Si el amor en tu estomago te resulta cursi, definitivamente es novedoso. Para los que lo experimentan. Para los que lo contemplan. Como ver a un niño caerse infinidad de veces al pavimento, cuando trata, intenta, caminar. Una experiencia majestuosa. Una novedad que aturde el cronograma de la rutina. Pues en un mundo en el que la rutina nos ha nublado – podrido – el instinto, es ese acto – nada sutil – de cursilería lo que podría volvernos a la realidad. O al menos intentarlo. Pues ser ingenuo es mejor que ser pesimista.

Te recupera de entre los muertos. Pues aquí se es más cálido que en tu habitación. Aquí las corrientes de aire te revitalizan. Como oxigeno en los pulmones. Autentico oxigeno y no esa mierda maloliente que suele dibujar un rostro inquietante y derrotista, como quien extravió su vocación en algún lugar. Como unas vacaciones espirituales. Esas de las que no puedes escapar. Sean para bien o para mal, no hay salida. Pues los tormentos que experimenta el ser humano son tan auténticos como las arrugas y canas que desprestigian su rostro. Despotricando y poniendo en tela de juicio la veracidad de un salvaje pasado. Pues el mayor pecado según muchos es el de haber desperdiciado una vida. Aun cuando la mayoría de los que nos lo dicen cargan eso precisamente; rostros arrugados, cabelleras canosas, e incluso son de naturaleza calva. Horrible. Como unos jóvenes en estado de putrefacción y con los sentimientos hechos un puto drama.

Pero el no. El no era así. El era una especie de minusválido emocional. Pues el no trata de aprender a caminar. Ni tan siquiera trataba de encajar. Lo cual me entero y luego de pensarlo detenidamente, resulta aun más ingenuo de lo que se pueda imaginar. Pues él no estaba libre a las distintas interpretaciones de las distintas clases de humanos a su alrededor. Interpretaciones extremadamente subjetivas claro está. Como es el caso de mis amigas golondrinas. Ellas disparan sin importarles mucho si aciertan o no. Y creo sinceramente que he tenido suficiente información al respecto. Sobre cómo tratar con esa clase de antisociales. Pero para ellas todo detalle es tan importante como esa perspicacia de la que hacen gala en cada sesión frente al espejo. Son muy superficiales sí. Pero también muy sexuales, y eso a veces dice mucho más de lo que cualquier cliché pueda expresar.

Se trata de dejarse llevar, por los instintos y por la resonancia que puedas sentir de parte de la persona en cuestión. Como un ligero cosquilleo en nuca. Como un delicioso humedecimiento en tu entre pierna. Una clase de expresión intensa y a la vez muy delicada. Como ahogarse en contracorriente innumerable número de veces, solo por la débil sensación de reciprocidad en tu corazón. Luego está el misterio que su involuntaria indiferencia hace que te cautive aun más. Pues no es su aspecto físico lo que te interesa, eso es muy trivial cuando lo que te excita son sus labios o su mirada. Como dije, extremadamente cursi. Como la de un atormentado. Pero aun así no importa. No importa el que dirán, no importa lo que el dirá. Pues sabes que si ese sentimiento en tu cabeza es lo suficientemente espacioso como para acoger algún atisbo de mutua comprensión. El resto será absoluta fluidez. Una fluidez sexual y sentimental. Como la dosis necesaria de adrenalina que se necesita para sobrevivir a la rutina. Como parir un hijo y sentir muy en el fondo que de verdad lo quieres. Se trata de sentir que expandes tu existencia de forma irremediable. Algo de lo que estar orgullosa.

Sin embargo, la pregunta sin respuesta en mi cabeza, era la de porque ese extraño joven de cabello engominado y de tez costumbrista, parecía no cargar algún atisbo de interés en mi. Por mis sentimientos, por mi inteligencia, por mi elegancia, incluso por mi cuerpo. Ya que ese rostro inexpresivo no me daba pista alguna, decidí que era necesario y sumamente urgente el tener que interpelarlo. Las preguntas serian; ¿Eres homosexual? ó ¿Eres lesbiana? e incluso ¿Te gusto? Esto asumiendo una postura agresiva, obviamente. El otro modo seria, “Hola, me llamo Laura…Hace calor verdad…” Esto suponiendo que tenía que ser coqueta y tierna al mismo tiempo. Algo que no había previsto, aunque esperaba que el escote funcionase lo suficiente. No sabía si reaccionaria correctamente, o incorrectamente, o innecesariamente, e incluso existía la posibilidad de que no reaccionase. Eso sin duda sería la peor respuesta de todas. Pero es que soy tan tímida…

Hacía de mi curiosidad una cacería. Y yo de su timidez, que a simple vista solo despertaría mera curiosidad, una clase de magnetismo ocular. Pues no le quitaba el ojo de encima. Aun cuando él se daba cuenta. Mierda que parecía una pinche quinceañera. Él era entonces algún tipo de encanto enternecedor. Como esos niños a los que no les gusta conversar, pues ya saben lo que es el rechazo. Pues esa clase de niños no les tiembla los escrúpulos a la hora de decir lo que piensan. Fea, Perra, Idiota, Aburres, Te Odio y otras constantes. Niños grandes. Niños adultos. Niños con traumas. Niños descascarados. Sin profundidad ni malas intenciones. Existen solo por pura casualidad y deciden hacerlo sin remordimientos. Esa clase de actitud. Un fuerte intento de sumisión ante la adversidad. Cobardía dirán algunos. No importan. Pues esa clase de conceptos solo los limitados saben sustentar. Y es extremadamente aburrido.

Pero como despiertas el interés de alguien que a simple vista existe solo por pura mediocre motivación mal dosificada. Ni puta idea. Ni después de habérmele insinuado. La verdad comenzaba a creer que realmente no le gustaba. Y eso la verdad es muy doloroso. Sobre todo cuando estas acostumbrada a las miradas de esos idiotas. Por todo lado. Supongo que esto es una clase de milagro. O tal vez exagero. Quizás no…No importa. Pues de algún modo siento que él me comprende. Y me niego rotundamente a creer que todo esto que me pasa son puras hormonas en estado hipser. Me niego. Joder que me ruborizo. Pues hoy tengo clases con El y hoy será definitivo. Sí. Pues si no es hoy no lo será nunca. Tengo que hacerlo. Tengo al menos que intentarlo. ¿Verdad?

El me seduce como a una ingenua. Y es por ese su corazón lastimado que siento que puedo ser la dosis oportuna de cursilería para mi inexpresivo atormentado. Ahora y después de ultrajar ese disfraz de distanciado antisocial que viste. Pues creo que juntos podremos consolidar algo muy parecido a autentica Fe. Pues el salvo a mi antigua Yo de ahogarse en apestoso vomito pesimista. Pues lo que siento es real. Una clase de sentimiento compartido que no necesita pruebas ni cuestiones tangenciales. Solo dejar que fluya. Ya sea placer o dolor, no importa. Pues el premio es aún mayor. Es comprensión.

Cursi atormentado

Frances The Mute. Asi se llama el disco al que pertenece ese pedazo de canción. Tremenda por donde se mire. Supura amalgamas de sentimientos. Indescriptibles a veces, irreconocibles otras. Pero autenticas todas. Omar Rodriguez Lopez, lo tenia pendiente hace mucho tiempo. Y ahora que escucho su guitarra, solo puedo dejarme llevar. Demasiado la verdad. Abajo la portada del dicho disco del 2005.

To

Todo es silencioso cuando la sangre en tu cuerpo termina su recorrido final.

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