Cansado de interpretar al muerto, descubrió que ya casi todo lo peor había terminado. Pues aunque las malas noticias prácticamente desfiguraron su rostro, entre rasgos tristes y expresiones penosas, aun existía en el algo de lo que aferrarse. Ganas de seguir existiendo más que por pura rutina, por olvidar las viejas costumbres y tratar, esta vez con fuerza, de olvidar todos los malos hábitos que religiosamente había llevado hasta su adultez. Y es que nació por una razón especial, pero que irremediablemente ya todos sus testigos habían olvidado. Importante se suponía, ahora irrelevante. Sin embargo su origen y la razón de su inadaptabilidad para con cualquier ambiente cercano o atiborrado, tenían una razón de ser, y francamente, el resultado no sería ni lo esperado ni lo mas recomendado. Pues por más que trate de engañarse, sabe perfectamente que lo que le espera no es precisamente una decisión saludable.

Poco importan las razones por la cual el joven Narcolepsico se considera un desdichado. Sobre todo cuando se trata al momento inmediato y predecesor de la única revelación que siempre anhelo descubrir. Después de todo, nada en esas esperanzas – ingenuas – podían haberle advertido semejante mala noticia. Ahora que había encontrado por fin – y dice por fin, pues ya se había dado por vencido – la verdadera razón de su calvicie. Ósea el nombre y la localización actual de su verdadero padre, el biológico o de sangre. Muchas cosas pasan por su cabeza, muchas malas ideas y pocas resoluciones. Se trata de un embrollo de magnitudes increíbles para su limitada noción de la realidad que inevitablemente siempre atribuyo al dolor como producto de la soledad. Es decir, estaba extremadamente confundido, asustado y enojado. Toda esa confusión, que al tiempo que removía su estomago, hervía su sangre entre furia y rabia, sentimientos que personalmente – y no iba a ser de otro modo – había anidado fuertemente en su interior como consecuencia de un rencor mal llevado. Y aunque suene ridículo esta ultima conclusión, siendo él un joven más teórico que practico, cobra mayor sentido que lo irrisorio en lo ilógico del enunciado.

“Hola…Soy hijo de Marla, la sobrina de de tu padre, ósea tu prima…y también mi madre”

El resto sería lo desconocido manifestándose ante la incredulidad o simplemente destrozándole para siempre, y puesto que el protagonista ya había pasado antes por momentos fuertes, durante algunos romances, y claro, como cuando su madre lo abandono ya crecidito, y de forma casi cómica por la forma en la que decidió desistir con su rol de madre sacrificada, y como no, aun joven y soltera. Tenía diecinueve años y a nadie más en el mundo, literalmente, pues su familia inmediata, ósea tíos (as) y primos (as), vivían exageradamente lejos. Además su círculo social era prácticamente el de un ermitaño socialmente parcializado, es decir, culpable y consecuente con su propio e inalterable carácter, alejo a todos los que mostraron – o trataron – alguna pizca de empatía para con este despropósito de neuronas. Pues aun siendo inteligente, con eso solo no se logra gran cosa. Al menos no en apariencias, y eso era todo lo que se necesitaba si realmente querías tener un “grupo de amigos”, así que, lamentablemente nunca pudo encontrar un lugar con el cual identificarse. Ni si quiera algún rasgo compartido, nada en absoluto. Así que como a casi todo las juventudes a las que descuidaron desde infantes, el heredo y compartió también, esa clase de irresponsable indiferencia que por dentro solo puede fungir como una clase de neblina emocional que distorsiona las cosas que realmente importan.

Sintiéndose como si lo hubiesen desahuciado, comprendió la belleza en la frialdad del inefable rechazo. Por primera vez en su vida identifico la razón de ser del dolor que desde tanto tiempo atrás había arrastrado. Ya antes lo había moldeado, pero nunca antes había tenido unos ojos a los cuales odiar. Logrando de ese modo una serie de amalgamas de monstruos sufridos y destartalados. Sin embargo logro también, una ligera sensación de calidez en aquella asquerosa compañía que solo con los años aprendió a apreciar. Sobre todo ahora que al parecer finalmente lo habían abortado por segunda vez.  Solo que ahora el éxito dependía absolutamente de él y sus malas ideas.

La llamaba insensibilidad. La mujer bipolar en su cabeza. Enferma contraparte de la cual lo único que puede conservar son los malolientes residuos de todas esas inacabables muestras de ingratitud y desprecio, con lo que el hijo Narcolepsico aprendía a deletrear entre  incomprensibles intentos de poesía.

Pues abrigarse con viejos cálidos recuerdos hacían que sus sentidos lo debilitasen lentamente pero sin pausa. Como si una especie de mutilado Dios vengador lo hubiese descuartizado en tristes pedacitos de vida.  ¿Para que y porque? “descuida” se dice. No importan demasiado los matices con los que el atormentado prefiere gesticular disculpas. Sucedió ya muchas veces cuando lo preferían niño narcolepsico. Ahora en cambio, los únicos adjetivos que tenia los guardaba como si se tratase de un secreto. Definitivamente estaba desintegrado. Sus malas ideas y sus constantes confrontaciones internas. No se trataba arte ni de amor. Mierda. Tantas habían sido las decepciones que prácticamente había olvidado cuales eran las razones importantes. Aun así  las sentía como quien siente las consecuencias de su mala conducta, cuando niño ingenuo e inocente. La interrogante era absurda, sobre todo ahora que tenia tanta mierda en su cabeza, pero nada útil en sus manos. Nada con lo que justificar su inútil forma de vida. Nada en absoluto. Ese sin duda era su mayor problema. Ahora que por fin había descubierto la razón de porque odiaba tanto su rostro. Se parecía a el. Eso para el es mucho peor que morir por mediocre que por enfermedad.

Comprendió en ese momento que estar solo no siempre es malo, al menos no lo suficiente como para justificar todo ese esfuerzo que la gente pone en “tratar” de vendérselo entre ellos mismos y sus desgastadas costumbres. Sin embargo, no parecía tener odio por su madre, pues casi todo su rencor lo tenía reservado para su padre. Aun cuando su mamá le había anticipado lo indiferente que podría llegar a ser progenitor, el no tenía otra opción que confrontarlo. Pues ya casi cumplía cuarenta años. Y eso supone todo un logro, pero ahora no, ya que es su verdadero origen y lo único que le queda, pues ya ha olvidado la idea de un futuro. Aunque claro que entiende que el futuro se trata de ambiciones o metas trazadas, y bueno, lamentablemente él no tiene planes.

El Hijo Narcolepsico

Arriba una canción de esas rockeras que siempre gustan. Se trata de los Black Rebel Motorcycle Club. El álbum es “Take Them On, On Your Own (2003), y francamente me ha gustado bien. Inicia fuerte y termina de igual forma. Es bueno volver a esos ritmos alegres que simplemente hacen lo que se supone el buen clima debe hacer, “animar”. Cosa rara teniendo en cuenta que ahora no andaba en esa onda. Andaba mas a lo glam rock. A lo Bowie. Pero bueno. Otra vez volvieron las ganas.

Abajo la pareja protagonista de la película “The Boxer” de Jim Sheridan. Bien. Todo esta bien cuando se trata de un romance convincente. Pero lo que sucede con Daniel Day Lewis y Emily Watson es simplemente química pura. Aveces me embrollo solo creo. Sobre todo cuando los actores en cuestión son de amplia simpatía mía. Bueno. Aquí el romance es creciente hasta topes inimaginables, es decir, se vuelve una tragedia. Eso para mi es una maravillosa recompensa.

Real Love

Real Love

 

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