado”, aunque esto siendo extremadamente protocolar, y dado por muerto. Desde un punto de vista macro podríamos interpretar lo que estaba sucediendo como una especie de catarsis socialmente irreversible. Es decir, las distintas maneras de ver la vida florecían a un ritmo que antes solo había visto en los libros de historia. Pero, evidentemente, esto no significaba un cambio positivo ni negativo. Ya que si bien por un lado estaban regresando a la edad media por otro estaban progresando, entendiéndolo como una liberación sexual y, en consecuencia, de pensamiento. Sin embargo, que luego de aquel punto y aparte sucediese algo milagroso y al mismo tiempo horroroso. Aunque, ahora, viéndolo desde una perspectiva completamente distinta, pues han pasado años y varias corrientes ideológicas e innumerables repercusiones, creo sinceramente que fue algo que si bien fue muy difícil de asimilar, fue también una muestra gratis de las cosas siempre pueden empeorar.

Y se murieron los rostros. Mierda que eso fue peor aún, al menos en apariencia. Supongo que fue alguna clase de broma suya, el parar la producción de nuevos rostros para las nuevas generaciones. Lo de ahora, y cuando sucede, son rostros ya conocidos. Y no solo eso, pues eso sería muy “ligero” para el apetito de aleccionamiento que seguramente se estaba manejando aquel insaciable Dios vengador durante dicho proceso de encarrila miento, o cambio de ruta. Todos en su momento quedaron impactados cuando de repente los bebes ya no eran ni nuevos ni tiernos. Pues muchos nacieron con rostros y características físicas muy distintos al de sus progenitores. De ahí que Anthony, inicialmente, pensase que era Yo una especie de reencarnación, curiosamente, inmortal de su madre. Al principio pensé que solo estaba jodiendo conmigo. Yo le pase piola  puesto que necesitaba de su identidad. Ósea, de su carnet de identificación, y por mas irrisorio que suene era así como nos manejábamos en ese entonces, que comprobaba que era un hombre nacido antes del declive global. Conmigo después de decir que era su mujer no necesitaban ni confirmar, ni muestra de sangre, ni mierda. Ese tipo de actitud supongo sigue siendo muy humana después de todo.

Vampiros. Como iba diciendo. Ahora los recién nacidos eran vampiros. Cosa que no sucedía cuando aun eran fetos. Nacían, y esto es supuestamente puesto que aun no pueden ratificarlo, humanos pero solo durante las primeras dos semanas, que es a partir de allí que ya se pueden hacer las distintas clases de ecografías. Pues luego se descubría un cambio increíble y magnifico en el desarrollo del feto. Sucedía que sus sistemas metabólicos se vieron influenciados, tremendamente, por la forma en la que se nutrían. Ósea, ya no aprovechaban las proteínas y demás nutrientes que sus madres les daban por medio del cordón umbilical, sino que les absorbían la sangre a sus progenitoras. Es decir, no la procesaban como debían, sino que succionaban – chupaban – muy violentamente y demasiado rápido. Pareciese que se trataba de una esponja absorbe agua. Después, la madre se debilitaba y como mucho sobrevivían hasta la semana siguiente revelarse su hijo como un pequeño vampiro en su vientre. Sin embargo, consecuentemente a la muerte de la madre moría también el feto. Por eso que de crecimiento demográfico fue tan satanizado que, otra vez, los conservadores tomaron el poder, y digo conservadores por no decir radicales hijos de puta, en la totalidad del globo. Es curioso como personas supuestamente de mente abierta terminan redescubriendo su verdadera vocación en los extremos de cualquier pensamiento colectivo, ósea o conservadores o liberales, no importaba, ya que ambas facciones eran igual de polarizadoras e imponentes. Ya luego los gobiernos potencian restantes del primer conflicto, o declive, mundial fácilmente prolongaron sus problemas y su única forma de resolución. Es decir, hablo de guerras o cruzadas o como mierda llamasen a sus masacres tercermundistas, ya que dejaron de existir hace buen rato aquello que en su momento se llamaron viejo mundo o América, puesto que ya solo quedaban gobiernos.

Luego, cuando las guerras ya no tenían razón de ser pues ya no había el exceso de gente que matar ni tampoco recursos naturales que apropiarse, se concilio, aunque de manera indistinta para cada gobierno puesto que se trataban de escenarios similares pero con características distintas, la única estrategia de unificación y protección “ciudadana”, es decir, vieron en el plan “Unificación Nacional” o cuarentena nacional una última respuesta a la desesperación producto de los terroristas extranjeros y nacionales y de las colonias clandestinas de los bastardos de Dios, o simplemente “impuros”, ósea vampiros, desbordar las capacidades individuales de las autoridades. Bueno, el resto  sucedió como con todo proceso de desarrollo insostenible, es decir, la discriminación y posterior expulsión. Además de las esterilizaciones forzadas, apartheids, etc. Todo esto en apenas veinticinco años. Eso sí que demuestra la incapacidad humana para la autodestrucción.

Yo, sin embargo, logre nacer aunque, claro, mi progenitora murió. Existe muy poca gente así. Sobrevivientes quiero decir. Y entre fugas de instituciones – cárceles – gubernamentales le conocí. Mi edad por ese entonces era de veinte años, y el también. Aunque el medio año mayor. Supongo que eso se conoce como suerte, quiero decir, al nacer seis meses antes del inicio de la “gran cosecha sangrienta”, nombre con el que bautizaron los medios de comunicación a los nuevos recién nacidos. Ahora, no quiero sonar como una envidiosa pero ciertamente el tuvo mucha más suerte que yo. Pues mientras el crecía en un hogar “cálido” y “saludable”, yo me veía en adopción, luego en venta, luego en refugios, luego prófuga, y finalmente independiente. Pero lo que tenía que marcarle para siempre era sin duda el fallecimiento de su madre. Aunque ciertamente fue lento y sufrido. Como todo cáncer. Supongo que de ahí su odio por los “pro guerras” y, evidentemente, las guerras en sí. Guerras tradicionales, Guerras Económicas, Guerras Toxicas, la intersección de todo eso dio por resultado el cáncer, y luego el trauma. Pero aun así le necesito, con defectos y virtudes. Tanto que no pude evitar transformarlo. No fue consentido, pero luego ya no quedo otra opción. Ya que el hambre de un humano es mucho más cruel que con nosotros. Luego, nuestras correspondientes historias, y realidades conflictuadas, se cruzaron y unieron irreversiblemente. Pues nuestros ojos reflejaban mutuamente cuales eran nuestras intenciones.

La diferencia, obviamente, la marque yo, pues solo yo podía hacer algo al respecto. Quiero decir, con respecto a nuestras situaciones. La única con una verdadera capacidad resolutiva a su alcance era yo y mi contagiosa especie. Y por supuesto que no me arrepiento. Es decir, de morderlo y conservarlo. Además, bueno, sumando que en ese momento limitaba mi apetito por la sangre, con verduras – exacto, fui vegetariana por necesidad más que por imagen – e incluso menestras. Esto al inicio, durante mi infancia, cuando aun me daba miedo eso de ir mordiendo cuellos ajenos – entre otras partes humanas – e incluso, por más absurdo que suene, cuando púber me abalance sobre un unos cachorros de rottwiler, puesto que me daba miedo intentarlo con uno ya crecidos. Lo que me provoco de aquello fue lo más decepcionante para mi grupo. Ya que, mierda que no lo dudo, mis lagrimas denotaron más pena que asco. Después de todo, la sangre de perro no es deliciosa, hasta diría que es asquerosa, pero algo innegable es que calma la sed por buen rato. La consecuencia de esto fue lo que más miedo me había provocado hasta aquel entonces. Hablo de mi expulsión aquel “perro” grupo. Anduve largo tiempo masticando vegetales otra vez y salvo ocasiones puntuales regresaba a los caninos amigos. Lo positivo de esto fue que esto hizo que me infiltrase fácilmente en grupos humanos. Ya que siempre procure mezclarme entre comunidades nómadas. La diferencia fue que la abstinencia implicaba ciertos cambios en la apariencia. Ya no tenía los pómulos muy pálidos ni esas tan obvias ojeras rojizas. Esto, claro, duro un buen tiempo. Pero luego, afortunadamente, me tope con Anthony y su pequeño grupo con destino a la ciudad periferia. Allí donde, supuestamente, no había autoridad alguna imponiéndose sobre la población. Sin embargo, tuve que cagarla.

Tiempo después, cuando aparentemente me había ganado su confianza y la de sus amigos, no aguante más y los probé uno por uno hasta acabar con casi todos. De sus cuellos y muñecas hasta llegar con él. Pero, carajo, no pude con Anthony. Esto sonara romántico, o forzado, da igual puesto que, mierda, en su momento no tuvo nada de placido ni mierdas estereotipadas por el estilo. Fue ahí que estuve segura de que lo amaba. Quiero decir, me refiero al instante posterior de enterarse que sus amigos habían sido asesinados y, escandalosamente, exprimidos. Pensé que actuaria indignado o hasta asustado. Pero no, supongo que el también tiene un problema después de todo, ya que el termino de “amigos” o lo había sobrevalorado o el, simplemente, era igual de hijo de puta como el resto de los humanos activamente independientes. Pues lo único que hizo fue decirme que para la próxima le avisase cuales eran mis planes. Después nos callamos hasta seguir moviéndonos.

Aun así, siento que fui amada. Ya que no puedo decir lo mismo de mi historia familiar, pues sola cuando mi padre se aproximaba a cruzar el maro de la puerta y largarse de casa, me entero de una noticia trágica. Algo que solo un hijo de puta amargado y con el corazón podrido en rencor podría decirle a su hija de cinco años “Ella no te deseaba” eso me dijo. Fue ahí que no deje de entenderles a los humanos. Pues durante esos cinco años me alimento con historias bondadosas de ella y lo mucho que ambos me amaban. ¿Solo aparentaba entonces? ¿Incluso cuando era él quien preparaba mis alimentos? ¿Por qué no abandonarme desde un inicio? Preguntas de ese tipo me jodieron la cabeza harto rato hasta que la sed y el hambre me sacaron de mi vecindario y acabe con el anteriormente mencionado grupo de chupasangres. Pero, tengo que admitirlo, fue triste. Muchísimo. Concluir que no fui una hija, esperada ni mucho menos, deseada. Aun así, la relación que tuve con mi padre siempre fue de respeto y buenos deseos, al menos durante los periodos de tiempo que vivimos juntos. Digo, nunca me acariciaba como otros pares con sus niños, ni tampoco comíamos juntos ni en la cocina ni en la sala. Solo cuando me enfermaba se acurrucaba conmigo y me engañaba haciéndome creer que le importaba. Pienso, entonces, que por alguna razón no quería el que desarrolláramos lazos afectivos demasiado fuertes. Pues no quería que sufriera cuando el muriese. Al menos eso creí harto rato. Sin embargo, hizo bien, pues así sucedió. Cuando me entere de su muerte, una muy cojuda puesto que murió arrollado por un borracho al volante, no me sentí ni triste, pues era mi papá, ni alegre, ya que me abandono. Sino que fue un tema más de confusión que de emoción. Sucedió pues, que sencillamente no entendía absolutamente nada con respecto a ese hombre. Supongo que esa es la parte triste. Al menos con respecto mi origen. De ahí que no entiendo a Anthony cuando se atormenta entre pesadillas y silencio.

Tiempo después, para cuando llegamos a periferia, y nos ocultamos en una oficina de un antiguo edificio estatal, surgió una puta mala noticia. Pues el ultimo chiste fue dicho y llegaron helicópteros y policías, y soldados y mucha gente con mala actitud. Nos ocultamos todo lo que pudimos, y no hay vergüenza en ello, ya que Anthony no es precisamente un héroe ni yo una hábil ninja con dientes afilados. Quiero decir, no hay vergüenza en el hecho de despreciar aquellos intentos de fallidos de hermandades ni de guerrillas mixtas. Vampiros luchando, aun acorralados, contra humanos con armamento y etc, la verdad es que preferiríamos seguir moviéndonos. Al menos durante el máximo tiempo posible. A los poquísimos días ya todo era un puto caos.  Existía un silencio aterrador que prevaleció en las calles. En la habitación, no sabíamos si salir en busca de comida o por alguien que nos la proveyera. Exageradamente ingenuo de nuestra parte la verdad, pero en su momento fue una idea muy sensata para nosotros, ya que, mierda, moríamos de sed y hambre. Pero ello no duro mucho tiempo. Gracias a dios, jaja. Pues, aunque nuestro edificio uno de los últimos en ser registrado, nuestros sentidos estaban aun en funcionamiento, y si bien es cierto que ya no hablamos entre nosotros teníamos nuestras propias maneras de comunicarnos. Supongo que al final se trato más bien de encontrar a las ratas sobrevivientes y pisotearlas. Eso me recordó al momento más feliz que compartimos. De lejos el más tierno de todos.

Cuando dos jóvenes inexpertos en lo que a comer carne cruda o, simplemente, de cazar gente viva corresponde. Fue entonces que el más joven de los dos decidió tomar la iniciativa y salió a la calle como un verdadero líder. Ósea, Anthony neófito tratando de impresionarme. No lo detuve porque me gusto aquel encantador gesto. La primera hora no hubo novedad, nadie por las calles ni dentro de las casas, francamente los suburbios eran una zona escaza, ya nadie tenía nada fresco dentro del refrigerador y el calor solo hizo que nos desesperáramos demasiado. Pero gracias a Dios logro encontrar algo, pues de lo contrario hubiese resultado muy patético aquel intento suyo por consolidar nuestra particular, y reciente, relación.

Pero, siendo Anthony el recién converso, era obvio que era él quien tenía mucha más sed que yo. Diría que el doble. Tuvo que tratarse de una pequeña niña de no más de cuatro años. Además, tenia rutilos y aun esperaba a que su mamá llegase de conseguir comida. Aunque era evidente que no había venido por lo menos dos días. Pues aquella niña tenía el rostro pálido y el estomago muy voluble. Además de que sus costillas comenzaban a mostrarse. Pero aun así era muy linda. Aun cuando no tenía si quiera energías para gritar por su madre, sigo igual de linda.

Desprendía demasiada ternura hacia nosotros. Sus ojos color pardo mirándonos como esperando que la aliméntesenos. Esa es la parte divertida. Aunque, ciertamente la gracia no duro mucho rato. Tengo que confesarlo, me dio mucha pena observar como Anthony se desarmaba tan tristonamente entre lágrimas y gritos inútilmente contenidos.  Claramente le resulto una tortura matarla. Pues con cada mordisco que daba a su delicado cuello ella gritaba desesperada llamando otra vez a su madre. Al principio me dieron ganas de detenerlo y dejar que corriese con todas sus fuerzas hacia dios sabe dónde. Sin embargo aquella encrucijada se vino abajo cuando concluí algo que resultaba inevitable de rehusar, y es que Anthony tenía demasiada sed. Y, ciertamente, yo tambien.

Respiro Vampiro

 

Arriba una canción muy simpática que harto rato me acompaño durante el año pasado. El relato de arriba puede considerarse un intento más por escribir ciencia ficción. Me gusto el proceso. No muy largo. Pues fue producto de semanas inconstantes. Como sea.

Abajo una imagen de la película “La Ciencia del Sueños” de Michael Gondry. Protagonizada por Gael Garcia Bernal y Charlotte Gainsbourg. Hay química y funciona muy bien con el surrealismo que se plantea. Me gusto mucho.

La Ciencia del Sueño - Michael Gondry (2006)

La Ciencia del Sueño – Michael Gondry (2006)

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