Nadie lograba concluir una forma de tranquilizante lo suficientemente efectivo como para dejar de seguir intentando convencerse la idea de locura o enfermedad. Es decir, nadie esperaba que sucediese alguna clase de milagro. Sin duda, era algo que a cada uno de los involucrados estaba jodiendo por dentro. Aparte, obviamente, del hambre y sed que abrazaba a cada uno de ellos y sus malogrados pensamientos, ósea, perdón o redención.

Había, sin embargo, otra clase de personas. Incendiarios, hombres ajenos a su propia condición humana – y todo los valores que esto representa – pero reivindicados por el extravió masivo de las memorias de su nuevo Dios salvador. Ese que si les comprende, y sobre todo, les escucha. Se preguntan si se tratara de una comedia o de un drama. Por un lado, las comedias solo sirven si es que están en plan de tonteo. Además, claro, de mente abierta. Pues sucede que a veces el humor no es suficiente como para dejar de lado los problemas personales. Problemas que supuestamente se aliviaran después de ver la película. Y por otro – lado – está la siempre pendeja posibilidad de que se trate de un drama, es decir, aburrimiento…o sufrimiento, pero esto último depende mucho, pues el sufrimiento ajeno no siempre funciona como removedor de escrúpulos o lo que sea, sobre todo en la gente moderna. El problema con esto sería que finalmente Si sucediese. O mejor dicho, el problema surgiría si todas esas clases de sensaciones desbordantes y desequilibrantes terminasen afectando a estos descarados pirómanos de sueños y deseos inocentes. Pues no sabrían que mierda hacer con tanta culpa en el alma o cabeza o lo que mejor les funcione. Las luces se apagan y ahora solo queda descubrir de qué va el rollo.

Las imágenes aparecieron sin previo aviso, ósea, sin tráiler de por medio. Confortados en sus propias posibilidades se dejaron consumir de forma gradual por aquel hombre de mediana edad dormido sobre un escritorio vacio en la pantalla grande. La gente de repente siente una inesperada curiosidad. Pues es a blanco y negro, aunque claro, también hay gente que se siente estafada. Pero confundidos, pero es la curiosidad los que los motiva en seguir a aquel hombre. Este despierta con una pesadez notoria para todos en la sala, y posiblemente una actuación exagerada, no se escucha sus bostezos o quejas que despide aquel cuarentón sin esforzarse si quiera en cubrirse la boca. Todo ese numerito despierta en los espectadores sensaciones diversas, algunos atinan a reírse a carcajadas mientras que otros joden a su pareja con preguntas o quejas. Y claro, la gente que al inicio se sentía estafada, ahora se siente burlada. Pues entienden que es lo que está sucediendo frente suyo. Algunos ya quisieran irse, pero su estúpida terquedad puede más que ellos mismos. Sucede que ellos necesitan entender, comprender puede seguir, pero lo principal es entender. Entender lo que sucede a su alrededor, de lo contrario tienden a irritarse. Pues son personas en todo el sentido de la palabra, animales que se adaptan a las circunstancias y sobresalen a cualquier precio, no son un montón de risas disque aliviadoras en, y para, tanta ignorancia aceptada y modulada.

Aun así no logran ni mierda. Las preguntas existen pero las respuestas no. ¿Porque ese hombre los mira fijamente? Al parecer está igual de confundido que todos ellos. No hay novedad en esa clase de confrontación, así que la proyección en sí, parece estar perdiendo ritmo. Pues no solo es a blanco y negro, sino que incluso es…¡Muda! Algunos ya se están largando de la sala, otros dudan sobre si levantarse o no, otros miran esperanzados en que el tipo diga algo. Las mujeres están ya con sus móviles, y las conversaciones o dicho francamente, cuchicheos, ya están que enturbian el temperamento de los cinéfilos comprometidos. “Mierda, prácticamente sería mejor leer un libro”, piensan unos. Sin embargo, hay algo aparte de terquedad que los mantiene sujetos a la silla. Digo, obviamente refiriéndome a los que si están mirando la pantalla. Se trata de una sensación solapada de identificación.

Para cuando el hombre de calvicie pronunciada se siente ignorado – escandalosamente ignorado – comienza a perder la paciencia, el tampoco tiene respuestas y menos aún hay alguien que pueda proporcionárselas, pues a diferencia de los espectadores, el no tiene a nadie alrededor suyo en la cocina. Colérico y exaltado, comienza a desnudarse gesticulando toda clase de palabras, inentendibles claro, pero no hay necesidad de saber leer labios para saber cuándo te están puteando. El público siente la presión de aquel claustrofóbico hombre cuando este se manosea la pinga en frente – muy de frente, pues la cámara tiende a ampliar dicha imagen – de sus caras. Ya no se trata si en realidad era alguna bizarrada europea o lo que fuese, pues ahora parece algo porno de bajísima calidad, es decir, sin hembra de por medio. Las mujeres gritan forzando a sus acompañantes a largarse, otras sin embargo se alejan entre risas y burlas, ellas son las que están en grupo. Hablo de los grupos de jóvenes restantes, y de los solitarios y solitarias que aún permanecen. En silencio y observando. Pero sucede algo que cambia las burlas de las pendejas y las quejas de las indignadas de forma brutal. Se trata de encierro. Gritan fuertemente la palabra encierro. Los hombres machazos se levantan incómodos – pues estaban entretenidos con el perdedor a blanco y negro – para calmar a sus parejas. Sin embargo, muy asustados, lo confirman. Ahora sí, ahora lo que sienten es desesperación.

A ritmo acelerado la proyeccionista siguió mostrando sin cohibirse y, sin nerviosismos, imágenes desesperantes, tortuosas e inacabables. Las sensaciones eran extrañas y extremadamente asfixiantes. Toda clase de vergüenzas, producto de un pudor mal concebido, desbordaba en aquel cine casero al final del pabellón que llegaba a la habitación más indeseable de todo el sanatorio. En medio de cuatro paredes forradas en maloliente costumbres perturbadoras se descarrilaba un circo de experiencias extraordinarias y de consecuencias irreversibles. Nada podía suceder que fuese aun peor que lo que estaban experimentando. Ya que no solo era una situación tremendamente inverosímil, sino que era, y por mas que tratasen de negarlo, merecida. Supongo entonces que la mierda sabe a porquería solo y cuando no sabes si te gusto o no. Apropósito, claro, de las caras de violados o ultrajados que la mayoría de colorados discriminados tenían ahora por rostro y pasaporte. Es decir, ahora en la adultez no era como se supone tenía que serlo, y eso si que jode toda clase de planes.

Sienten como si todas esas interrogantes que aplastaban la cabeza del idiota a blanco y negro, los aplasta sin compasión. Sienten también el miedo que supuestamente es gracioso, o al menos lo era, cuando se trata de terceros. Algunos comienzan vomitar en el suelo, sus ojos están demasiado rojos, ya que el asco se contagia muy rápidamente en ambientes cerrados. Los más fuertes se limitan a “intentar” calmar a sus parejas, otros a insultar al sujeto, que ahora se masturba, de la pantalla. Mientras, otros buscan una salida alternativa o de emergencias. Otros se desesperan con sus celulares que no funcionan. Al parecer, lo que más les jode es que nadie les atiende de inmediato. Pero como no hacerlo, si hasta ese entonces eran los dueños del mundo. Ahora sin embargo solo se les puede ubicar como el ultimo sumidero de expectativas del nuevo mundo.

Como si la promesa de la nueva generación se transformarse ahora en una clase de sumidero de esperanzas y expectativas, en aquella sala oscura ya nadie tenía fuerzas para seguir quejándose. La mitad de los adolecentes están ya rendidos tirados sobre su propio vomito y las mujeres están ahogadas en sus lagrimas con cara de traumadas. Otros hombres se limitan a sentarse en sus butacas esperando que la película termine, mirando al suelo y también llorando, solo pueden maldecir o pedir ayuda, pero en voz baja claro. Todo lo que lo que supuestamente no debía de importarles; vergüenza y dolor por el pasado, miedo por el futuro, y angustia por el presente. Lo estaban manifestando ahora, pero de forma muy lamentable. Los que se accidentalmente intercambiaban miradas lo sabían perfectamente. Pues los móviles estaban en el suelo y sus manos sosteniendo el inevitable peso de sus cabezas.

Proyecciones escandalosas

La canción de ahora es la que me gusto más del año pasado. A propósito de esos recopilatorios musicales anuales. Recopilatorios que no me interesan. Abajo una imagen de la película “Delicatesen” de Jean Pierre Jeanuet (Amelie). Para ser preciso, de la protagonista Marie-Laure Dougnac y Dominic Pinon. Muy buena la pelicula la verdad.

Delicatessen

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