Cada día es aún más recurrente y contundente que la vez anterior. La abstinencia y sus putas consecuencias que no me dejan si quiera dormir. Como una niña con sus perturbadoras pesadillas a modo de premonición y antesala a la primera e irremediable menstruación. Quiero decir, se trata de una horrible sensación. El no poder gesticularte una excusa, sin necesidad de verte obligada a horrorizarte por lo irrisoria de tu hasta ahora única hipótesis. Y es que es demasiado bestial, eso de suprimir instintos por curiosidad o por ¿Inseguridad? Imposible. Las idioteces se terminaran cuando el recuerde su inferioridad. Al menos en teoría, al menos como un débil intento de reivindicación. Eso me bastaría, otra vez, al menos en teoría.

Y es que el saber cuál es la fuente de todas estas molestias no es tan apaciguador como a la mayoría de la gente le gusta aceptar, y que resulte tan fácil es aun mayor misterio que descifrar todas sus mentiras juntas. Pues es tremendamente frustrante el tener lo que quieres a la mano, y que por un estúpido (y ahora que me torturo con este puto monologo, es que logro entender) principio que se supone (otra vez, “se supone” odio eso) te volverá  a erigir como lo máximo de los placeres terrenales y supra terrenales, asumiendo – obvio – que en un posible infierno lo masoca puede que llegue a gozarse sin tapujos ni mierdas por el estilo, pues “allá abajo” hace un calor terrible, así que supongo, supongo, le encontraron un gusto, pues si no es así, están más jodidos. Pero es desviarse, lo que entiendo y acepto, es que donde sea puede que existan infinita clase de placeres, pero ni uno es tan sublime y efímero como el ya clásico y descarado orgasmo, sobre todo cuando hay amor, pues de esa forma todo se intensifica hasta extremos irreconocibles, e incluso llegan a rayar y contemplar el absurdo desde otras perspectivas nunca antes imaginadas – por lo cuestionadas – ya que hasta ahora no hay nada mas mágico como el acto sincero de absoluta e incondicional retribución.

Pero el idiota es terco, lo malo de eso, es que yo también lo soy, hasta quizás más que el, eso sin duda sería el peor resultado de todas estas últimas precipitaciones, o “flujos sentimentales” llamémosle. Pues sería una idiota de dimensiones extra normales si con mi terquedad logro envenenar la única resolución de estas mis últimas semanas de religiosa abstinencia. Puta madre que parece que el cielo va a colapsar por tanta pornografía mental en mi cabeza. Esto hace que los sueños ya no sean “húmedos” ahora parecen hasta tóxicos. Peor aun si te sumerges entre melodías melancólicas y baladas de indescifrable procedencia. Hace que mis huesos crujan por lo trepidante del ritmo del consolador, mientras yo lo imagino como el último prototipo masculino capaz de satisfacerme de forma que yo pueda recuperarme solo gracias a una clase de voluntad compartida.

Sin embargo, masturbarme no es tan angelical como lo era cuando tenía quince, quiero decir, al final de cada intento de orgasmo fallido (que ingenua soy, a veces claro está, pues mira que intentar un orgasmo con un puto consolador, aunque he leído cosas aun mas extrañas que esta ultima y humilde sugerencia) siempre queda entre mis labios el sabor amargo de la ausencia. Como una ligera sensación de hipocresía idiotamente aceptada. Como si masturbarse al final de tu funeral, fuese acto más digno. Metafóricamente hablando, obviamente, espero.

Pero le extraño, le comprendo y aguanto. Además estoy segura que el muy desgraciado – nunca mejor dicho – está en un estado más inverosímil de lo que inicialmente me empecine en convencerme. Pues le he visto de cerca, y creo firmemente que la fuerza de voluntad lastima en mayor medida – mucha – a los varones que a las mujeres. Por algo será que exigimos mas a la vida que ellos, ahora el “dar vida” cobra otro significado, al menos para mí. Ya que si antes era el un hombre joven con cierto carisma, y con un rostro nada lamentable, brillaba por sus actos y personalidad, ahora lo he convertido en un lamentable residuo de mediocre convicción. Como si el estúpido – no puedo ser mas brusca con el –  hubiese sido tragado por algún hoyo negro de somnolienta constitución. Pues ese su estado comatoso de los últimos días solo hace que lo imagine viendo porquerías televisivas con la luz apagada. Hace también que quiera rescatarle. Mierda que todo se hace cada vez más difícil. Es en definitiva, lo contrario a caída libre.

Como si todos los diálogos posibles para mi curación mental fuesen arrollados por la verborrea de un mutista involuntario, que más allá de torturarme sin beneficio mutuo, me vuelve loca por lo desorientada de mi flotante condición de enamorada frustrada (sexualmente hablando) siento que el antídoto es también mi única salida. Todo parece confirmar lo enferma que es esta estúpida abstinencia.

Aun así, he aguantado todo lo que pude. Así que, poco importa si el sentimiento es mutuo (y dudo muchísimo que así sea). Pues mis hormonas están en constante erupción, tanto que comienzan a perturbar a mamá con su modernismo sacado de matinales de tv. Sin duda alguna tengo ahora un sutil, pero importante conclusión, y sé también que sus coquetas y deliciosas miradas lo entienden.

La Tortuosa involuntaria

Mi última novia se llama Ibadet Ramadani, vocalista de la banda “indie” Super700 que este año ha sacado un disco muy bueno, con canciones que fácilmente etiquetaría como bestiales. Pues temas como “Descente Snow” , “21st Century Girl” y “Life With Grace” son buen pop rock, además otros como “Old Moon”, “My Bones” son para mí canciones bestiales.

Encuentro también en la voz de esta musa atemporal (Suena mucho a nostalgia) algo que llena todos los huecos que con mi subjetivo modo de ver la música – y no va a ser de otro modo – de forma que el disco entra perfectamente en esas que se recuerdan de vez en cuando. Sobre todo si fue producto de una semana de intenso trajín. Abajo la hermosa mujer de esta semana.

Sigues siendo sin duda terreno para románticos suicidas.

 

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