De verdad creí que me amaba y en todo el sentido que pronunciar esa palabra demanda. Pero era yo un autentico ingenuo, de esos que ahora parecen extintos o al menos en peligro de hacerlo. Y esa clase de ingenuidad repercutía en mi estilo de vida. Todos los días eran para mí una rutina exageradamente pesada que exigía demasiado por tan poco. Pero era por ella que aguantaba todo ese cansancio, o al menos así me había convencido o conformado o aceptado…ya no importa. Primero se sumaron los días, luego fueron meses, y para cuando apenas lograba distinguir mi autentica realidad de la que creía vivir hasta ese entonces solo pude observar cómo me reventaba con el suelo desde un piso cualquiera, no literalmente  claro, pero muy bien graficado. Una realidad que personalmente pintaba a diario en mi cabeza, a modo de sutil masturbación y solo para complacerme en mi burbujita inherente a los problemas del exterior. Esa puta burbujita que si bien hacia que me agobiara por mis problemas inmediatos; Dinero, Familia, Vida social…etc. Me protegía de ese instinto autodestructivo que todos tenemos bien guardado, e increíblemente por la razón más absurda, que no es la de supervivencia, es más bien la apaliada vergüenza.  Aun así nada parece importar cuando la burbujita llega a su límite y explota en mi rostro.

Para cuando abrí los ojos, metafórica y literalmente, encontré un abrupto cambio en mi rutina, pues fue durante una mañana de uno de esos días que bien se puede calificar de un día cualquiera. Que una fuerza mayor a mi provoco que me sumergiera con la más profunda flojera. Y es por un comezón en mi cabeza y una erección entre mis piernas que sentí una insinuación cruel por parte del destino. Una profecía extraoficial y escandalosamente destructiva. Los ojos se me quedan abiertos y casi se me cae la mandíbula.

Encontré que el resultado de semejante revelación no solo seria desagradable, sino también una especie de condena inmediata que me resultaría desequilibrantemente imposible de eludir, desequilibrante para mis costumbres, o rutina en demasía, además de mi cordura más que nada. Pues era mi vida hasta entonces una vieja amistad, descuidada y fácil de complacer, engañar e ignorar; Bien podría interpretarse como la historia de una carta de amor que se quedo a medio camino, o el de un recibo aun sin pagar y con la fecha limite muy cerca a llegar, o como los puristas preferían llamarle: “La justificación ausente de porque las familias aun buscan reunirse en familia cuando lo que realmente quieren es sacarse los ojos”. Siendo extremistas obviamente este sería el concepto de un resentido ya desterrado del seno familiar de una ya distante familia. Pero es tan común que puede aplicarse a cualquier contexto en el que las diferencias imperen, que casualmente son la mayoría; La familia propiamente dicha, pues ya murió, e incluso el trabajo serviría de mala excusa para cualquier frustrado en general. El dolor que provoca la inestabilidad es tan real como la ficción más aterradora. Eso si es una idea demasiada piadosa…tal vez.

En medio de distintas constantes causantes de estrés me dispuse a analizar o al menos a cuestionar los aspectos de mi vida que más miserable me hacían, y encontré una piedra en el camino que me descoloco por un tiempo considerable, en busca de algo inexistente por pura necesidad mal satisfecha, el aprecio tal vez, el cariño incluso podría ser un gran aliciente, igual no importo. Se trataba del trabajo…una especie de muerte gradual, y consentida que es lo peor de todo, o quizás no. Quizá el ser incompetente en tu trabajo sea peor que odiar tu trabajo. Siendo esta la cruz que la gran mayoría tiene que cargar, me apiado y les aligero el camino cuando acepto mi puta realidad. Una vez conocí a un hombre, un hombre que por cierto no dudaba en llamarme amigo cuando yo ni si quiera le trataba de forma reciproca, debe tratarse del entorno en el que se crio o tal vez era un simple idiota mas del montón, quien sabe. Como iba diciendo, este hombre era un social compulsivo, no tengo forma de explicar ese término ni las ganas de averiguarlo, así que diré que este hombre sentía una necesidad por la aceptación de sus colegas que a simple vista resultaban bastante irrisorias, pues casi todo el mundo busca esa palmadita en la espalda. Lo que diferencia  Pedro – Ese nombre – era sus ojeras, pues cuando todo el mundo traíamos los ojos cansados al trabajo, el traía ojeras. El único. Y lo que sucedía si le preguntabas cual era la razón de esas ojeras, te arrepentías de inmediato de abrir aquella caja de pandora – perdón por el cliché, pero me gusta – de quejas e infelicidad. Agarraba al primero que le trataba con confianza y le vomitaba sus problemas encima, cosa que lo volvió una especie de burla andante en la oficina, con muy triste desenlace por cierto. Pues Pedro era un contable demasiado mediocre, a pesar de sus amanecidas frente a la computadora, siempre había algo que se le escapa y arruinaba sus presentaciones, informes, proyectos, etc. Le había tratado de ayudar advirtiéndole que salir con prostitutas adolescentes tal vez era la causa. Aunque realmente no sabía que posible relación podría haber, aun así bien podía tratarse de un factor. Como sea, la forma en la que andaba de un lado al otro en la oficina hacía pensar que tratábamos con una puta bomba de tiempo, lo sabíamos los que conocíamos sus problemas, que éramos casi todos. Bueno, el día en el que decidió explotar fue un día como cualquier otro, aunque no del todo, pues era un lunes y normalmente – siempre – odiamos los lunes. Ya que era el día en el que más se la mamábamos al jefe, quiero decir, era el día de mayor papeleo y era exactamente el día que hacía que extrañemos el fin de semana anterior, que curiosamente habíamos utilizando en tratar de olvidar lo odioso que nos resulta nuestro trabajo. Así que en general, casi todos traemos unas caras demasiado cansadas como para preocuparnos en las caras cansadas de terceros, aun tratándose de supuestos amigos. Nadie importa los lunes por la mañana, los lunes del papeleo.

Lo sorprendente fue que Pedro vino con un aire renovador, aun con ojeras y todo, pero con la ropa limpia e increíblemente con una postura erguida. Cuando le vimos, los primeros rumores fueron: “Seguro tuvo un buen polvo”, otros eran más incisivos, palabras como; “Seguro su hija por fin pario al bastardo” y bueno, ya sabíamos cómo le gustaban los niños. “Ja ja ja” si, de eso abundo en esa mañana. Lo raro fue que paso casi toda esa mañana en el baño, como esos novatos pero relucientes abogados que aun no encuentran un modo de matar sus escrúpulos sin sentir las consecuencias, así que se esconden del mundo y sufren en silencio en los baños para varones de sus asquerosas oficinas. Durante la hora del almuerzo le pregunte qué es lo que le sucedía, y el muy necesitado no paro de hablar.

Siendo casi todo sobre su fin de semana, como el hecho de que su esposa no le había jodido con tantas quejas, o como por arte de Dios su hija se comporto como la señorita que el tanto deseaba que fuese. Lo estúpido fue la razón que el atribuía al buen comportamiento de su esposa; “Tal vez tuvo un buen polvo” en clara insinuación hacia lo puta que era su mujer al ponerle los cuernos, pero él se reía. Ya casi cuando perdía el interés en preguntarle más cosas, me hablo sobre su inesperada pronta paternidad con una de las putitas con las que solía coger. Shock inmediato, pero inmediatamente surge la lastima ajena.

Sorprendentemente esto no le había desesperado como obviamente hubiera cabido esperar. Al contrario, esa era la razón de su increíble renovación, y casi pude ver como sus pulmones se llenaban de puro oxigeno esperanzador. Como si ese embarazo fuese su boleto de salida. Algo extraño. También me hablo sobre sus planes de fuga, de que se trataba de una segunda oportunidad, que esta vez no metería la pata, y fueron tantas cojudeces que ni un solo consejo pudo cruzar mi cabeza. Lamentable tal vez, aunque no me sentía responsable de él, pues ya estaba muy jodido aunque no se había dado cuenta. Fue sin embargo durante una de esas horas largas en el baño por la tarde que se dio cuenta, de eso estoy seguro. Posiblemente aun sentado sobre el retrete ideando utópicos escenarios de una vida feliz junto a su adolescente en algún pueblito ajeno a las hipocresías occidentales. Seguro había hasta pensado en nombres para su nueva oportunidad, una familia feliz esta vez, si, muy enfermizo, muy triste también.

Fue uno de sus habituales burlones el que lo encontró destripado sobre litros y litros de su sangre. Con los ojos llorosos y con su navaja aun en la mano. Al parecer había cogido la navaja de uno de esos burlones de su escritorio y se había abierto el estomago. Habían intestinos y órganos y sangre, mucha sangre. Seppuku creo que se llamaba a esa forma de suicidio que los samuráis consideraban el morir honorablemente. Bueno, Él murió en un baño. Eso no es honorable, es ridículo y triste.

Recordé a Pedro pues hasta ahora el solo me había parecido un hombre extremadamente infeliz, que se suicidio y nada más. Pero el redescubrir mi mediocre realidad a estas alturas de mi vida solo me hace tenerle cierta envidia. Pedro había logrado tomar una decisión, no sé si la decisión adecuada o no, pero… ¡Maldición!, se trataba de una decisión al final de todo. Y eso era más de lo que yo y mi cobardía podíamos llegar a concluir. Pues la peor parte al redescubrir (Supongo que la primera vez que me di cuenta de que era infeliz fue cuando note cierta empatía solapada hacia Pedro, o simplemente cuando comencé a agarrarle asco al follar con mi mujer) que mi propia vida no era más que una triste tragedia, fue el hecho de aceptar que era yo un hombre cobarde como el resto, para nada único ni especial. Pues si hubiese algo de eso en mí tal vez hubiese reaccionado. Reaccionado a la infidelidad de mi esposa, reaccionado al ampayarla follando y gozando en mi propia cama. Tal vez hubiera reaccionado. Seguro. No lo sé, pero si algo de rabia habría habido en mi interior seguro que hacia algo. Pero no había nada.

La vida es muy perra conmigo.

Pero por alguna razón siento que soy su puta, de la vida, no de mi esposa. Hasta ahora y apuesto que viendo solo la fachada – de mi vida – solo se trata de un hombre adulto relativamente feliz con su trabajo y con su familia. Pero nooo!! Mierda, que Soy infeliz. Demasiado como no puedo describirlo. Es mi existencia una especie de monologo interminable en medio de infinitas confesiones inútilmente aguantadas.

Soy un suicida en potencia, Soy un esclavo de mi propia cobardía. Soy la mala follada que le dio mi padre a mi madre, Soy el esperma enfermizamente suertudo, Soy el padre ejemplar e irónicamente nada paternal. Soy una mierda andante con un pene colgante que no sirve para nada y con la autoestima extremadamente estresada.

No haber hecho nada al respecto es lo que inicio toda esta tortura psicológica autosugestionada por mi propia persona, eso es lo más ridículo que he presenciado jamás. No puedo simplemente seguir mi vida como lo había hecho hasta antes de su infidelidad. No solo era descubrir que hasta ese entonces mi “No mujer”, sufría como todas las de su clase, mártires de la era moderna donde el consuelo dejo de ser el maldito consolador de veinte y cinco centímetros. Ahora todo se trata de la puta saturación superficial.

Un cobarde descubre su mayor defecto.

Es la cobardía, si no fuese por ella tal vez hubiese sido feliz, joder, no puedo siquiera plantearme ahora el ansiar toda esa magnitud de felicidad, que como dije, tal vez hubiese sido capaz de alcanzar un poquito de eso. Felicidad. Quizá…no sé y es por esa cobardía. Esa clase de cobardía que adquiere más significado en la realidad que en las películas, que resulta ser un granito de arena en el más extenso desierto. Es la confirmación de una inevitable realidad. Es esa cobardía que se filtra en el alma. La clase de cobardía que puede inutilizar tu miembro viril, tu puto pene. Tu engreído pene de cuarenta y siete años. Esa cobardía que hasta ahora solo se la atribuí a  Pedro y su afición a prostitutas adolescentes. Esa clase de cobardía que tantos años mantuvo y tiene atada a mi esposa con nuestro sufrido matrimonio moderno. Duele en cuerpo y alma.

Mata mi existencia una y otra vez con cada día que tengo que soportar. Con cada sonrisa que tengo que forzar, con cada hora que tengo que luchar con el tedio, con cada cinco minutos que tengo que masturbarme a escondidas por las mañanas antes de que todo sea  caída libre. Me mata con un sadismo extremo que entumece mis bolas y destripa mis entrañas. La primera vez que descubres esa realidad que fue ajena a ti prácticamente toda tu vida, es increíblemente devastador, te destruye por completo y no deja nada. Podría compararle al observar como un avión comercial explota en los aires. Muchas vidas se pierden en un instante y aun así te queda un delicado sabor en tu boca que parece aliviar el shock previo, elimina tu miedo y te sumerge en un estado de excitación. Una especie de  estado levitante placentero.

Se hace un estrés corrosivo y antes de que lo percibas todo son puros malos hábitos. Agachar la cabeza y dejar que te mientan. Dar la mano a modo de saludo y maldecir su nombre en tu cabeza, etc. Esos malos hábitos que no suman a la recuperación de tu autoestima hecha mierda por la infidelidad. Una desgracia tras otra y se amalgaman en un asqueroso estilo de vida que te mata como el cáncer que mato a tu inexpresivo padre. Una dosis de miento es lo que necesito, tal vez unas vacaciones, o renovar los votos matrimoniales, o el divorcio…concluyo y todo se trata de sobrevivir.

Improvisando elocuencia

Stepehn Malkmus, había escuchado solo una canción de el, una de Pavement su anterior banda, “Unfair” se llamaba. Bueno sucede que busque algo de el y me encontre con este disco. Al principio lo baje por bajar, lo acepto. Pero una vez lo escuche, puedo asegurarles que es un discazo, de esos de los que no olvidas fácilmente, de esos que no dan ganas de olvidar jamas.  Y sucede así, ahora estoy enganchado. “El rostro de la verdad” es mi traducción personal. Como sea este hombre esta resultando muy simpático.

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