A donde se fue la buena suerte, no lo sé. ¿Por qué se mostro de esta forma tan peligrosa? La respuesta siempre me es incierta. Lo único en lo que puedo pensar es en como la quiero recordar. Tal vez me figuren producto de una mente irregular, ó en su defecto alguien escrupuloso solo cuando le es conveniente. Pero resulta que soy tan humano como el más miserable de todos, y es eso lo que más me perturba. Siempre es un monologo de teorías cerradas, mis rutas de escape. Nunca un pronóstico de cambio. De rumbo, De hábitos, de nada…Una puta vida ordinaria y duele como tal. Pero ahora me encuentro tan atascado que desearía desparecer aquí y ahora. Sucede que es imposible.

No es verdad. No miente cuando habla, pues escupe verdades como jugando. No existen mentiras blancas cuando se habla del dolor. Solo existe agitación y el resto es pura especulación. Toarías sin fundamento que solo cosechan hipótesis intrascendentes. Pero existe ella. Y esa dependencia hacia mí que como el más ingenuo de todos, acabe por encariñarme. Sucede y soy el paciente en la sala de espera que funge de presumido pero que sin embargo es por su volátil corazón que no logra distinguir una salida. Pero es que aun existe ella. Una interrogante en mi vida sin concluir. Una amante comprensiva como egocéntrica acostumbra ser. Cariño. Es eso y todas sus consecuencias que me siento que los espacios se desvanecen como jugando a cada segundo, mientras espero a la mujer de blanco llamar su nombre.

Ni cuando folla es ella un accesorio. Una contraparte demasiada inoportuna al ritmo de vida que llevaba. Me muerde y la excitación es indescriptible. El resto son noches de pura adrenalina mal controladas. Por ende, ocurre un inesperado bache en el resto de mi vida. Quizás el final. No sé. Y tengo el presentimiento que nunca sabré el resultado. Un final trágico coaccionado por una musa que supura sexo por todos sus poros y un introvertido demasiado desalineado para los tiempos que corren. Esa se supone es la premisa del discurso final que debería cerrar con broce de oro el monologo desgarrador. Pero es que siento que cuando siento que nadie me escucha aparece Ella y sus particulares artes que me hacen sucumbir. Lo curioso hermano mío es que cuando ya estoy demasiado cansado de resistir, no la agonía ni toda esa amalgama de sentimientos mutilados lo que me envuelve, es Ella y sus húmedos labios rozando mi rostro lo que me devuelve de esa atrofiada forma de existir.

Dios, tierna se suponía que tenías que hacerla. Es ella una criatura que me resulta extremadamente adictiva por pura imperfección compartida. Masticando mi corazón con cada resoplido de aire, no duda Ella en demostrar su aburrimiento en la sala de espera. Agita sus pies constantemente pero sin llegar a la exageración. Me toca las manos intentando dar muestra de cariño a modo de una inocente caricia mientras yo en mi cabeza solo existe una palabra; Eutanasia. Me mira, le miro. Nos miramos. Nadie observa. Solo esperamos. ¿Me ama? ¿Me odia? ¿Qué hacer?…Nada nuevo surge. No cuando ella está cerca mía acariciando mis sudorosas manos. No con esa mirada suavemente esperanzada clavada en mi. Y es que Ella existe desde que tengo huso de razón. Desde que volví. Desde que me recupero. Ella conoce perfectamente el índice de todas mis experiencias y yo la necesito por alguna razón que ya ni siquiera recuerdo. El subconsciente manda al corazón cuando este solo bombea desesperación. ¿Seré un inocente mas agonizando entre miles al mismo instante?

Inocentes. No existen. Se extinguieron por idiotas, e ingenuos. Y es cuando siento el sudor resbalar por mi frente que entiendo que no existe razones suficientes para que yo sigua intentándolo. Que el que nos hagan esperar no quiere decir que sea con buenas intenciones.  Ahora sin embargo no puedo escapar. Solo puedo esperar. Odio esperar. Sudo y mis dientes comienzan a temblar. Imposible. Increíble. Demasiado.

Pienso. Pienso. Y nada es como quiero; concreto, táctil, definitivo, concluyente…Todos son finales abiertos a distintas interpretaciones. Odio eso. Miradas exageradamente llenas de determinación, y algo más que siempre falta por identificar. Seguridad y confianza se supone. Yo no. Aunque sabía muy bien que era una pose autoimpuesta, pero sucede que es más fácil engancharse a una pose por pura costumbre que a una verdadera personalidad por y con veracidad y honestidad. Aun así, Ella me mantenía a un intento de colapsar, con palabras que codificaban los sentimientos que Ella aguantaba en su interior; “Te quiero” y “Estamos juntos”…Lo peor de todo es que yo le creo. Me confundo mas cuando tengo tiempo de pensar las cosas, pasa a menudo. Evalúas tus patrones de comportamientos ó por decirlo de forma más gentil; examinas tus hábitos y costumbres. Luego te indignas con el resultado. Cruel ironía disfrazada de estilo de vida. Ese soy yo. Para luego reconfortarte con la excusa de que eres normal, como todo el mundo. Sin embargo concluyes que todo se trata de un estado de ridiculización inverosímil, que solo sirve aliciente personal motivador de la rutina – vida – con puros intentos de negación mal desarrollados. Acaba contigo todos esos planteos y replanteos, no pensar en ello es mejor opción. Siempre. Mientras esperábamos que la señora de traje blanco llamase su nombre recuerdo que no debo pensar. No debo hacerlo. Pues solo trae problemas. Incordio y más palabras que se ajustan mal mientras trato sobrehumanamente resistir la espera.

La espera se hacía muy floja, cada minuto era demasiado tiempo en mi cabeza. Lo curioso es que no recuerdo concentrarme en una idea en específico. Muchos desvaríos. Nada fluye. Lo que quiero nunca existió. Además está el sudor. Sí, mucho sudor resbalando por entre mi frente, mejillas y manos. A nadie le gusta esperar, pero cuando se trata de una espera de vital importancia sientes que es aun más infinita la espera, física como mentalmente. Muchos rostros en la sala de espera, ni uno familiar, salvo la suya que aun no parecía inmutarse demasiado, no tanto como para mostrarlo. Asumía entonces que en su cabeza debían de haberse desatado todo tipo de tribulaciones emocionales. La conocía lo suficiente como para asumirlo de ese modo. Aun así, descarada e insufrible como era, la estimaba tanto como amar podría atreverme a intentar. No hay música de fondo mientras espero. Estoy yo y ella, estoy yo conmigo mismo, estoy yo y la angustia. Y por supuesto estoy completamente solo. Sí, eso es más seguro que presumir compañía cuando todo el mundo sabe que al final se muere en soledad absoluta. Puede que esa sea razón suficiente para su increíble maldad y egoísmo para con el mundo que les pario. No les odio. Odio su forma de ser. Pero les tolero, pues es que yo soy tan hipócrita como ellos. Si. Yo también frustre mi verdadera pasión por esta supuesta pasividad que es mi estilo de vida. Que bien puede tratarse de conformismo mal llevado. Pero es que yo no quería sufrir. Era mi único objetivo en la vida. Además estaba la pintura. Pero nunca le dedique el tiempo y ganas que ameritaba. Lo cual me llevo a otra conclusión. Sufriría de igual modo. ¿Entonces que hice? Decidí ignorarlo. Mala decisión.

Esto es una confabulación imperfecta. Pasado y presente unidos con un único objetivo. Destripar el futuro, en la sala de espera, y en el interior de mi alter ego femenino. Existe aquí y ahora. Y yo solo puedo cruzar los dedos en busca de algún acto misericordioso por parte de alguna divinidad a la cual si no fui fiel, prometería hacerlo de inmediato, si tan solo me concediese ese atisbo de esperanza que tanto deseo. Definitivamente respiraba angustia y transpiraba pura desesperación. Era yo esa clase de retrato que lo único que puede despertar en uno es desilusión. Se trataba de sueños rotos. Estaba sucediendo y lo único que podía hacer era esperar una buena noticia en la sala de espera donde solo se va a recibir malas noticias. Mierda que sufría. Ella sin embargo lo hacía de un modo tan solapado que lejos de apaciguarme, solo me incomodaba.

Son veinte y cinco años, y a punto de irme a la mierda. Es como cuando haces alguna travesura que lejos de ser un leve intento por llamar la atención de tus ocupados padres, se convierte en un acto de maldad incomprendida. Esa clase de maldad que cuando eres niño te tratan de extirpar con refranes moralistas, advertencias mal intencionadas, y con vidas extenuadas por sus notorios fracasos a modo de crueles analogías, en otras palabras; Muchos malos ejemplos. Y no es que ansiase una vida tranquila, de verdad necesitaba una vida tranquila. Una rutina, la cual iría perfeccionando con el tiempo.  Pues era joven y tenia eso que ahora parece escasear; “Tiempo”. Pues yo no tenía prisa. Nada parecido con mis contemporáneos, prospectos de futuro demasiado prometedores. ¿Demasiado para quien ó qué? Para ellos mismos y sus ganas de notoriedad, además del mundo laboral que de por sí ya está muy podrido. Yo iba por otros rumbos. No era mediocridad. Era sencillez, una forma de vida que no transgrediera otras y que me sirviese de ejemplo de lo que un hombre serio se suponía debía ser. Un estado mental que no me provocase remordimientos por las oportunidades desperdiciadas. Algo que me consolase en los momentos difíciles, esos momentos nostálgicos que mucho daño hacen. No importa. No funciono.

Pues cuando eres joven sientes que todo existe por pura lógica malentendida. Como si los únicos libros que de verdad sirviesen fuesen tus apuntes de tus experiencias. Así ridículo como es también es algo irrefutable para la terquedad del anteriormente adolescente. Muchas cosas fluyen y otras no, para luego concluir que la culpa es más de terceros que propia. Que las analogías mal intencionadas que te inculcaron cuando niño no son más que pastillitas para el alma del minusválido mental. Así como se sabe que los libros de autoayuda solo le sirven a quienes los escriben, y no a sus idiotas lectores. Pero todo es neblina en la carretera si no sabes cómo afrontar la vida real. Esa que no se anda con rodeos y mucho menos tiene tiempo para desencuentros amoroso. Esa monstruosa amalgama de horribles realidades cual único objetivo es destripar tu autoestima no tiene tiempo para conocerte. Te coge y te trata como a una puta. Es muy cruel. Y luego comienzas a sentir cierta empatía para con tus padres. Ya sea por el fracaso ó el éxito que opaca las pequeñas cosas de la vida. Esas pequeñas cosas de fácil disfrute que se supone justifican toda una existencia. Puro humo. Puras ficciones sobrevaloradas. Te contradices innumerable veces y aun así sientes que nada puede pasar de forma inmediata. Salvo la muerte. La muerte es lo único que podría joder tus planes. No aprendes…No maduras.

Pero estaba ella, por su culpa. Por su carne y mis necesidades inútilmente controladas. Surgió de la nada, durante un día cualquiera de un año cualquiera. Este año exactamente, no se trata de una vieja amante del pasado. Veinte y tres años y con una vida a simple vista ya arruinada. Pero es por su sencillez y pasividad en la cama que, me devolvían las ganas de volver a enfocarme correctamente en lo que la vida moderna requería. Quiero decir, alguien que tiene oportunidades no tiene el derecho de desperdiciarlas. Algo importante aprendido en la infancia. Sirve.

Supuestamente universitaria y dama de compañía al mismo tiempo. Sin embargo no era más fachada que cualquier cartón mas para el puto curriculum que muchas veces supone todo el sentido en lo que a existencias se comprende. Colegas aturdidos por el ritmo del trabajo. Mujeres sedadas por sus feminismos mal enfocados profesionalmente. Demasiado común.

Si algo perdimos no sabría como describirlo. No existían razones para sedar nuestro dolor en puro optimismo gratuito. Duele mi corazón. Duele por mi inconstancia. Son verdades expuestas las que me perturbaron. Algo en mi corazón se pudrió. Si mi amor nunca fue puro, fue porque los dos estábamos muy desgastados. No llores en silencio. Maldice tu suerte. Pero yo no regresare jamás. Como un cansado atardecer. Florecemos entre puro tedio. Tal vez seamos ajenos. Quizá almas gemelas. O el inicio y el final de la contradicción que nos consumió. Perdimos la fe en algún lugar. No importa. Sobrevivimos. Ya encontraremos un lugar…

Pensaba en vos alta cuando el pánico me apreso. De repente todos los adjetivos se hacían superficiales. Víctimas de una peligrosa clase de contaminación. Atrofiada su magia, ya no eran las mismas de antes. Frases de corazón. Cursilerías ó puros tópicos, nada parecía importar. Todo era blanco y negro, ni todas esas conjunciones supuestamente elegantes y dotadas de buena fortuna a través de los años…Se las trago un resentido. No hay más pasión en mi corazón ausente que en el de una puta amargada por su hedor que comenzó a confundir con perfume.

Son puros sueños tóxicos. Aprenderás a vivir…Dicen.

La señora del traje blanco nos hace una seña para que nos acerquemos. Una vez juntos nos muestra los resultados. Es ahora cuando el curso de mi vida se ve interrumpido de forma tan abrupta. Las tangentes que tantas veces me distanciaron de la realidad ahora parecen coincidir en un solo sentimiento. Indescriptible también. Como cuando dejas de respirar por un breve estado de shock, a veces se trata solo de un momento de lucidez inesperado. Ahora sin embargo voy más allá. Mi corazón se agita más fuerte que antes. Bombea sangre de forma desmedida. Mis ojos parecen rendirse ante la noticia. Lagrimeo involuntario. Sentimientos encontrados. Desesperación, Odio, Felicidad, Confusión…Miedo.

Siento su mirada atravesar mi espalda. Un deseo intenso que aun no sé cómo asimilar. Los míos, mis ojos se comportan muy irregulares. Quieren salirse de su lugar. Quieren explotar. Por unos instantes que bien pudieron ser instantes atemporales, un estado inherente de toda superficie previamente contaminada. La arbitrariedad se esfuma y la calma se aproxima. Me coge de las manos y ahora siento lo que su mirada me hiso sentir anteriormente. La veo. Su figura es completa. Sus lagrimas parecen autenticas y su cariño también. La desesperación se enfría conforme me abraza. Aun sin decidir qué cara poner, dibujo una enferma sonrisa en mi rostro. Como si se tratase de un orgasmo espontaneo, pues encuentro refugio en esos ojos brillantes. Mi mundo parece terminarse con esa se diminuta palabra, y ahora si hay música de fondo. Sin embargo ahora todo parece encaminarse por sí solo. Sin necesidad de algún esfuerzo mío. Sera que me engaño solo? ¿Sera que esta calidez es puro humo en mis pulmones?..Pero es que este aparente alivio oxigena mis venas de forma muy placentera. Y es que ahora Ella lo es todo a mí alrededor. Lagrimas. Sonrisas. Abrazos. Besos. Confort y parece que nos desconectamos lentamente de este mundo.

A Joni le masticaron su corazón

 

“Hey Joni” es ese tema que defnitivamente calva contigo. Puede que coinsida con tu nombre, pero eso es pura casualidad. La letra es sencilla pero no por eso es simple. Te destroza y te motiva una y otra vez, constantemente hasta que acabas extasiado. Nunca me habian interesado los Sonic Youth, pero con este tema de su LP “Daydream Nation” de 1988 me convencieron. El disco esta bueno. Y calza perfectamente con aquellas introvertidas existencias. El de la imagen es John Frusciante. Uno de mis heroes personales.

En el cielo las canciones más alegres hablan sobre como mis interminables intentos de conquistarte no merecían esos constantes desplantes.

 

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