De verdad creí que me amaba. Y en todo el sentido que esa palabra representa y demanda (al momento de pronunciarla o al menos considerarla). Sin embargo, concluir que no eres el primer hombre descorazonado de tu generación sirve de consuelo, cuando al igual que tu, consideras también a los demás. Patético a ratos, pues uno se cansa de ir por la vida tratando de convencerse inútilmente alguna clase de excusa que justifique el desperdicio de tiempo al servicio de otros. Sobra decir que nunca lo conseguí, ni yo ni Pedro, ni mi esposa, ni nadie que yo conozca. Al menos conocer verdaderamente, que es lo único que importa al momento de considerar una amistad. Eso creí y aun lo hago. O al menos eso es lo que decido tragar.

Pero era – Yo – un autentico ingenuo. De esos que ahora parecen extintos o al menos en peligro de hacerlo. No trataba de disfrazar nada, pues no había nada de lo que me estimulase lo suficiente como para hacer un esfuerzo, si quiera mínimo, como para considerarlo una etiqueta mas con la cual identificarme. Mi mujer sabía bien cómo funcionaban las gentes que alrededor de nosotros vivían. Es decir, sé muy bien que era – soy – parte de aquel circulo vicioso de hipocresía superficial que mastica la inocencia del alma lentamente hasta defecarla. Pero por alguna razón, no me sentía del todo involucrado, quizás se trataba al inicio de alguna clase de conveniente auto negación por parte de mi subconsciente, pero tengo que admitir también, que disfrutaba las diferencias sociales que entre los instruidos y los no tanto – llamados mediocres – existía y se notaba. Pues se aseguraban – nos – de que así fuese. Algunos con una gran intensidad, que francamente ridiculizaban mis pequeños granitos de arena de clase media.

Era un tipo de ingenuidad parcializada que si bien no estoy orgulloso de haberlo tolerado tanto tiempo, pues repercutía en mi estilo de vida, me alegro en pequeñas dosis el haber sido cegado por ello – ingenuidad – pues de algún modo, siento que estuve protegido, ya que ahora que comprendo de mejor manera los defectos de la vida real, existe también una especie de sustento con la cual puedo seguir ejerciendo de abogado. Considerando además esta “profesión” y a quien la ejerce, como uno de los trabajos y trabajadores más inmundos que pueden existir. Solo después de los psicólogos y publicistas.

Sucede que el engaño solo es negativo cuando uno decide interpretarlo como algo maligno. Es decir, como algo benigno para la integridad y las buenas costumbres. Pues nadie puede negar que algunas mentiras “pequeñas” son más ayuda de lo que algunas verdades supuestamente significativas pueden llegar a ser. Como por ejemplo cuando un hombre le dice a una recién conocida, y polvo en potencia, que es hermosa y además, bella – coño – solo para conseguir tirársela esa noche. Mientras dicha mujer le dice lo gracioso, cuando es mentira, y solo para poder llegar al final de la noche con casi las mismas intenciones, salvo que la mujer sentirá a partir de ahí, un derecho sobre el hombre, y este, como si este hubiese perdido algo de respeto propio en el camino al momento de sucumbir ante la tentación, se sentirá en la obligación de ser digno de ello. Es decir, ambos se masturbaran mutuamente hasta encontrar alguna persona aun más interesante de lo que sus propias limitaciones le permiten apreciar. Alguien que supuestamente hará de rompe relaciones, cuando de lo que verdaderamente se trata es de un salvavidas para ambas sanguijuelas de autoestimas, pero amistosas (y con facebook) por supuesto. Ósea, socialmente competentes.

Todos los días eran para mí una rutina exageradamente pesada, que exigía demasiado por muy poco. Y con poco me refiero a los escasos polvos que solidariamente me regalaba la mujer de la cual increíblemente aun estaba enamorado. Era por ella que aguantaba todo ese cansancio, o al menos así me había convencido o conformado o aceptado…ya no importa. Pues en un principio la utilice como catalizador de frustraciones, y me aguanto, claro que aun no sabía “Como” hacia para aguantarme, pero eso sin duda para era más que prueba suficiente de su aun amor, o por lo menos, estima. Primero se sumaron los días, luego fueron meses, y para cuando apenas lograba distinguir mi autentica realidad de la que creía vivir hasta ese entonces, solo pude observar cómo me reventaba con el suelo desde un piso cualquiera, no literalmente  claro, pero muy bien graficado. Una realidad que personalmente pintaba a diario en mi cabeza, a modo de sutil intento de alineación sentimental – a veces imposible de redefinir – y solo para complacerme en mi burbujita inherente a los problemas del exterior. Esa puta burbujita que si bien hacia que me agobiara por mis problemas inmediatos; dinero, familia, vida social…etc. Me protegía de ese instinto autodestructivo que todos tenemos bien guardado, e increíblemente, por la razón más absurda, que no es la de supervivencia, es más bien la apaliada vergüenza.  Aun así nada parece importar cuando la burbujita llega a su límite y explota. Pues mi rostro es como el de todos, solo que aun no me lo creía.

Para cuando abrí los ojos, metafórica y literalmente, encontré un cambio abrupto que se manifestó de forma radical cuando cumplía obedientemente mi lastimera rutina. Pues fue durante una mañana de uno de esos días, que bien se puede calificar como “día cualquiera”,  que una fuerza mayor a mis sentidos provoco que me sumergiera en la más profunda flojera. Y es por un comezón en mi cabeza y una erección entre mis piernas que sentí una insinuación cruel por parte del destino. Una profecía extraoficial y escandalosamente vengativa. Los ojos se me quedaron abiertos y casi se me cae la mandíbula. Aunque luego regresé sano y a salvo. Contradictoriamente a lo que debía sentir, pues estaban mis sentimientos involucrados, nada dentro mío cambio, salvo el sentimiento de respeto o gratitud, esos sin duda, se enajenaron para siempre.

Encontré que el resultado de semejante revelación no solo desagradable, sino también, una especie de condena inmediata que me resultaría desequilibrantemente absurda por lo  imposible que era el si quiera pensar en eludir. Desequilibrante para mis costumbres, además de mi cordura más que nada. Pues era mi vida hasta entonces una vieja amistad  descuidada y fácil de complacer, engañar e ignorar; Bien podría interpretarse como la historia de una carta de amor que se quedo a medio camino, o el de un recibo aun sin pagar y con la fecha limite muy cerca, o también como los puristas prefieren llamarle: “La justificación ausente(?) de porque las familias aun buscan reunirse en familia cuando lo que realmente quieren es sacarse los ojos”. Siendo extremista, obviamente este sería el concepto de un resentido ya desterrado del seno familiar de una ya distante familia, pero es tan común que puede aplicarse a cualquier contexto en el que las diferencias imperen, que casualmente son la mayoría; La familia propiamente dicha, pues ya murió, e incluso el trabajo serviría de mala excusa para cualquier frustrado en general. El dolor que provoca la inestabilidad es tan real como la ficción más aterradora. Eso si es una idea demasiada piadosa…tal vez.

En medio de distintas constantes causantes de estrés me dispuse a analizar, o al menos a cuestionar, los aspectos de mi vida que más miserable me hacían, y encontré una piedra en el camino que me descoloco por un tiempo considerable. Como en busca de algo inexistente por pura necesidad mal satisfecha. El aprecio tal vez, el cariño incluso podría ser un gran aliciente, aunque al final, igual nada importo. Pues creo que se trataba del trabajo. Para mí era una especie de muerte gradual, y consentida que es lo peor de todo, que hacia de la longitud de una espera, una clase de eutanasia mal inyectada. Es decir, era como contemplar una mala comedia hasta el final de los tiempos. Pues era como sufrir el terror diariamente para a fin de mes, recibir una penetrada en tu ano a modo de palmadita en la espalda y claro, un salario mensual.

Quizá el ser incompetente en el trabajo sea peor calvario que odiar la idea de tener que trabajar. Siendo esta la cruz que la gran mayoría tiene que cargar, me apiado y les aligero el camino cuando acepto mi estúpida realidad. Después de todo hay mierda suficiente para todos. Además está el hecho de que nadie rescatara a nadie, ni en navidad, ni en el día del trabajador. Pues ya casi todos han aceptado también, que la culpa no es del sistema jerárquico que a todo el mundo manipula, sino que es propia. Es decir, ya no hay espacio para mas lamentos. Ya todos están cansados de sus propias insignificancias. Nadie es valiente ni nadie es lo suficientemente idiota como para intentar serlo.

Una vez conocí a un hombre que por no dudaba en llamarme amigo, cuando yo ni si quiera le trataba de forma reciproca, debe tratarse del entorno en el que se crio o tal vez era un simple idiota mas del montón, quien sabe. Como iba diciendo, este hombre era un social compulsivo, no tengo forma de explicar ese término ni las ganas de averiguarlo, así que diré que este hombre sentía una necesidad por la aceptación de sus colegas, que a simple vista resultaban bastante irrisorias, pues casi todo el mundo busca esa palmadita en la espalda. Lo que diferenciaba a Pedro – Su nombre – era sus ojeras, pues cuando todo el mundo traíamos los ojos cansados al trabajo, el traía ojeras. El único que tenía evidencia física de haberse esforzado la noche anterior. Con trabajo pendiente, o proactivo, o lo que sea, era sin duda mucho más de lo que los ojos mediocres agotados por el mal sueño o mala follada que la gran mayoría solía traer. Lo que sucedía, si le preguntabas cual era la razón de esas ojeras, es que te arrepentías casi de forma inmediata de abrir aquella caja de pandora – perdón por el cliché, pero me gusta, pues es fácil de usar – de quejas y demás problemas, producto de su – según él – irremediable infelicidad

Agarraba al primero que le trataba con confianza y le vomitaba sus problemas encima, cosa que lo volvió una especie de burla andante en la oficina. Con muy triste desenlace por cierto. Pues Pedro era un contable demasiado mediocre, a pesar de sus amanecidas frente a la computadora, siempre había algo que se le escapa y arruinaba sus presentaciones, informes, proyectos, etc. Le había tratado de ayudar advirtiéndole que salir con prostitutas adolescentes tal vez era la causa. Aunque realmente no sabía que posible relación podría haber, aun así bien podía tratarse de un factor. Como sea, la forma en la que andaba de un lado al otro en la oficina hacía pensar que tratábamos con una puta bomba de tiempo, lo sabíamos los que conocíamos sus problemas, que éramos casi todos lamentablemente.

El día en el que decidió explotar fue un día como cualquier otro, aunque no del todo, pues era un lunes y normalmente – siempre – odiamos los lunes. Ya que era el día en el que más se la mamábamos al jefe, quiero decir, era el día de mayor papeleo y era exactamente el día que hacía que extrañemos el fin de semana anterior, que curiosamente habíamos utilizado – desperdiciado – en tratar de olvidar lo odioso que nos resultaría el inminente regreso del lunes. Así que en general, casi todos traemos unas caras demasiado cansadas como para preocuparnos en las caras cansadas de terceros, aun tratándose de supuestos amigos. Nadie importa los lunes por la mañana, los lunes del papeleo.

Lo sorprendente fue que Pedro vino con un aire renovador, aun con ojeras y todo, pero con la ropa limpia, planchada e increíblemente, con una postura erguida. Como si estuviese orgulloso de algo. Sin embargo, cuando le vimos, los primeros rumores fueron: “Seguro tuvo un buen polvo”, otros eran más incisivos, palabras como; “Seguro su hijita por fin pario al bastardo” y bueno, ya sabíamos cómo le gustaban los niños. Además de muchos “Ja ja ja”, existía también la duda de si había recibido una promoción o acenso, cosa que hacía que las burlas detonaran mucha malicia. Pura envidia sesgada por rumores y muchas más divagaciones en su mayoría. Si pues, hubo mucha maldad ese día. Lo raro fue que paso casi toda esa mañana en el baño, como esos novatos, pero relucientes, abogados que aun no encuentran un modo de matar sus escrúpulos sin sentir las consecuencias del actuar como hijos de puta. Así que se esconden del mundo y sufren en silencio en los baños para varones de sus asquerosas y pútridas oficinas. A Pedro le pregunte durante la hora del almuerzo la razón de porque esos nuevos aires. Ósea, que chucha le sucedía, y el muy necesitado de amor no paro de hablar.

Siendo casi todo sobre su fin de semana, como el hecho de que su esposa no le había jodido con tantas quejas, o como por arte de Dios su hija se comporto como la señorita universitaria que el tanto deseaba que fuese. Lo estúpido fue la razón que el atribuía al buen comportamiento de su esposa; “Tal vez tuvo un buen polvo” Y bueno, fue irónico y gracioso. Hasta algo listo. Pues era una clara insinuación hacia lo puta que era su mujer al ponerle los cuernos, pero él se reía. Ya casi cuando perdía el interés en preguntarle más cosas, me hablo sobre su inesperada pronta paternidad con una de las putas con las que solía coger. Shock inmediato, pero inmediatamente surge la lastima ajena. Algo de lo que estaba muy acostumbrado a sentir por los demás con los que la perra vida era hacia más desgraciados que yo. Puede que suene hipócrita, pero juro que de verdad no creía serlo. Producto seguro de esa – para mí – inconfundible ingenuidad, o hasta cinismo involuntario, además de discreto.

Sorprendentemente esto no le había desesperado, como obviamente hubiera cabido esperar en tan diminuta y patética figura. Al contrario, atribuía con vitalidad y orgullo que esa era la razón de su increíble renovación, y casi pude ver como sus pulmones se llenaban de puro oxigeno esperanzador. Como si ese embarazo fuese su boleto de salida. Algo extraño la verdad teniendo en cuenta todo lo que significa traer un bastardo al mundo. Puede que hasta haya pensado que Pedro hubiese alcanzado algún nivel de lucidez más elevado que el promedio. Cosa que no envidie, y por raro que parezca, también yo me sentí contento por el. Es decir, de algún modo el podría encontrar un camino propio – Otro cliché, pero altamente justificado – en el cual morir hambriento o de aburrimiento. Pues era jodidamente obvio que su final no iba a ser el de un hombre feliz, metafóricamente hablando claro.

También me hablo sobre sus planes de fuga, de que se trataba de una segunda oportunidad, que esta vez no metería la pata, y fueron tantas cojudeces que ni un solo consejo pudo cruzar por mi cabeza. Lamentable tal vez, aunque no me sentía responsable de él, pues ya estaba muy jodido aunque no se había dado cuenta. Fue sin embargo durante una de esas horas largas en el baño por la tarde que se dio cuenta, de eso estoy seguro. Posiblemente aun sentado sobre el retrete ideando utópicos escenarios de una vida feliz junto a su adolescente en algún pueblito ajeno a las hipocresías occidentales. Seguro había hasta pensado en nombres para su bastardo. Nombres como; “Nueva oportunidad” o “Última oportunidad” serian perfectos. Esta vez sería el patriarca de una familia feliz. Sin embargo, con cincuenta y dos años, no creo que el llegar a ser feliz sea una opción para nadie. Si pues, era enfermizo y cómico al mismo tiempo.

Fue uno de sus habituales burlones el que lo encontró destripado sobre litros y litros – exagerando por supuesto, pues Pedro no era hombre corpulento – de su sangre. Con los ojos llorosos y con la navaja aun en la mano. Al parecer había cogido la navaja de uno de esos burlones de escritorio y se había abierto el estomago. Habían intestinos y órganos y sangre, mucha sangre. Sepokutu creo que se llamaba a esa forma de suicidio que los samuráis consideraban el morir honorablemente. Bueno, el murió en un baño. Eso no fue honorable. Quizás penoso, pero no más.

Recordé a Pedro porque hasta ahora el solo me había parecido un hombre extremadamente infeliz, que se suicidio y nada más. Pero el redescubrir mi mediocre realidad a estas alturas de mi vida, solo me hace tenerle cierta envidia. Pedro había logrado tomar una decisión, no sé si la decisión adecuada o no, pero… ¡Maldición!, se trataba de una decisión al final de todo. Y eso era más de lo que yo y mi cobardía podíamos llegar a concluir. Pues la peor parte al redescubrir (Supongo que la primera vez que me di cuenta de que era infeliz fue cuando note cierta empatía solapada hacia Pedro) que mi propia vida no era más que una triste tragedia, fue el hecho de aceptar que era yo un hombre cobarde como el resto, para nada único ni especial. Pues si hubiese algo de eso en mí tal vez hubiese reaccionado. Reaccionado a la infidelidad de mi esposa, reaccionado al ampayarla follando y gozando en mi propia cama. Tal vez hubiera reaccionado. Seguro. No lo sé, pero si algo de rabia habría habido en mi interior seguro que hacia algo. Pero no había nada.

La vida es muy perra conmigo.

Pero por alguna razón siento que soy su puta, de la vida, no de mi esposa. Hasta ahora y apuesto que viendo solo la fachada – de mi vida – solo se trata de un hombre adulto relativamente feliz con su trabajo y con su familia. Pero nooo!! Mierda, que Soy infeliz. Demasiado como no puedo describirlo. Es mi existencia una especie de monologo interminable en medio de infinitas confesiones inútilmente aguantadas.

Soy un suicida en potencia, Soy un esclavo de mi propia cobardía. Soy la mala follada que le dio mi padre a mi madre, Soy el esperma enfermizamente suertudo, Soy el padre ejemplar e irónicamente nada paternal. Soy una mierda andante con un pene colgante que no sirve para nada y con la autoestima extremadamente estresada.

No haber hecho nada al respecto es lo que inicio toda esta tortura psicológica auto gestionada por mi propia persona, eso es lo más ridículo que he presenciado jamás. No puedo simplemente seguir mi vida como lo había hecho hasta antes de su infidelidad. No solo era descubrir que hasta ese entonces mi “No mujer”, sufría como todas las de su clase, mártires de la era moderna donde el consuelo dejo de ser el maldito consolador de veinte y cinco centímetros. Ahora todo se trata de la puta saturación superficial.

Un cobarde descubre su mayor defecto.

Es la cobardía, si no fuese por ella tal vez hubiese sido feliz, joder, no puedo siquiera plantearme ahora el ansiar toda esa magnitud de felicidad, que como dije, tal vez hubiese sido capaz de alcanzar un poquito de eso. Felicidad. Quizá…no sé y es por esa cobardía. Esa clase de cobardía que adquiere más significado en la realidad que en las películas, que resulta ser un granito de arena en el más extenso desierto. Es la confirmación de una inevitable realidad. Es esa cobardía que se filtra en el alma. La clase de cobardía que puede inutilizar tu miembro viril, tu puto pene. Tu engreído pene de cuarenta y siete años. Esa cobardía que hasta ahora solo se la atribuí a  Pedro y su afición a prostitutas adolescentes. Esa clase de cobardía que tantos años mantuvo y tiene atada a mi esposa con nuestro sufrido matrimonio moderno. Duele en cuerpo y alma.

Mata mi existencia una y otra vez con cada día que tengo que soportar. Con cada sonrisa que tengo que forzar, con cada hora que tengo que luchar con el tedio, con cada cinco minutos que tengo que masturbarme a escondidas por las mañanas antes de que todo sea  caída libre. Me mata con un sadismo extremo que entumece mis bolas y destripa mis entrañas.

Se hace un estrés corrosivo y antes de que lo percibas todo son puros malos hábitos. Agachar la cabeza y dejar que te mientan. Dar la mano a modo de saludo y maldecir su nombre en tu cabeza, etc. Esos malos hábitos que no suman a la recuperación de tu autoestima hecha mierda por la infidelidad. Una desgracia tras otra y se amalgaman en un asqueroso estilo de vida que te mata como el cáncer que mato a tu inexpresivo padre. Una dosis de auto sugestiona miento es lo que necesito, tal vez unas vacaciones, o renovar los votos matrimoniales, o un divorcio…Concluyo y solo se trata de sobrevivir. Aun cuando te de asco el follar con tu mujer.

Improvisando Elocuencia

El relato de ahora es uno que ya tenía escrito y publicado, pero que sin embargo al releerlo después de un tiempo considerable, decidí actualizarlo o modificarlo o revisarlo o reescribirlo. Mejor reescribirlo. Después de todo, todavía tenía algo más que dar.

La canción de arriba pertenece al disco “Automatic For The People” del 1992 de la banda  R.E.M. Año curioso, pues fue el año que – para variar – naci. Esta banda para mí solo significaban algunos hits. Y aunque los consideraba “Alternativos” al Grunge de los noventa. Nunca me atreví a escuchar algún disco completo de ellos. Cosa que ahora hice y de la cual estoy muy contento. Pues se trata de una banda muy buena. Todas las canciones tienen su propia resonancia, que combinadas con la voz de  Michael Stipe hace que se disfrute de forma exquisita.  La imagen de abajo es Will Farrell como Harold Crick. La verdad nunca me había gustado Farrell. A veces hasta existía una clase de rechazo mecánico. Sin embargo todo cambio con esta película  “Stranger The People”. Ademas Emma Thompson se luce.

Harold Crick Angry

Harold Crick Angry

 

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