Se suponían muchas alternativas en su cabeza. Cuanto más excitante mejor. Sabía entonces que nadie sobre la tierra podría comprender en su totalidad lo que significaba amar una conglomeración de emociones, ardientes todas, que destartalaban su ego en  palabras miserables de autoengaño. Se trataba de puras confabulaciones imperfectas por parte de esos sus claustrofóbicos fantasmas en su cabeza. Pues ella era increíblemente toxica con ella misma. Como el rostro del héroe que todos suprimen en el pasado y en la inmensidad de la infancia.

Solo en mis sueños eres constante…
Como la virgen ingenua que en tu claudicado corazón reprimes.

Solo en mis sueños eres la ansiada retribución a mis envejecidos sentimientos.

Como un contaminado imaginario te extiendes…

Aun así te arrastras y Sobrevives para consolarte una vez más entre delirios de seguridad y entretiempos saturados en optimismo gratuito.
Esperas a por más como la adicta involuntaria de palabras melodramáticas que eres. Compartiendo sádica furia incomprendida a modo de baladas románticas. Aun así te recuperas de esos interminables infiernos para reiniciar esos detestables círculos viciosos devoradores de almas…

Y arrodillaron a la pequeña princesa

Ardor y dolor transgredieron su desfigurada mirada

Perdida y desorientada escupió sus dientes de leche

Desvirgada y vomitada.

La pequeña princesa vagabundeo por toda esa suciedad para al poder al final montar su turbulento recital.

La vida no parecía terminarse, hasta aquel día en el que su corazón comenzó a confundirla. La distraía con distintas ilusiones irrisorias le proporcionaron su ansiada seguridad. Pues había trazado su vida en busca de un estado de gracia que le alejase de esa rutina asquerosa en pos de un autentico romance. Antes de morir. Pues ella tenía mucho para dar y nadie parecía apreciar sus buenas intenciones.

Esta ciudad aquí está de más

Estos ciudadanos aquí no sirven para más que aturdirse por sus propias y estereotipadas limitaciones.

Estos niños aquí no son más encantadores que unos cuervos masticando un putrefacto pedazo de carne tirados en el suelo.

Este santificado ambiente de esperanza a mi alrededor no es más puro que todo el metano pudriendo mis pulmones.

Aun así sonríe. Ella sonríe. De un modo enfermizo y absurdamente teatral. A pesar de esa mierda que es obligada a contemplar. La vida misma dicen. Como si esa realidad confabuladora que la retiene no fuese lo suficientemente perra con ella. Aun cuando todos esos miserables la habían terminado por asquear su sentido de sexualidad. Sonríe aun sabiendo que en club de las retiradas la envidian por ser esa mujer que desperdicio su vida intentando vivirla. Sonríe de una forma retorcida cuando a sus nietos tiene que acariciar. Le sonríe a un mundo en llamas

Les sonríe a sus odiosas nueras y a sus inútiles maridos. Le sonríe a algún recuerdo de un pasado reconfortante, con el cual era extremadamente cómodo acostarse. Le sonrie a esos buitres al asecho. Le sonrie a su familia aun despues de haber saboreado todo ese desprecio escupido por cada uno de sus miembros. Le sonrie a esas putas resentidas que se hacen llamar sus amigas, de un modo macabro deja escapar mensajes sarcasticos a modo de sonrisas entrecortadas, pero honestas. Me sonrie a mi y a todo lo que represento para ella, Nada y el vacio que según ella expreso con cada mirada que le lanzo. Sonrie sin importar que su belleza se marchite con cada intento gesticular cumplidos. Sonrie en busca de algo que sabe ya no existe. Pero no importa, aun asi lo hace. Pues ella lo necesita. Sonreir.

Es extraña para consigo misma.

Pues aun después de haber viajado la autopista de miles de horas y kilómetros. Una autopista agitada y viciosa. Su autopista. Su viaje y la historia de su vida.

Un viaje que se elevo en adrenalina pura durante sus momentos de juventud, pero que sin embargo es por hablar de temas maduros que se perdió en ese tópico ahora industrial de absoluta decadencia llamada vida familiar.

Sentía como su vitalidad se marchitaba con cada acto de complacencia gratuita en su esposo y supuesto amante. Pues el amor en su corazón le engatuso cruelmente. Como un fugaz orgasmo. Una cortina de humo para la jovencita inmortal de su intrépido pasado. Pero ella se sintió segura en esas cuatro paredes. Alimentando su saturada esperanza, mientras sus pequeños cuervos jugueteaban muy hiperactivos por su esmerada y poco pintoresca salita. Mientras ella trataba de entender algo de toda esa furia contenía, que a modo de punzantes palabras, le escupía en el rostro el estresado de su marido.

Eran momentos así cuando se empecinaba en ahogar su paciencia en ingenuas ideas de mejoría en el clima familiar. Pues no podía colisionar. Evitaba cualquier tipo de confrontación con la realidad a su alrededor. Pues el olor en su burbuja era más placentero que ese hedor que la rutina para afuera desprendía. La idea es clara en su mente. Ya que ella nunca olvida el rostro de esos decapitadores de la inocencia llamados gente correcta. Y ella nunca olvida.

El ambiente familiar es cálido

Como una catacumba de pasiones ocultas.

La poesía que encontraba en la sociedad era como prometerle a una enferma terminal un cambio en su irrefrenable camino al letargo infinito. Como si la puta desfigurada por el salvaje de turno, creyese en el amor y sacrificio depositado en su pequeño buitre le salvaría de ese asqueroso pasado. Puros rostros irreconocibles.

Como si  el espejismo en el que viven aquellas madres abnegadas de mi patria no fuesen lo suficientemente convincente como para destripar la conciencia del hipócrita ciudadano de a pie y que con sus propios problemas de la mano va. Como convencer al ferviente enamorado que la energía que siente no es más especial que ese breve momento de orgullo paternal que parece justificarlo todo. Era como vivir en un engaño demasiado sabroso. Demasiado cruel. Demasiado negro.

Recuerda esos momentos que significaron mas revoluciones en tu interior que el de algún puto atardecer masticando tú alma no puede lograr. Así me la llamaron animal introvertido, pues suda y jadea como todos los demás, pero es por su minimalismo en esas sesiones de introspección por lo que la desterraron. No encajaba y eso la lastimaba. Su autoestima y todo lo que eso representa. La naturaleza sentenciando su nacimiento con una cruel hemorragia interna en el interior de su madre fue su bienvenida por parte del bondadoso Dios de sus padres hacia el mundo.

Se arriesga y pierde. No importa.

Pues sabe guardar silencio.

Sufrir en silencio.

Sobrevivir en absoluto silencio.

Como una agonía perturbadoramente alargada. Sus sentimientos y sus constantes suicidios emocionales. Como una adolescente introvertida. Suspirando y ahogando ilusiones. Espera a por el día ideal en el cual podrá vivir y morir eternamente. Pues es Ella acariciando las entrañas de su madre la confirmación definitiva del amor y odio heredado. Como una solemne declaración de principios. Como una hermosa gaviota extinguiéndose sobre el océano.

Extinguiéndose ante la inmensidad

The Flowers of War

The Flowers of War y Zhang Yimou. Es graficar como el perdón puede resultar más peligroso que la simple omisión de la verdad.  Pues esta película transmite más que el inmediato impacto en cada escena. Crudeza con cada lagrime en sus personajes. Pues con cada compañero muerto que cae a tu paso, solo puedes lamentar la espera e incertidumbre del no saber cuándo será tu turno.

Existe cierta clase de belleza en esa desesperación. Autentico miedo envuelto entre hambre y extremo egoísmo. Pues en momentos como esos que los humanos se quitan esas tan acostumbradas mascaras de a diario a por sus asquerosos rostros de siempre. No importa. Pues en ese autentico caos pueden llegar a sobrevivir las más hermosas flores. Entre prostitutas e infantes vírgenes del convento de Dios. Se dan de la mano, la traición y la reconciliación.

Abajo una imagen de dicha pelicula.

Mi odio supera cualquier intento de reconciliacion.

 

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