Cuando termine de maquillarme, note que algo había cambiado en mi rostro. Como un drástico despertar. Mi asco sincronizaba con el impacto en mi mirada, todo el paquete reflejado en el espejo de enfrente. Como un brusco cambio de los acontecimientos la saliva resbalo de mi boca hacia mi playera, pues mi impacto era tremendo. Era como un golpe en el estomago y una vuelta de regreso a la realidad. Un revolcón y nada más. Salvo ese distorsionado rostro que me trastornaba, aun tenía planes la noche.

Mi piel se caía en pedacitos, como si de pintura seca y vieja se tratase, se descascaraba en mis mejillas y caía cada pedacito lentamente, podría jurar que lo veía en cámara lenta. Como hojas secas. Mi piel blanca y extremadamente suave. Lo que me jodia era ese estado de impotencia. Era frustración absoluta. La comezón también.  Ya comenzaba a desesperarme. Pues era Viernes con el reloj marcando las 21:00 horas. Además estaba el hecho de que mis amigas me esperaban en la San Francisco, en el centro de Arequipa estaban ellas impacientes. Pues es mi cumpleaños número treinta y tres, y se supone vamos a celebrarlo. Stephanie y  Laura Jigash. Gemelas las dos. Y mis mejores amigas. Si supiesen por lo que pasaba seguro me ayudarían. Con más gritos que ayuda, pero de seguro sería diferente.

Más aterrador aun, fue el ver que el color de mis ojos había cambiado de los azules que mis padres me heredaron, hacia unos inquietantes ojos color pardo. Y comenzaban a lagrimear. Me sentía extraña, muy inherente a los sentimientos que solían acompañarme cuando me observaba. En el espejo, en las fotos, en lo que sea que hiciese juego con mi paciencia. Pues aparte del glamur que obligatoriamente debe haber con cada contemplación en el espejo. Estaba el hecho de que mi miedo comenzaba a asustarme en sobremanera. No sabía qué hacer para detener el ritmo con el que se despegaba mi piel que comencé a rascarme la quijada como si un mosquito me hubiese picado. Mala decisión.

Cada vez que hurgaba mi deteriorada piel, sacaba un trocito más. No había sangre, pero el dolor era en cierta manera extraño. Pues de algún modo sentía placer luego de hacerlo. La herida se hacia una costrita con la que hurgar. Tenía una sensación de abandono total en mi interior, pues no había nadie. La desesperación sumada a la impotencia comenzaba a sumirme en un estado de claustrofobia escandaloso. Pues ya gran parte de mi mejilla derecha hacia abajo no existía, sumado al lado que da la mandíbula izquierda inexistente, lograban superarme. Mis lágrimas apenas salían, pues me había cansado de llorar guardando la compostura y había dejado diluir mis lágrimas en todo ese miedo. Y esa puta sonrisa enfermiza de dientes blancos en medio de pura piel extremadamente negra me ofuscaba. Pues mis pómulos se marcaban demasiado por dibujar esa sonrisa. Y ni si quiera era mía. Una asquerosa sonrisa forzada. Mi cuerpo que se independizaba de mis deseos. Una voluntad ajena a la mía que me superaba. Comenzaba a creer que el sentido de mi existencia se veía frustrado. Una especie de muerte temporal. Pues la tristeza imperaba.

El miedo a lo desconocido no pasaba. Se mezclaba con todos los miedos que muy en el interior los había ocultado. Como ese corazón destrozado por la falta de vocación en mi interior se hiciese notar, lo sentía bombear sangre desesperadamente. Como el hecho de que no confiase en nadie aparte mío que me empecinaba en disfrazarme de una moderna superficial mas del montón. Como el hecho de que despreciase en demasía a mis gemelas amigas, pues se tenían una a la otra, y yo estaba hecha una paria en los corazones de mis hermanos. De mi familia. De todos y nadie al mismo tiempo. Destrozando mis días en agonizantes horas e el trabajo. Un odio tras otro sumándose constantemente y yo arrodillada sobre el suelo cansada de llorar. Pues nadie me encontraba.

El mundo era una pesadilla y Yo un sueño contaminado. Pues había pasado mi vida de largo y yo no tuve tiempo de concluir nada. Un libro a medio leer. Algo que no vale la pena. Un maldito dolor era uno de los síntomas de insania mental en mi cabeza. Debían de serlo, pues el rubio de mi cabello no hacia juego con todo ese vacío de piel alrededor de una solitaria y enferma sonrisa. Pero sentía demasiada curiosidad como para dejar de hurgarme. Mi rostro y ese vacío que hipnotiza mis ojos.

Cuando el mundo que daba a mis espaldas exploto, por fin pude reconciliarme con mis rencorosos labios. Pues esa ingenua de eterna paciencia había humedecido sus labios incontables veces con demasiados ingratos bastardos. Hombres que van con la vida en una mano y con la otra jalan su hipocresía. La habían lastimado demasiado, cuando encontró en la superficialidad de la vida contemporánea un refugio a toda esa su mediocridad anterior. Pero es cuando milagrosamente consigue extirpar esa idiota necesidad de acompañamiento de su cabeza que logra encontrarle sentido a esas resbaladizas palabras de esos numerosos epitafios que adorna su idea de realidad.

Enloqueciendo en silencio. Viviendo una tangente existencial. Jadeaba y balbuceaba. Nunca verbalizaba. El sudor lababa mi rostro mientras mis dientes temblorosos me inquietaban durante ese prolongado silencio de regreso.

Hace demasiado frio, pero eso no es nada comparado con la calma que ahora siento. Puedo respirar, puedo sonreír. Soy sincera una vez más. Me alegra. Pues esa exasperante sonrisa se ha esfumado y con ella mi fiesta de cumpleaños. Mis manos tiemblan imparables cuando me acaricio el rostro. Estoy vacía pero eso no importa, pues en total aceptación me encuentro sumergida. Trato de levantarme, pero resbalo con la sangre sobre el suelo. Intento una vez más, y con mucho esfuerzo logro apoyarme en el lavamanos. Jadeo y armada de valor me enfrento a ese terrible espejo. Me contemplo y estoy en calma. Pues ese demonio de irreconocible aspecto ha desaparecido de mi rostro.

Una vez ahogado e intoxicado entre palabras melodramaticas mi voluble corazon, encontre una cancion para cantar cuando estoy solo. Resusito e improviso un estilo de vida contaminado. Pero sobrevivo como naufrago ausente entre olas de horror y dolor. Niña otra vez o adulta quizas, son las unicas precensias en esta habitacion. No pudo el miedo tumbar la puerta, es por eso que se siente tan calido justo ahora. Todo fluye, pues aun existo.

La musa destartalada

La muerte de esta gaviota es tan hermosa

Se hace parte de un todo con esa continuidad eterna llamada Naturaleza.

Sera por esta agonizante voluntad, que lograre escapar de este mi presente indiferente.

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