Egoísmo. Es por eso que la temporada de milagros llego a su fin. De forma abrupta y sin previo aviso, al menos en apariencia. Nadie pensó que llegaría el día en el que Jesús se cansaría de todos nosotros. Y aunque hubiese deseado que nada de eso hubiese sucedido durante mi guardia, tengo que aceptar que me alegra que haya terminado por pasar. Pues ya todas las formas de idealización que la gente confabulaba sobre, y acerca, de él prácticamente habían llegado a límites verdaderamente irritantes. Como el hartazgo rayando el clásico cliché del buen ciudadano, sucedió que ya no era suficiente con ser un caníbal espiritual. Algo que se acostumbraba mucho antes. Vivir como un parasito sentimental. Buscando cierta estabilidad que ayude a disimular las miserias personales, al menos por un momento. Eso en conclusión, se le llamo “amor”, otros sin embargo, prefirieron llamarlo “odio”, Hasta que nació mi hermano mayor. Hasta que deslumbro al mundo con sus milagros. Aunque por sobre todas las cosas, deslumbro al mundo por su origen. Y es que eso también fue algo inesperado e inoportuno, en todos los niveles de tolerancia que puedan existir.

Las replicas sin embargo, fueron muy jodidas, mucho más de lo que inicialmente calcule. Ya antes Madre nos había advertido sobre como de estúpido se puede llegar a ver uno después de subestimar las capacidades del humano promedio. Eso sin duda fue la gota de acido que menos me gusto saborear. Liquido y delicioso, se suponen, los momentos de relajo después de las conferencias o de las entrevistas, o de cualquier reunión de mierda. Ya me imagino, y por supuesto que no dejo de hacerlo, la cara de cojudo que habré puesto al enterarme en “vivo y en directo” des su muerte. Aunque ahora que lo pienso, no es necesario imaginármelo, ya en los reportajes y en las redes sociales me han dado con palo con todo ese rollo. “El chulo de Dios”, “El Verdugo sin vergüenza”…y otras escandalosas equivocaciones. ¡Joder, que éramos un equipo!, pero bueno, eso ahora ya no importa. Aunque a ratos si importa, vamos que a nadie le gusta reconocer su error, y menos si se trata de reconocer en plural, errores…suena mucho peor. Putas replicas, parecían no tener fin. Una temporada de hipócrita sensibilidad, y luego, una de desahogo mediante guerras y demás conflictos. Como en los viejos tiempos.

Es decir, lo mediático ya no era algo de interés nacional, ni morboso ni nada. Pues ya nadie leía ni si quiera los titulares, pero de algún modo sabían indignarse perfectamente, cosa que seguramente sus padres les habrían enseñado a la perfección. Era como si lo “suficiente” compaginando con lo “necesario” se te desprendiera del estomago e intestinos. Ya no había ni un puto espacio para alguna clase de sentimiento saludable. Sobre todo ahora, cuando lo que se comprende por valentía es algo que llaman abstinencia. Ridículo y verdadero al mismo tiempo. Esa es la fórmula del miedo actualmente. Ya nadie puede negarlo. Sin embargo, aun así, lo intentan. Luego fracasan y finalmente lo niegan. Como la rutina decepcionando la sensibilidad del idealista, pero a diario y sin misericordia. Ya ni siquiera se esforzaban como antes. Pues pareciese que habían aceptado su infelicidad, de forma solapada, para de algún modo crecer juntos o caer juntos. Aunque…creo que la verdad es mucho más ordinaria que esta última, ingenua y, patriota idea. Pues conocíamos de primera mano como de fácil es desechar la poca credibilidad que se pueda tener en el momento que finalmente se acabe claudicando. Los dos lo conocíamos perfectamente ese sinsabor que queda después de reconocer que tu existencia puede resumirse en una sola palabra, en desgracia y en sus consecuencias. Horrible y aburrido también sirven.

Jesús nunca quiso aceptarlo, él, de algún modo, creía que la fortaleza de nuestra causa seria siempre más fuerte que las desavenencias en nuestro futuro. Siempre “nuestro”. Para bien o para mal. Ese sería justamente el motivo principal de nuestro alejamiento. O mi alejamiento, cuando lo pongo de ese modo, la verdad, sueno muy cobarde. Pero si contrasto con las enseñanzas de Mamá, ese seria justamente mi epitafio más adecuado. Aunque no sé si es correcto entender alejamiento igual que distanciamiento. Es decir, vivíamos juntos y compartíamos la mesa durante las mañanas y también por las noches. Aun así, es muy poco probable que mis palabras de ayuda le hayan ayudado de verdad. Pero…mierda, que podía hacer yo. Mamá era la que lidiaba con las depresiones de Papá, ni yo ni Jesús, ambos nos poníamos tristes, si, pero era más bien por algún efecto dómino o algo parecido. Pero, mierda, que debí haber aprendido algo útil. Como sea, no sucedió y deje que su autoestima se fuese a la mierda. Pero por algo así no es posible condenar a una persona. Joder, debo sonar patético tratándome de excusar de esa manera. Pero bueno, sucede que tengo eso como consuelo, además, claro, ayuda a dormir.

Tengo teorías al respecto, pero no me explayare hablando innecesariamente, pues, o bien el lector habitual ya se encuentra en una clase de etapa de canonización del personaje en cuestión, o lo que tiene es puro rencor revolcando sus escrúpulos por el abandono. Y si, hay gente que considera su suicidio un acto de abandono. Es por esa clase de generalizaciones o conceptos prejuiciosos que “no” diré que me alegra que se haya largado al otro mundo. Pues por fin podrá descansar de tantas quejas estúpidas, que a diario le bombardeaban en su cabeza. Telépata o no, era obvio que le jodia todas esas muestras de estúpida e innecesaria consideración. En consecuencia, aquí ya no hacia gran cosa, y eso sin duda es aun más triste que su partida. Lo habían aturdido completamente. Y aunque estoy seguro, las nuevas generaciones lo habrían llegado a conocer como el anciano bonachón que todo adulto soñó alguna vez  haber tenido como abuelo cuando aún era un niño, eso no justifica que la maldad se intensifique con los años y con los hijos y, los hijos de estos, etc. Eso, por supuesto, habría sido peor que la autodestrucción del hombre como golpe de gracia directo a su corazón, que ahora sucede.

Lo conocí de niño y también como el adulto joven que aun se alimentaba de ideales y de “buenas vibras”. Así que cuando digo que no lamento tanto su partida como para volverme católico activo, o tan si quiera como para regalarle unas pocas lagrimas, se entenderá que digo la verdad. Pues lo que ahora tengo como tarea es completar la idea de que su muerte, fue más bien u acto de valor indescriptible. Además de amor propio y para la gente que su padre insistentemente le había encomendado. Algo más parecido a una declaración de principios que a un acto de cobardía. Pero de lo que no podemos escapar es obviamente del hecho de que en algún momento tendremos que lidiar con la carga que el fracaso siempre conlleva. Aunque, ciertamente, el antes que yo. En ese orden.

Nunca se trato de racismo, pues soy latino y el también lo era, así que, realmente no entiendo cuando la gente dice que las celebraciones de odio, que ahora los “ateos” magnifican, se trata de racismo. Mierda, que pudo haber sido peor. Pudo haber sido igual que todos ellos. Es decir, un mero despropósito de espacio. Pero no pues. El era para mí una clase de símbolo de lo que la realidad hace con los héroes. Un héroe caído otra vez. Tumbado por la mediocridad de las fantasías y sueños de sus fieles. Despedazado por la maldad infantil. Acobardado por la infidelidad de los hombres para con sus creencias. Después de todo, él como yo, es decir, juntos, entendimos que a veces, no basta con llegar temprano al trabajo, o con decir lo siento, pues aunque suene obvio, a veces la respuesta es extremadamente sencilla, tanto que te quiebra por dentro. Ya que casi siempre, la verdad, simplemente no sirves.

No querer pensar que su huida haya sido por la culpa de su gente es prácticamente como pensar en finales alternativos a estas alturas del año. Ósea, un desperdicio de tiempo y neuronas. Pues me lastima recordar sus momentos de debilidad como cualquier ciudadano de a pie. “Mi familia se esfumo de entre mis recuerdos cuando los intercambie por unos más placenteros” me decía cuando se sentía – y estaba – deprimido. Además, no siento que esto fuese traición, no siento nada mío propio y me deprimo con sus caídas. Así como dos hermanos que se odian en secreto y se aman en público, funcionábamos.

Todos esperaban un milagro el día de su cumpleaños, y como no sucedía se alteraban de una forma que antes era impensable. Eso lo aturdía y posteriormente lo irritaba. Hasta maldecía, luego se lamentaba. Pero por dentro, estoy seguro, los odiaba tanto como yo. Y creo que mucha gente lo capto, hasta quizás antes que nosotros. Pues, al fin y al cabo, nuestro equipo, era también una empresa, y eso siempre es sinónimo de dinero, y claro que en parte lo es, pero no en su totalidad. Pues siempre hubo espacio para creencias y momentos en familia. No mucho al final, pero en su momento, estoy seguro, y aunque solo se trato de nosotros dos, fuimos una familia.

Reflexionando, creo que Envidia debió haber sido mi nombre. Eso sería lo más justo. Pero como casi nada lo es, no me preocupo. Después de todo, nacer segundo a veces no es tan problemático como tanto sensible prefiere creer. Pero aun así, debo confesarlo, nos distanciábamos demasiado. El con sus crisis existenciales y yo con la impotencia de no poder ayudarlo, y claro, esta también el hecho de haberlo arrastrado conmigo a todos esos  viajes de negocios; Debates Nacionales e Internacionales, Conferencias en el Vaticano y sedes, Contradeclaraciones publicas ante las amenazas de muerte por parte de radicales, Ayuda a Organismos de Ayuda en África y en el Tercer Mundo, ONU, y etc. Durante años.

Pero bueno, así como todo discurso capitalista, que se precie de serlo, empieza con malas noticias pero siempre, sin falta, terminan siendo buenas, aunque falsas, pero buenas, generalizando, finalmente el miedo acaba con todo lo impuesto. Lo interesante, sin embargo, no es ver cómo la gente atrofia sus apariencias y desvisten su verdadera naturaleza, sino, es saber porque funciona. Mis ojos lo vieron. Un día eres un hombre optimista con muchas posibilidades, y al siguiente eres un suicida en potencia. Pasa a cada minuto (creo y hasta llegaron a televisarlo) El como sucede, para mí, es un misterio, bien puede tratarse de una teoría pesimista titulada “El cómo llegar a adulto conservando tu cordura” y aun así no tendrían ganas de leerlo. Ya nadie lee nada además de la biblia. La reeditada por mí, obviamente. Sin embargo, hubo una causa inicial que probablemente imperase en los corazones del jurado minutos antes del holocausto nuclear. Algo que sirviese de justificación. Pero bueno, casi toda la historia de la humanidad está llena de ese “algo” para consolarles.

Como con los misiles de cuba y la confianza del pueblo puesto en una balanza. Así sucedió al final. Yo compadeciendo por influir de forma negativa en mi querido hermano y el pueblo de América Latina y las Naciones Occidentales juntas por primera vez por una causa justa. Aunque en el fondo todo fue por causa de que sus malas intenciones colisionaron con su distorsionada idea de moral. Como un chiste que nunca llegas a entender, así se podría resumir la conclusión del hombre.

Quien hubiera pensado que esos trastos anticuados resultarían siendo su final. Aunque decir final es decir mucho, pues así como los restos de todas guerras,  sobrevivieron sobre los restos de sus cenizas. Perdida la dignidad y con el orgullo hecho una desgracia, se arrepintieron una vez más. Sin embargo, lo que ahora se exigiría seria piedad. Pues solo sobrevivirán los puros de corazón, o claro, a falta de alguno, lo más próximo también serviría. Pero ya nada sería como antes. Ni lo bonito ni lo feo. Pues lo único que me han prometido es que a partir del nuevo volumen de esta asquerosa raza de homo sapiens, solo quedaran recuerdos. Pues lo único seguro es que ahora ni los que aun sobrevivan como bípedos podrán deletrear ni su nombre ni ese “algo” que siempre les sirvió como excusa, y por qué no, como último recurso. Aunque, lamentablemente, como casi siempre, habrán víctimas inocentes, pero cifras más que nada. Es decir, otra vez, puro escándalo.

Ternura Incomprendida

 

Arriba una canción alegre, como para variar con los resultados. Deprimentes a veces, atrevidos otras, esos son los simpáticos. Ahora, dejando a un lado lo ambiguo, últimamente no he sentido una mierda de “necesidad” o interés por estar “online” o “conectado”. Cosa rara, pues mayormente mi interés en el internet consistía en este blog. Es decir, actualizarlo, y bueno, este relato lo tengo hace una semana, y nada de interés. Como sea, espero que no sea duradero. Por cierto, el intro del video no es cosa mía.

Abajo una imagen de la película Cosmopolis, último trabajo de David Cronemberg. Y ciertamente, motivo en algo este relato. Después de ver esta película me dio interés en estudiar economía y profundizar matemáticas. Además, como que me dio interés por hablar sobre esta película, o mejor dicho, hablar acerca de las películas que me gustan, e impactan. Algo como una reseña o crítica o artículo, pero mierda, que no me gustaría hacer algo ridículo, así que, mejor lo pienso. Por cierto, Pattison no está mal.

Cosmopolis - David Cronemberg (2012)

Cosmopolis – David Cronemberg (2012)

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