La primera vez que lo vi, lo mande a la mierda. La segunda como que fui más tolerante, y hasta quizás amable, aunque sutilmente, al menos eso espero. Sin embargo, la tercera vez termino por suceder, quiero decir, termine lo que se dice colada, enganchada, ¿entusiasmada? Más bien enamorada. Ya que eso resume muchos adjetivos innecesarios, pero de importante resonancia, prefiero asumirlo de una vez. Puesto que para cuando mis cursilerías se vuelvan cada vez mas criticas no creo poder acostumbrarme a joderme la cabeza por tanta confusión. Más no la idea, y razón principal, que es lo ya mencionado. Y es que yo no soy de las que se enamoran, al menos en teoría.

Sucede que al principio me pareció extremadamente arrogante y egocéntrico. Puede también que inconscientemente haya magnificado todas esas “malas vibras”, pues no fui con la suficiente motivación que un primer encuentro requiere. Ya que ese día mamá me había armado un lio tremendo con respecto a algo que poco tenía que ver con mi desenvolvimiento académico. ¿Qué hice? Claro, había ido de vestida de forma poco decorosa (Jeans y chaqueta de cuero, y si, si quería desconcertarlo) al ensayo de boda de mi ex padre, y solo para decirles que pasaba de su bendito simulacro. Y claro que mi “hermosa” progenitora desaprobó mi conducta, y en público. Reviviendo dicho altercado el desenlace fue maso menos este;

Madre se levanta de su asiento y me jala del brazo diciendo: “Adonde crees que vas”, tratando, inútilmente, de disimular su rabia, pues todos los invitados de la mesa principal ya se estaban despachando muy cómodamente entre cuchicheos (como solo la gente de mierda sabe hacerlo) el primer plano de aquella bochornosa escena. Viendo mamá que no tenía el control sobre mí, además de menos fuerza, y notando que mi reticencia no era un mero capricho momentáneo, papá se levanto excusando mi conducta y tratando de apaciguar a mamá con “No hay problema” esto siempre con su típico rostro de desaprobación. Dirigiéndose hacia mi sin embargo trata de ser indiferente y por demás maduro; “No pasa nada, puedes irte”. Palabras que francamente salían sobrando, pues Madre sabía muy bien que su derrota era absoluta, además que su vergüenza le impedían continuar con algún otro débil intento manipulador. Lo peor sin duda fue que no pudo evitar que su desbordante amargura la expusiera, ridiculizándola y en consecuencia, lastimándola. Lo sé muy bien porque era inevitable para, el sentirla perfectamente, cosa que ahora me jode tremendamente. Ya que luego de enterarme de que nunca fui lo que se dice una hija para ella, he decidido hacer un esfuerzo y odiarla. A veces sin éxito y otras si, por ahora funciona así las cosas entre nosotras. Es decir, como unas hermanastras distanciadas e incomunicadas. Aunque claro, sobreviviremos. Por lo menos yo trate.

Y es que Madre era una mujer extremadamente dependiente de la imagen que proyectaba de su escrupuloso e hipócrita interior hacia afuera. Sobrevalorándose muchas veces de forma estúpida. Sin embargo, siendo o no, consciente de ello, sabía muy bien que de esa noche no pasaba sin tener que soportar alguna broma de salón con respecto a su joven rebelde hija. Bastarda sí, pero consanguíneas al fin y al cabo. Después de todo, nuestros rostros juntos son un puto reflejo de lo que matar una amistad significa. Así que lo único que podía hacer era tragar su saliva con los restos de su destartalada autoestima, y soltarme el brazo, dándome así su consentimiento para largarme de allí.

La recuerdo ahora porque antes de concluir que no solo soy una humana voluble como cualquiera, he entendido lo escandaloso que es el recriminar culpas ajenas hacia una persona que aunque ciertamente nunca mereció la “dicha” de magnificar su humanidad a través de una miniatura suya en la infancia, y ahora una versión definitiva de lo que en su momento fue su juventud. Es decir, echarle la culpa de mis debilidades, pues tenemos varios defectos en común; hablar con la boca llena, fumar durante el desayuno, etc. No solo supondría un retroceso con respecto a un auto reconocimiento objetivo. Cosa que intente, pero fracase. Pues inesperadamente me enamore. Pero esto definitivamente es culpa mía. Y aunque he comprobado lo mierda que es sentirse culpable, no he conseguido lograr asumir al arrepentimiento como único resultado. Es decir, no puedo sincerarme del todo. Y lo deseo, pues de no ser así, creo y tendría mucho miedo.

Así que pobre Alex, al final lo único que hice bien aquella noche fue la forma en la que desquite mi rabia con él, y lo siento terriblemente, pues aunque nunca antes habíamos sido amigos (apenas unas miradas encontradas y esto por puro accidente). Siempre supe considerar su silencio durante las clases de debate o las de “apreciación crítica y artística”, pues de entre tantos diálogos basura, agradecía tremendamente que alguien más evitase sumarse a ese montón de idiotas parlanchines. Sin embargo tengo que admitir que fui demasiado prejuiciosa, pues no sabía si Alex podría aportar algo inteligente o entretenido por lo menos. Aunque claro, esto dependía si asistía o no a clases. Pero bueno, siendo él un alumno “turista” o fantasma”, esto hacia que la carga de mis prejuicios no fuesen demasiado. Algo apenas mencionable.

Pienso en Alex porque creo que es especial. Además de diferente a casi todos los hombres que en un determinado momento ocuparon un espacio en mi vida. No fueron muchos tampoco pero, como quien dice, es obvio que la historia se muestra siempre al final como única constancia de los hechos, y en consecuencia., como salvoconducto al cielo o al infierno personal. Alex es exactamente eso para mí. Una especie de encuentro con algo más distanciado y al mismo tiempo cercano. Como una implosión constante de esperanzas removiese mi interior, comienzo a creer que en mi estomago hay mucho más que mariposas enjauladas.

Masacre

 

La canción de arriba es de los Rolling Stones. Banda que cada vez me gusta más. Shine a Light. Canción realmente fuerte. Abajo una imagen de la película “Watching the Detectives” (Paul Soter, 2005) Una comedia que me gusto muy bien. En particular la pareja protagonista. Neil (Cillian Murphy) y Violeta (Lucy Liu). Por cierto, hermoso nombre.

Neil and Violet are in love.

Neil and Violet are in love.

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