Le sorprendió fuertemente, como una cámara indiscreta jodiendo la tranquilidad que representa el asumir que el peligro ya paso. Puesto que prácticamente había abandonado la idea de volver a verla. Eso hubiese sido suficiente para Priemra persona y lo poco que conservaba de esperanza. Sin embargo, no fue así, sino que fue absolutamente todo lo contrario. Una sorpresa realmente agradable, al inicio, pero que finalmente concluyo con una tortuosa pausa, que fácilmente fue prolongada el largo de un infinito durante al menos un instante. Es decir, fue como vivir el autentico infierno por una eternidad, como quien sufre los tres minutos de una canción nostálgicamente desequilibrante.

Sus ojos, los de ella, se empotraron inmediatamente en su rostro claramente desconcertado. Fue tanto el susto que no tuvo si quiera tiempo de pensar en nada, con la suficiente claridad, que le hubiese permitido salir de las obvias sospechas que despertaba en esos ojos de inamovible presencia. Francamente, Primera persona estaba en shock. Como flotando, ligero, y sin dirección alguna. Así que fue muy fácil que le tumbase al suelo, para luego lanzársele encima. Evidentemente, fue primera persona quien cayó primero, para rápidamente despertar, bruscamente, de ese trance en el que estúpidamente parecía haberse quedado encapsulado. Todo esto le sacudió de tal forma que para cuando se reincorporo a la escena ella ya tenía el control sobre Primera persona y sus débiles intentos por entender lo que estaba sucediendo.

El cambio radical de concentración impido que primera persona sintiese el dolor de sus nalgas, y de su espalda, al colapsar sobre el suelo. Ella sin embargo, no dudo en sentarse sobre – y “en” – su entrepierna. Recostarse sobre su cuerpo, y quedar con el rostro frente a frente. Mientras, el ya no intentaba entender, ahora lo que fluía en su cabeza era pura curiosidad ante lo desconocido. Después de todo, el calor que esta impredecible mujer intensificaba con cada roce que deslizaba entre sus entrepiernas. Era inevitable, al parecer, que alguno de ellos gesticulase alguna clase de queja, puesto que prácticamente estaban unidos en una amalgama irrefrenable de calor y sudor. Todo esto pareció una continuación pausada del previo infinito que mantuvo levitando a primera persona, y claro, tampoco se molesto en entender. Ya que, muy ingenuamente, no crecía que fuese necesario. Pues existía compresión en aquella breve compenetración. Ambos lo sabían, pero aun así Primera persona termino tergiversando el mensaje.

Su cabellera se desprendía sobre los costados del total de su campo de visión, es decir, comprendía los extremos, y a su vez, la periferia completa que los ojos de Primera persona le permitan divisar. Y, violentamente, sin dar tregua la mujer pego sus labios sobre los del protagonista. Fue un beso intenso. Húmedo y delicioso. Ósea, para nada sutil. Pues, obviamente, esa no era la intención. Primera persona lo disfrutaba. Ella también. Nadie les observaba. Podían existir una infinidad de atenuantes como para detener aquel intercambio de fluidos, y ambos lo sabían perfectamente. Salvo que, desde el principio, ambos tenían un entendimiento distinto, pero hermanados. Esto no era un consuelo, pero primera persona lo asumió así y, irremediablemente, se dejo llevar por aquella seductora mujer. Supuestamente la mujer de sus sueños. Aunque no sabía ni su nombre ni sus intenciones.

Ya no pensaba en nada, ni en el misterio que inicialmente había despertado su interés en esta joven de imponente presencia. Ni en su acompañante, o pareja. La duda es declarada, pues no había averiguado absolutamente nada. Aunque eso poco le importaba, al menos lo que durase de ese creciente intercambio de sensaciones. Sin embargo, duro poco la satisfacción, aunque bien podrían haberle bastado para toda la vida.

Primera persona sintió un primer ardor en la parte izquierda de su labio superior. Luego, sintió como le hincaban en la encía correspondiente a dicha parte de su labio. Inmediatamente decidió abrir los ojos y ver qué es lo que sucedía, pues el romance ya había pasado y lo que comenzaba a sentir era dolor. Vio con una sorpresa tremenda que de los extremos de su boca fluía un pequeño riachuelo de sangre hacia su cuello. Pensó sin dudarlo, que aquella joven de sexy apariencia – que para nada lograba recordar de donde salió –  era una clase indescriptible de monstruo, pues estaba masticándole su boca. No era ni vampiro ni caníbal. Pues el aun estaba con vida y, en consecuencia, con su cordura al límite. Esto duro, al contrario que el beso, poco menos de diez segundos. El dolor, sin embargo, le acompañaría hasta muchísimo tiempo después.

Cuando la mujer de cabello negro separo sus dientes de la boca de su víctima, quedo como inquietada, pues al igual que al momento de la sorpresa, se le quedo mirando con esos ojos color pardo. Esto fue crucial, pues el impacto fue como una especie de incomodo paréntesis, imperecedero con respecto al tiempo, e inherente a sus necesidades. Es decir, fue como si viviera una especie de breve momento de empatía. Esto le jodio mucho, pues no había seleccionado a Primera persona por esas razones. Pero esto resultaría inútil, y ella lo sabía muy bien. Ya que una desconocida comenzaba crecer en su interior. Sentía como fuegos artificiales nublarle la mente. Luego, direccionando su mirada en los ojos de Primera persona, no pudo hacer nada contra la reacción involuntaria de su cuerpo al excretar unas peligrosas lágrimas de sus ojos. De repente había caído en una especie de intervalo desconocido, pero contradictoriamente a lo que creía, existía una clase de enfermo placer al relamer sus labios conservando el sabor y escancia de Primera persona en su boca. Inútilmente desesperada, desconcertada – como ultrajada – decidió huir. Pero sus piernas no se movían de los de su hallazgo, es decir, de los de Primera persona. Así que decidió tomarse su tiempo para tranquilizarse.

Al mismo tiempo, Primera persona reconoció en los ojos de la joven algo exagerado y grotesco. Pues era ridículamente traumático de asimilar, y ya ni hablamos de tratar si quiera de aceptar. Ya que, exactamente, el iris los ojos de aquella clase extraña de vampiro fungieron como espejo para vislumbrar los suyos. Finalmente, Primera persona reconoció sus ojos en aquel diminuto reflejo de su iris. Pero el cambio fue demasiado drástico, pues se trataba de un rostro muy distinto. Además de un cuerpo totalmente fuera de lugar. Se trataba de una joven de tez trigueña y de cabello corto. Era inaceptable. Pero él no podía eludir semejante descubrimiento. Pues reconoció en aquel rostro cierta familiaridad. De incierto origen, ciertamente, pero definitivamente innegable. Una vez su mujer atacante se levanto, le hizo un gesto como de “Call me” y el – o ella – se levanto rápidamente. Primera persona, confundida y babeando sangre, además de con la boca ampliamente desfigurada, solo pudo limitarse a seguir esforzando su memoria.

Sangrar co Primera persona

Sin duda, es sorprendente el estimulo que representan los sueños en la cabeza de uno al momento de escribir. Resulto para mí algo realmente placentero. Además de revelador.

La canción de arriba es una de esas que clasificare a partir de ahora como “perfectas”, puesto que todo funciona bien. Es decir, purita melancolía. Abajo una imagen de la peli Skyfall. Película que realmente disfrute.

James es los restos de Skyfall

James es los restos de Skyfall

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