La luna se mueve tan rápido como puede. Nada parece poder detenerla. Ni las abultadas nubes que al desplazarse junto a ella la envuelven en una especie de densa humareda, demasiado tangible por lo colgante y flotante. Como si seguir tu camino lentamente y sin nada de prisas fuese lo suficientemente pacifico, siento que así como Luna corre con prisa y sin fijarse en las distracciones, yo también debería intentar algo. Sobre todo ahora que no tengo ni idea de a dónde voy.

Sin embargo las estrellas, que condensadas y tensas por su involuntaria luminosidad, se desorientan por lo insano en las infamias de esas putas nubes celosas. Sucede que su impaciencia es pura fachada cuando se trata de fuerza voluntad. Pues al igual que su madre, ellas también saben brillar cuando todo el panorama a su alrededor parece estar pintado en un sucio negro desesperanzador. Pero no es ese color lo que ahora las enmudecerá. No ahora cuando Mamá esta tan cerca. Pues la extrañamos y necesitamos.

Alientan con fuerte coraje a su madre. Con fuertes intentos de brillantez, como emulando los parpadeos de los focos deteriorados del alumbrado público del barrio, quieren – y me consta – demostrarle a su progenitora que nadie las volverá a poner en contra suya, pues han madurado y aspiran a más que simples accesorios del “Cielo estrellado” de su padre el poeta enamorado. Pues está prohibido dejarse opacar por la nostalgia de un pasado idílico con el ya mencionado exterminador de promesas. Pues a Él le odiamos y a Mamá la amamos.

Todas juntas ahora existimos para celebrar su llegada. Brindaremos con abrazos y beberemos lágrimas de felicidad. Imaginaremos utópicos momentos compartidos solo para estar todas nuevamente reconfortadas. Saltaremos de entre imponentes palacios europeos a las cálidas y hogareñas tierras de nuestros ancestros, como quien cambia de viñeta solo por diversión y entretenimiento. Ya que ahora estaríamos reencontradas, bromearíamos y festejaríamos el dejar atrás antiguas rencillas familiares. Nos reconciliaríamos las rebeldes con las introvertidas, y las extrovertidas con las tranquilas. Pues todas somos hermanas y se sentiría muy bien el poder aceptarlo con facilidad. Depositábamos así nuestras esperanzas de forma solapada mientras cada una aguardaba con sus discursos el momento ideal de abrazar a Luna, nuestra madre.

Pero tuvo que suceder. Tuvo que acabar la canción. Mierda, eso significaba que Dios había despertado. Eso significaba que todo habría de terminarse pronto, para mis hermanas y para mí. Nunca más Madre. A él le odiamos y a ti te amamos. ¡Tú puedes! ¡Rápido Mamá! ¡Maaaaa! Gritaban. Luego, muy pronto se callaron los lloriqueos y las maldiciones. ¿Qué había sucedido? ¿Acaso Papá había vuelto? Nadie sabía cómo romper el hielo. Sin embargo lo que sabíamos era perfectamente que Mamá no regresaría. Y eso era una lástima. Pues ahora ya no habría razones para celebrar.

“Se hace de día” Dijo una de mis hermanas, cuando ya comenzaba el cielo a teñirse de celeste oscuro. Como si Padre aun estuviese aturdido por las malas noticias. Pues aun no terminaba por acostumbrarse el techo de madrugada a los cada vez más notorios rasgos de luminosidad en el cielo. Era fin de semana por la mañana, y era también hora de reconocernos entre nosotras. Pues era obvio que nunca más habría una mejor oportunidad que ahora, ya que con mamá presente ante nosotras no había escape posible a las inevitables confrontaciones familiares. Presente por supuesto, pero agonizante y en uno de los muebles recién estrenados en la sala principal.

Los noticieros estaban a punto de iniciar su ronda matutina de sarcasmos sangrientos disfrazados en conjeturas supuestamente simples y personales. Típico pero aun así asqueroso. Sera por lo reciente que estaba todo lo sucedido la madrugada anterior. Tendida en el mueble esperaba que el veneno para ratas hiciese su efecto. Mientras las pequeñas se dejaban idiotizar por la TV, las mayores nos cogíamos fuertemente de la mano como tratando de compartir algo la pesada carga que a partir de ahora cogería el nombre de “futuro” para nosotras y para el mundo a fuera de esta habitación compartida. Pues de aquí hacia adelante nadie estaría a salvo. Ni en casa ni en familia. Lamentablemente nuestro vínculo también moría intoxicado. Como ya antes lo había hecho voluntariamente el Señor de las rimas alegres y contagiosas.

Nunca nadie antes había vomitado tanto en tan poco tiempo. Su madre muriendo cada vez más rápido. Por la ausencia que alborotaba la tristeza saturada en sus espíritus. Como quien se muere de tristeza incomprendida. Ella solitaria como las mujeres abandonadas, recurría a las caricias de sus hijas para aliviar al menos un poco el dolor en su estomago. La removía por dentro, y ella ni si quiera sabia cual era la razón, ni mucho menos sabia que hacer al respecto. Solo sabía que quería olvidar. Se limitaba a llorar como una sufrida magdalena de pueblo joven. No se juzgaba su posible cobardía, ni su falta de coraje, ni su irresponsabilidad para con sus herederas, lo que sucedía era que simplemente Ella ya no encontraba un espacio en este mundo donde dejar caer sus huesos.

Esto horrorizaba a sus hijas, tanto que una a una se fueron desmayando por el impacto, solo las mayores tenían la suficiente fuerza de voluntad como para seguir acompañando a su madre en semejante trance. No era algo pronosticado, tampoco se trataba de alguna venganza de su padre para con su madre, pues sabían que aquel hombre de mediocre existencia no era capaz de perpetrar tremenda artimaña. Sobre todo teniendo en cuenta que era lo desconocido lo que violaba su interior.

Hermosa Luna desquebrajada

 

Arriba “Le temps de l’amour”, una hermosa canción francesa de 1964. La interpreta Françoise Hardy, una mujer también con “hermosa” como calificativo principal. Hermosa voz y hermoso rostro.

Abajo una imagen de la película “The Acuatic Life With Steve Zissou” del 2004 y dirigida por Wes Anderson. Sobra decir lo genial que me parece este cineasta – nunca mejor aplicado este término – joven y creativo. Sobre todo cuando yo lo considero ya dentro de mis cineastas preferidos. Pues es de esos que son capaces de crear universos interminables.

Padre e hijo por siempre

Padre e hijo por siempre

 

 

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