Llevaba el cabello corto tirando hacia un estilo clásico, algo que se suponía era enternecedor. Y que en cierta manera resulto muy convincente. Usaba vestido más de lo normal, teniendo en cuenta a las mayorías –mujeres- como norma. Ella sobresalía de entre su grupo de amigas, mujeres jóvenes viviendo el momento clímax de sus vidas. Sus treintas. Iban ligeras de ropa pero “con clase”. Pues era verano y el sol estaba extremadamente caluroso. Sin necesidad de justificaciones nos observábamos de entre nuestras respectivas mesas. Ella muy coqueta y yo muy curioso. Y de repente algo se encendió en mí, luego vino la erección.

Era verano y era durante un medio día con el sol jodiendo mi nuca. Al menos a mi no me parecía que nadie disfrutase con esos rayos ultravioletas sobre sus cabezas. Claro que ahora los lentes de sol estaban en su apogeo y los sombreros que Kate Moss recomendaba por spot publicitarios estaban por todos lados. Brenda era exactamente la versión adulta que le correspondía. Hacia lo que se suponía que debía estar haciendo un día con mucho calor en una ciudad sin acceso a las playas naturales. Luego del snack del centro comercial correspondía la piscina del club continuo a dicho centro de encuentro social. Claro que ella era en cierta manera y a su manera, una rebelde observadora del amor condicionado para los de su generación y la comunidad a la que correspondía. Clase alta. Pitucos con ínfulas de gente especial. Gente que aun creía que la empresa de papá nunca quebraría ni nada por el estilo. Brenda se divertía con esa clase de ideas. Siempre una observadora. Una observadora inherente a la necesidad de intervenir en el discurrir de los problemas de sus amigos. No importaba. Siempre en cuanto ella pudiese reírse para sus adentros. Eso le gustaba. La alejaba del tedio de su trabajo. Que aun siendo el trabajar algo que ella no necesitaba hacer. Estaba mal visto no hacerlo.

Despertaba en mí un fuerte magnetismo, como si no necesitáramos conocernos más de lo necesario y aun así sentir que el calor sigue ardiendo a pesar del tiempo compartido. La clase de magnetismo que no se desgasta a pesar de la rutina. Amantes dirán algunos, puede ser. Sin embargo sentir esa excitación de placer de forma ininterrumpida, aunque solo sea por temporadas, no apaciguaba mi hambre de más Brenda y su lengua recorriéndome en pleno caos agitado. A su modo Brenda era muy tierna.

No sé si se trataba de ese aire de sarcasmo a su alrededor, o si fue por esa bonita mirada que me mandaba cada vez que el silencio era absoluto en la habitación, que me encapriche con ella y sus curiosos pasatiempos, hobbies, actividades, etc. No bastaba con recordarla a diario ni mucho menos amanecerme atrapado en sus formas. Brenda era exactamente lo que necesitaba y por muy inestable que trataran de figurarme no podría evitar enamorarme. Pues eran tan significativos los momentos que compartíamos que comencé a volverme adicto a su olor. Fresa.

Estar con ella era muy cómodo. El calor de sus pechos y el latir de corazón me aliviaban maravillosamente. La forma con la que ella jugaba con mi cabello resultaba ser un modo muy placentero de desvanecer preocupaciones. No necesitábamos un término exacto que describa nuestra relación, pues muchos no dudarían en tildarla de enfermiza u de dependencia desmesurada, es por eso que no existían diálogos largos entre nosotros. De algún modo resultaba más cómodo para los dos, pues eran muy distintas las formas en las que se alejaba de mí, como también eran prolongados los momentos en los que me acompañaba. Sin embargo la barrera de misterio que me engatusaba era imposible de atravesar. No existía en las redes sociales. Eso si era muy sorprendente. Para mi significo mucho por tan poco, el trato mutuo. Supongo que de algún modo fui un secreto más. Pero algo muy impronunciable sin duda. Y el asco por lo que me gusto también.

Me gustaba mucho Brenda y Yo a ella también. Antes que cualquier cosa estaba el entendimiento, la comprensión era una consecuencia involuntaria de ello y yo agradecía eso. Siendo ella diez años mayor que Yo, eran muchos los momentos en los que me cuestionaba la razón por la que aun no me alejaba de ella. Estas historias siempre tienen finales tristes, me decía a mí mismo. No importa, no hacía caso. Otra interrogante también era el porqué de su permanencia en mi mundo aun después del tiempo transcurrido. Unas veces eran días, otras sin embargo semanas. Pues era muy común que las mujeres a su edad estuvieran en busca de establecerse con una pareja determinada a sus necesidades aun cuando no necesariamente haya amor, al menos lo que se espera del amor no hay. Es por eso que verla desaparecer tan seguido hacía que sospechara que llevara una doble vida a parte de la que compartíamos. Tal vez una familia con niños y esposo incluidos, o tal vez una fugitiva fetichista que se fugo de casa, ó quien sabe incluso cabía la posibilidad de ser ella una especie ninfómana introvertida de clase alta. Que si yo interpretaba el papel del joven amante y Brenda era una especie de Anna Karina moderna, no sabía nada y cada vez me costaba más entenderlo sin tener que encararla. No tenía idea. Todo era tan posible y a la vez tan ridículo que cada vez que me ponía ansioso con esas interrogantes me aislaba de todos, muy parecido a un ermitaño, solo que sin lo que “Paz interior” ó “Meditación” respectan. Y así como la extrañaba, todos los días también se desvanecía, con el cansancio y con los recuerdos.

Pero disfrutaba tanto estar a su lado que me las arreglaba para ahuyentar esa inquietante necesidad. Me contaba ciertas experiencias cómicas como algunas desagradables. Pero nunca nada que involucrara su vida personal. Lo único que pude saber era que trabajaba como profesora de Literatura en la Universidad Estatal, y no eran pocas las veces que nos reíamos juntos de las conclusiones estúpidas a las que llegaban sus alumnos de los textos de Dostoievski e incluso el depresivo involuntario de Vallejo. Aunque siempre sospeche que se burlaba solapadamente de mí y mi poco talento para las letras. No tuve ganas de profundizar más. Era más mi curiosidad de porque trabajaba como profesora cuando bien podía no hacerlo. Pasión me respondía, pensé que era tedio, pensé que era costumbre. Solo se limitaba a reírse moderadamente. ¿Sera por mi inexperiencia en campos de la vida lo que provoca su condescendencia? Quizás. Es esa la clase de pregunta que casi nunca tiene respuesta. Al menos una confortante. Suelen existir. Quizás…

Me pone nostálgico pensar en ella, sobre todo ahora que es la única razón por la cual aun respiro. Mi dependencia es absoluta, y el simple hecho de reconocerlo es a mi manera un reconocimiento de puro amor incondicional. Se le conoce también como bipolaridad en algunas mentes; el amar intensamente durante intervalos de tiempos que bien pueden parecer infinitos, y sin embargo olvidar totalmente ó parcialmente esa dependencia con el tacto imaginario de los distintos planos existenciales, vale decir los distintos placeres que un hombre puede llegar a experimentar. Se trataba por aquel entonces de una maldición de la cual no me cansaría de renegar. Y todas las cosas que llegue a hacer por culpa suya o por culpa mía tal vez, sin necesidad de llegar a una conclusión, recogí lo grotesca que fue nuestra despedida en u suave intento de reconciliación conmigo mismo. Pues fue su Odio lo que me perturbo para siempre. Contamino mi corazón y escupió en mis heridas.

Nunca conocí a mi padre, al menos no en persona. Pues tengo una foto suya. Y aunque sé que está vivo y me manda una pensión mensual, ya no hay en mí un sentimiento de amargura ó rebeldía hacia él. Ya paso ese momento dicen. Y aunque mi madre murió hace ya varios años tengo que admitir que resulta muy triste estar solo muy seguido. Sobre todo cuando me pongo a recordar esos tiempos en los que mis interrogantes abrumaban a mi incorregible madre. Siendo ella una mujer de carácter débil, y demasiado dependiente hacia sus drogas legales, ó para con la pareja de turno. Nunca supo darme una explicación razonable. Además, mi terquedad murió cuando ella perdió el sentido de su propia existencia, aun cuando había una promesa de rehabilitación de por medio. No importo. Murió. Sin despedidas de por medio. Igual fue muy triste.

El psicólogo solía decir que mi necesidad de Brenda se explica en mi pasado, habla sobre el rol de la madre ausente y mi asilamiento social y etc. Habla el doctor con una fluidez que siempre necesite durante las exposiciones en la universidad.  Para cuando se le terminan los argumentos para convencerme de que abandone a esta mujer, y vea a jóvenes de mi edad para que por fin pueda establecerme, logro abandonar el consultorio con alguna excusa estúpida, no sin antes llevarme una buena receta de antidepresivos. Es un hombre amable lo acepto, aunque demasiado predecible. No me sorprende que no haya podido ayudar a Mamá en su terapia, ó tal vez nunca fue su intención y más pudo su erección por las tetas de ella. No lo sé, y lo que más me desalienta es el hecho de lo poco que me importa. Una mierda de huérfano.

Son justos esos días los que visito a mi abuela y madre de mi madre. Los días de consulta psicológica ó de “terapia” son los días en los que ando más animado. Contradictoriamente a lo que se supone debe significar, no me deprimo con mi historial. Me deprimo con mi soledad y lo difícil que es huir del pasado, esas ideas solo hacen que los aislamientos sean cada vez más interminables. Lo curioso es que no existe una intención de mejora. Sin embargo es lamentable que yo nunca haya entendido que era exactamente lo que había que mejorar. Un algo tal vez, pero yo no sé.

El acilo para ancianos afuera de la ciudad es un complejo que se supone es un establecimiento con miras a la recuperación total ó parcial de los miembros más antiguos y distinguidos de nuestras familias. En un inicio fue muy popular, pues un famoso local interno a su anciana madre con todo y críticas de todos los niveles. Pero de algún modo el conformismo con el que se expresaba en las entrevistas logro ablandar el corazón de todos y por una breve, muy breve temporada el internar a tu madre en un asilo era algo tan común como escoger y separar de antemano la clase de ataúd que querías para cuando murieses. Aunque sé muy bien que en ese lugar ha habido más de un incendio por lo mal configurado que esta ese complejo. El olor es a formol.

A Beatriz la recuerdo como una mujer tierna durante mi infancia. Recuerdo muy bien las veces que me recogía de la escuela para luego ir a comprar unos helados, sabor fresa para mí y mango para ella. No sé qué sucedió durante esos años en los que mi madre se distancio de ella. Una especie de disputa por el matriarcado en el que estaba viviendo ó un intento fallido de rebeldía por parte de mi madre tal vez. Ó simplemente el cansancio del tener que cuidar a una hija inestable y a su niño. Ni idea. El resto después de su partida fue para nosotros pura caída libre. Mi madre y Yo, al menos hasta que murió. Aunque para aquel entonces yo fuera un joven “independiente” moralmente a la necesidad de tener que lidiar con una familia. Fue útil en su momento, aunque el resto haya sido pura soledad atenuante en mi actual estilo de vida. Decadencia dicen. Ni puta idea.

Ahora sin embargo parece que tuviese una especie de muerte prolongada por su estado senil y no, no lo ignoro, es obvio que las drogas que le dan tienen mucho que ver. Pero sus escandalosas escenas nocturnas en busca de la hija prodiga, entre otras clases de desenfados del pasado que la vuelven a la vida, es aun razón más imperante que cualquier fármaco. Ahora en esta su etapa final de su vida, no necesita de más. No estoy seguro sobre qué clase de mujer haya sido en su juventud, pero si el karma realmente existe, no tengo duda de que  está pagando algún fuerte pecado. Uno de esos que ni siquiera te deja morir. Escalofriante la verdad. Esa clase de remordimientos. Pobre Beatriz, mi enérgica mamá Beatriz. Me estremece verla morir lentamente pero es muy tierna las veces en las que me confunde con su hija. Las extraño a todas. ¿Estaré loco?, Ojalas no. Aun soy joven para eso.

Es deprimente, pues cada vez que termino de alimentarla me dice en confidencia, siempre en la oreja y casi susurrando, que lo que quiere en realidad es morir. Al principio no sabía cómo reaccionar, pero es por los “especialistas” en ancianos que decidí seguirle la corriente. Algunas veces le respondo que pronto sucederá…“y será cuando duermas y no habrá sufrimiento, No dolerá mamá Beatriz” tratando inútilmente de apaciguar su obvia tristeza. Otras veces le digo que no se preocupe, que en la noche yo personalmente la asesinare. Lo triste es que mayormente al final de cada conversación no actúa como si hubiera entendido y al contrario se desconecta como si tuviese alzhéimer. Otras veces sin embargo se ríe conmigo y se alegra si quiera un poquito. Luego decido que es suficiente y la abandono. Me recupero casi del todo con alcohol, aunque no siempre puedo.

Debe tratarse de un desorden emocional, esa dependencia hacia Brenda y los constantes embotellamientos nostálgicos con Beatriz, o lo que puede ser aun peor, y es que todo se trate de que pienso demasiado porque tengo demasiado tiempo libre. Quiero decir, la mayoría no tiene tiempo para estas cuestiones que a priori pueden parecer inoportunas, para la rutina y el ritmo de producción del ciudadano promedio, ó triviales, por la misma razón que ya nadie confía en el condón y es mejor adjudicarle al amor cierta inversión a modo de fondo mutuo, con una tasa de interés conveniente en el ambiente familiar, durante y después del divorcio. Así nadie sale perdiendo, es una relación “Ganar-Ganar” ó “Win to Win”, creo recordar que al menos esa era el termino para algún manejo durante la etapa de planificación de un proyecto a largo plazo. Igual y el matrimonio sigue siendo una cosa extraña aun para el romántico más optimista de todos. Y la verdad no me imagino casado con Brenda, pues aun cuando siento esta necesidad de tenerla a mi lado, es por su traición que siento un odio igual de grande creciendo constantemente en mi corazón, lo pudre y le extirpa su nata condición de “Salida de escape” para cualquier situación extrema. Véase el suicidio como un escape, ó el enamorarse también puede incluirse, e incluso el amor paternal ó maternal, es la clase de salida de escape que la mayoría de gente cansada usa para excusar la poca autoestima que aun conservan, salvarla de algún modo…asqueroso la verdad. Ero sucede tan a menudo que ya no sorprende y menos aun, indigna.

¿Entonces ser un bastardo es mejor que ser hijo producto de un impulso desesperado por salvar una cruel situación de enfermiza dependencia como es el matrimonio? Por supuesto que no, si algo he entendido durante todos estos años que he vivido prácticamente solo es de un invaluable valor, y es que nadie puede sobrevivir cuando es uno el que no para de desvalorarse ininterrumpidamente.

Es algo así como decir que la chica fea, que prácticamente es la melliza – menos agraciada – de la chica guapa. Sienta que debería hacer algo al respecto. Ya saben, alejarse de su melliza maligna y convertirse en algo más que un accesorio. Algunos dirán que es imposible, y yo les diría que tienen absoluta razón. Solo para matar el dialogo. Pues discutir con personas tan radicales siempre me ha causado pereza, además de aburrimiento. Es como cuando se acaban los argumentos algo así como encapsularse en lo único que importa del debate y es el orgullo, escupiéndose su orgullo de un lado a otro. No sirve. Y no exagero cuando digo que creo que alguien pueda cambiar, pues es así como estamos programados. Programados para buscar a una pareja que supuestamente nos haga la vida más fácil, también esta esa infravalorada particularidad que ya tanto se huso y que prácticamente se desfaso. Adaptarse, quiere decir: Desarrollar las cualidades necesarias para afrontar un problema inmediato. Es por eso que mucha gente distorsiono esto de forma exagerada, ya saben, como el teléfono malogrado, como un chisme. Pues como ya mencione algo antes, cuando el divorcio es considerado una salida de escape, yo la considero una cualidad. Sin embargo se distorsiona un concepto y te jodes con un hijo innecesario. La otra cualidad y salida de escape al matrimonio sería la de asesinar a tu pareja. Lo cual así como lo fácil que se menciona fácil se pasa de ella, de la idea quiero decir, del matrimonio no.

No son bilis, son perspectivas, eso es lo que Brenda nunca pareció entender. Aun cuando fui muy detallado. Supongo que no lo entiende como yo, ó si lo hace, no pretende discutirlo conmigo. Las últimas veces que me acompaño decidí ser mas terco con lo de ir al cine ó a pasear, propiamente dicho, a un parque, al centro comercial, a la calle y sin más. Aunque al principio pareció funcionar, quiero decir, yo tenía una idea-más bien una hipótesis-equivocada, pensaba que el problema que la aquejaba era una especie de complejo de amante muy corrosivo, quiero decir, por la diferencia de edad y por todo lo que eso representa. Pero era más bien por algo que nunca quiso contarme lo que la hacía explotar en enorme rabia incontrolada, para luego aislarse de mí. Existían noches que incluso la escuchaba sollozar en el baño, ó veces que hurgaba su móvil como quien chatea. Tal vez se comunicaba con su familia, con algún hijo, ó con su esposo, ó con el trabajo, puede que con una amiga, quien sabe.

No siempre era un paraíso estar con ella, pero el mayor tiempo me sentía bien, quiero decir, Brenda no hablaba mucho de su vida, y yo si podía contarle ciertas inquietudes. Como mi problema de aislamiento social voluntario ó como mi necesidad de ella posiblemente rayaba lo enfermizo, ella escuchaba y me acariciaba como solo Madre podía hacerlo. Eso me llenaba de mucha calidez, hacia que todos los problemas desapareciesen, así como estar enamorado hace desaparecer tu autoestima, Brenda me consolaba muy tiernamente y yo solo podía disfrutar. Aun cuando me rompió el corazón con un suicidio inesperado. Algo monstruoso. Algo irremediable. Esa ausencia hace que la extrañe…

Brenda rompecorazones

Una de mis canciones preferidas del “To Record Only Water for Ten Days” de a principios de siglo (2001). Siendo John Frusciante mi heroe personal, encuentro en esta cancion mucha honestidad. Quizas mas de lo que uno podria tolerar. Cada quien sabe cuanto tiene por ocultar y cuanto por perder. Es esa clase de arrebatos lo que nos libera de toda esta mierda existencial que llamamos estilo de vida. Abajo otra pintura de Alyssa Monk. Su realismo es tan sucio que la verdad no creo que un intento de poesia cualquiera pueda competir con lo que logra transmitir cada cuadro suyo. La imagen de la cabecera, es la vocalista de los Yeah Yeah Yeah. Tambien me gusta esa banda y tambien Karen O.

Scream – Alyssa Monks

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