Bajo un cielo nublado nació a ardilla. Quizás otoño o principios de invierno. Durante un día feriado en medio de fiestas patrias su madre la pario. No era muy diferente a sus hermanos, a los cuales relevaba como novedoso e irreversible, al menos al inicio, como núcleo de la unidad familiar. De su hasta entonces cálido hogar. Pues era única en su especie, recién llegada, pura y sin contaminar. Una criatura inocente e indigna de los males que heredaría ni bien aprendiese a comportarse. Sin embargo se hizo adulta y todo se jodio.

Aun asi, no perdió. Ni cayó. Solo una presa mas para los fantasmas que se esconden detrás del espejo. Pues nació por la mañana con el único deseo de morir por la noche. Como en busca de alguna leve pero contundente sensación de redención. Algo que justifique su existencia luego de sobrevivir al naufragio de la juventud desperdiciada. Acumulando experiencias inútiles a modo de rompecabezas imposible de resolver mientras en la inspiración le increpa sus lamentables esfuerzos.

Y es que el almanaque de horas muertas no cuenta como ejercicio autentico de superación y continuidad. No para el Dios destripador que en su comunidad se desesperan por agradar. Pues se acaba el tiempo y en su interior ya no hay lugar para más perspectivas tristes o pesimistas. Ya que sucede que la poca lógica en esa sonrisa que se muestra siempre reticente a cambiar en su rostro no es compatible con lo miserable que se siente por dentro. Como ya murió en el interior número dos de su corazón, se niega a contemplar esas devastadoras consecuencias producto de su poca tenacidad.

Pues como la luna triste para los románticos, divaga demasiado y no concluye nada con la suficiente pasión que dote de algo real en lo cual escudarse. El resto es puro ardor. El resto son conversaciones inútiles acompañadas por silencios extremadamente tensos. Suda y transpira errores, y aun así no puede conformarse. No puedo extinguirse. No cuando existe una salida. La utiliza como razón para el mediocre sustento que le permitirá seguir alimentando esa enferma sonrisa.

Sobresaliendo de entre mundos distantes y paralelos al mismo tiempo, piensa en como reconciliar su negatividad con su optimismo. Sin embargo eso es buscar comer carne cruda con los dientes, es decir, cuesta demasiado aunque se goce mucho más del placer que con brindar con sangre en los cumpleaños.Se mira en el espejo buscando algo lindo que recordar. ¿Un rostro tierno quizás?. Se pregunta mientras deja que las historias con finales tristes de novela perpetúen sus cursis ideales en el asqueroso smog de su habitad compartida, como la vida misma a punto de vomitar.

Como termino por callarse esa aguda voz que le acusaba de forma continua, siempre se rebela al final del cuento. Pues ella sabe que todas sus flaquezas, todos sus errores, nunca podrán definirla por completo. No como los demás piensan que es correcto clasificarla, ni mucho menos como sus familiares se avergüenzan al mirarla. Todo eso no significa nada cuando la hora en el que por fin podrá eludir victoriosamente su ya destinada claudicación para con esta su desbordante existencia. Que tanta flojera acabara por perturbarla.

Como si supiese exactamente que pensaba desde el momento de su concepción, presencie como la ardilla escupió sus dientes sobre el lavado mientras que con pistola en mano encañono el interior de su boca y por ende el de su vida. Todo fluía de forma confusa en su cabeza. Como si realmente sintiese como su debilidad la había postrado de esa forma tan humillante. Al borde del suicidio y con más malas ideas aturdiendo su malogrado deseo de reconciliación. No había color a esperanza en ese imponente pedazo de metal apuntándola. Ni mucho menos calor.

Su aliento comenzaba a apestar a desesperación cuando comprendió que este sería solo un escalón más hacia el infierno, y aunque ya lo había aceptado como una consecuencia más a sumar a sus fracasos, de repente recordó el rostro de penetrante de su madre con el que se despidió de su padre, era sin duda la clase de arrepentimiento que nunca termina de tumbarte, pues te hace esclavo de necesidades horribles, como la nostalgia. Recordó también el olor a naftalina que siempre abundaba en cocina, como el hospital. Era tremendo recordar todo eso cuando se estaba a punto de reencontrarse con su crucificado progenitor. Sobre todo cuando la tristeza hacía de su pasaporte.

Sin embargo, comprendió tambien y casi de forma inmediata, que su destartalado corazón no era ajeno a mis sufridos intentos de conquista. De algún modo logro congeniar con mi pálido optimismo sobre el futuro. Pues la vi mirándome a los ojos, cuando quitaba aquella guillotina de su boca y llorando miraba el límite al que ese estado de deplorable depresión la había llevado.  Sin embargo existía un consuelo, o al menos parecía haberlo. Pues de entre todo ese llanto su mirada nunca se rindió.

Contemplaba el infierno desde un primer plano mientras el tiempo de vencimiento se alargaba cada vez más. Después de todo, logro ella distinguir algo en su reflejo. Algo mutuo, algo con lo que abrigarse. Nuestros ojos pardos sincronizarse cuando el silencio volvió a recuperarla y tranquilizarla. Para luego volver a colisionar con la siempre estrecha realidad, solo que ahora era diferente. Los dos lo sabíamos. Pues de algún modo que no lográbamos entender, nos compenetrábamos como dos engranajes que se engrasan mutuamente. Salvo su piel trigueña que contrastaba con mi condición color canela.

La ardilla congestionada

Built To Spill – There Is No Enemy (2009)

Arriba la canción alegre del disco. Ya antes me habían hecho mierda con sus guitarrazos y melancólicas canciones. Sin embargo ahora es diferente, pues creo que de algún modo he madurado. Pienso entonces que me contagian su estado de ánimo, pero que al mismo tiempo me nutren. Ya no todo es destrucción, y eso de cierta forma – aprendiendo – me consuela tremendamente.

Cillian Murphy, a propósito de “Red Lights” o “Luces Rojas” que me gusto a ratos, sin embargo lo mejor fue tener a Cillian como protagonista, no sé porque me gusta, será por su carita guapa o por sus ojos azules o por su particular forma de actuar, yo me quedo con la última que alivia un poco el peso de las dos primeras. Lo que si tengo por seguro es que me pondré de inmediato a conseguir la película en la que hace de psicopata, pero mierda que son muchas. Abajo dicho estimado actor usando un chullo rojo.

Mucho calor

Mucho calor

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