Sentir es vivir. Como si nada se desarrollase sobre la nada. Un plano que pretende ser una especie de mirada contemplativa explora mi cabeza. Pues me siento desubicada en medio de la nada. Mi poesía es pura mierda autocomplaciente y es por mi terquedad que no acepto mis limitaciones. “Tengo que ser diferente” para no sufrir como todas demás, que desde una sádica perspectiva puedan gozar con sus disfraces sucios y mediocres no es más que un espejismo en la habitación de la superficial promedio. “Piensa en vos alta y llega a un consenso”…no funciona. Ardo demasiado y si no es por la furia colateral de este dolor constante en mi cabeza, no saldría nunca de este perturbador laberinto de preguntas sin respuestas. Dando vueltas en círculos revoloteo en mi habitación.

Y la pausa es involuntaria pues tengo una idea descabellada que tal vez pueda salvar mi puta alma. Verdad que podre volver a intentarlo, volver a sentir sentimientos auténticos. Mi cuerpo de repente siente una ligera frescura, la sangre vuelve afluir por cada vaso sanguíneo y siento que podría ser una noche memorable. Adrenalina en mi cerebro y suspiro autosatisfaciéndome mi ingenua estupidez.

Otra vez furia y un momento de locura es suficiente para alejar todo intento de depresión durante la noche que hago un favor. Tijeras y adiós cabello largo. Luego trago saliva y me pregunto ahora que chucha hago. Faltan pocas horas para encontrarme con el Gerente Junior más destacado de su promoción y socialmente activo del día. El amigo de mi amiga, que no dudo que realmente sea “El amigo de un tercero de mí supuesta amiga”, igual no busco pretextos pues el daño ya está hecho, y pienso. Puta madre que le hice a mi cabello.

Semidesnuda y muy intranquila tiento varias posibilidades. Ir a la peluquería con Jamileth -mi supuesta amiga – y decidir que corte hacerme. Sin embargo sucede que no me gusta ir a esos lugares, ni sola ni acompañada. Por un trauma infantil; Mi madre olvido darme desayuno el día de las semifinales del concurso de belleza infantil “Miss Nube Amarilla”- Mi escuela primaria se llamaba Nube Amarilla – pues ella andaba muy atareada con las opciones de los vestidos y los maquillajes y etc.  Madre era de esas mujeres que tardan una eternidad en el tocador entre capas de maquillaje y perfumes baratos. Y sucede que por pura inocencia mía convine lácteos con pescado enlatado. Tenía seis años y lo recuerdo perfectamente. Desfilando en frente de todas esas madres emocionadas y padres disimulados. Era mi turno y de regreso ya no soporte más el dolor estomacal y lo expulse todo. El vomito espanto a las demás niñas e hizo gracia a los niños. La maestra tuvo que sacarme del estrado pues mi madre estaba paralizada.

¿Cómo asocie esa escena vergonzosa con mi fobia a los cortes de cabello en peluquerías? No tenía idea hasta que el psicólogo de la universidad me trato durante unas semanas. No es que les tenga simpatía a esos autodenominados “profesionales de la mente”, nada parecido. Se trato en ese entonces de tomar decisiones. Por un lado tenia la expulsión total por un semestre académico y la otra era asistir a terapia para el control de la ira. Era lógico que escogiera la terapia. Aun así seguí odiando por mucho tiempo más al causante de todos mis problemas de aquel entonces. Un idiota compañero mío con el que asistí a esa fábrica de niñas plásticas llamada Nube Amarilla.  Me saco de quicio ese mequetrefe.

Era el primer año de universidad y mi fama de aquel evento ya casi estaba extinta. Ya nadie hacia “Uagg” simulando un vomito inesperado cuando pasaba por los pasillos o en clase. Pero tuvo que aparecer ese bastardo para recordármelo. Estábamos durante el receso y en clases cuando ya no pude soportarlo más. Aprovechando que estaba descuidado con sus idiotas amigos cogí mi lápiz que anteriormente le había sacado una punta muy fina. Me acerque a él y le clave el lápiz repetidas veces en la mano derecha. Unas cuatro veces para ser exactos. Y cuando la sangre comenzó a notarse escandalosa sus amigotes se portaron muy agresivos, daba incluso la impresión de que fácilmente me hubieran atacado los muy maricas. Es ahí que Jamileth me defiende y llama a los profesores. El resto son puros trámites de trascendente mención. Como sea, de ahí en adelante Jamileth y Yo hemos sido amigas casi cercanas. Aunque no mentiré diciendo que es mi mejor amiga ni otras cursilerías.

Como iba diciendo, por ese entonces yo no sabía cómo explicar mi aversión a los centros de belleza – peluquerías, spas, etc – y fui mu terca durante todo el tiempo en la universidad y solo cuando tocaban los eventos de gala logre aceptarlo por completo. La hipótesis es esta; Esos lugares en los que la gente se aglomera solo por una necesidad netamente superficial es lo que desproporciono mi orientación en medio de las masas. De niña y ahora siempre supe que no me gustaban esos cortes de cabello ni esos vestidos pomposos y mucho menos usar tacones altos. Me incomodan increíblemente. Aunque su uso es inevitable en esa odiosa oficina.

Esa oficina con toda esa gente apresurada esperando su turno para hacer consultas innecesarias cuando bien podrían averiguarlo por sus propios medios si no fuese por esa pereza que les caracteriza y atrofia sus figuras. Mujeres adultas pero descuidadas. Hombres desgastados – por no decir acabados – que esperan minutos y minutos – que concatenados hacen un buen tiempo – para hacer su puta consulta. Está bien que trabaje en esa área – No realmente, no está bien – pero es así como se empieza, pagando derecho de piso. Pero esa no es excusa para tener que soportarlos. Un día de estos los mando a la mierda. Viejos insinuándose de forma nada sutil a las recepcionistas. Jefes pervertidos con sus asquerosas pretensiones. Colegas desesperadas por escalar profesionalmente que no les importa actuar como unas perras desalmadas. Lo digo de una vez, el mundo laboral es detestable y lo es aun mas cuando una también esta embarrada en ese asqueroso charco de vomito supuestamente profesional.

Perdía el temple necesario para enfrentar una noche más de alimentar la pose de mujer autosuficiente, moderna, actual, feminista, profesional, intelectual, educada, culta, y lo que sea necesario para seguir con esa ficción que cada vez se hacía más tediosa. Pues aun para un alma joven como la mía no podía soportar todo ese bombardeo de información inútil, soporte durante mi niñez, cuando adolescente trate de rebelarme y falle. Ahora de joven no tengo fuerzas si quiera para tratar de figurarme la idea de ir a contracorriente. Así que respiro y exhalo, reparo y exhalo…

Debido a que mi idea inicial era estúpida decidí tomar medidas de contingencia al respecto sobre mi situación. O para decirlo de un modo más minimalista, tuve pura suerte. Pues no paraba de descartar opciones. ¿Cerquillo? ¿A lo Audrey Hepburn? Siii! Pero no había tiempo, pues Jamileth no andaba cerca, pues es ella la única que puede tocarme el cabello sin sentir ganas de largarme. ¿Deliberadamente indie? Y una mierda. Se me acababan las ideas cuando – como dije – por pura suerte encontré la respuesta. Sobre mi cama y pegada al techo estaba un cartel de Joe Strummer. Andaba Joe por ese entonces con el peinado más sexy de la historia, aunque tal vez exagero, pero es que verlo con el cabello engominado peinado estrictamente hacia atrás y encima con una chaqueta de cuero solo hacía que me pusiese muy cachonda.

El peine hizo lo suyo mientras me engrasaba en gel, nada exagerado pero notoriamente escandaloso para una jovencita. Por supuesto que eso poco me importaba, ya que ni siquiera conocía al Gerente Junior autosuficiente que tiene tiempo para todo y para todos. Resulta inverosímil imaginarse una persona así, más bien se trataría de una fachada que de una personalidad. Lo curioso es que casi siempre esas gentes suelen ir en pares. Una mujer y un varón. El accesorio y el que lo usa respectivamente. A veces son contrarias las formas. Al igual que el mito sobre la pareja que ama más que su contraparte. Irrisorio. Soy honesta conmigo misma y lo acepto a partes iguales. Hay idiotas y también están los que saben que son idiotas. Lo divertido es cuando los dos son consientes de ello y contrariamente a lo que se pensaría que harían – Separarse por Dios! – sucede lo opuesto. Asumen sus roles y lo interpretan perfectamente – No necesariamente – y las gentes como Yo nos reímos de ellos sin necesidad de disimularlo con comentarios sarcásticos o solapados. Es notable cuando las parejitas rompen su sincronización, pues eso significa el clímax de su “relación”. Y esto no siempre les parece un consuelo.

Ya es tiempo de partir y la apariencia esta solucionada. Al menos desde un punto de vista macro. El resto es actitud. Una chaqueta de cuero con unos jeans desgastados es suficiente para intimidar al Apuesto actual. Ni una sola mujer lo duda, incluso las más descerebradas lo saben, y es por eso que los moldes en los que nos vemos forzadas a sustentar no son más que basura automasturbatoria del idiota con credenciales dueño del mundo y con un pene chiquito. Son saludables pero desechables también.

En tercera persona y con las expectativas controladas durante la inolvidable velada. Sin embargo el detonante no será el sarcasmo.

La escena se desarrolla en un restaurant “ficho” – caro y con un aire post moderno, aunque realmente pare un puto Starbucks con cuadros de pintores desconocidos, pues ni los trabajadores conocen esa información – y en una mesa para dos con velas y florecitas incluidas. El hombre es de tez clara y definitivamente asume una postura elegante. Lleva un traje de vestir que la mujer con la que cena debe suponer es muy caro y en cierta manera esto debe intimidarla o seducirla, al menos inconscientemente, pues si no es el caso, su precio no estaría justificado. La mujer es poco más joven que él, sin embargo su presencia se impone por encima de él desmedidamente. Lleva un peinado usado en su mayoría – por no decir totalidad – por hombres. Incluye en su atractivo una chaqueta de cuero color negro que parece estar hecho a su medida. Increíblemente lo primero en lo que el varón se fijo fue en su trasero, y haciendo un gesto apaciguada aprobación arrugo su frente, estimulando así sus ojos mientras gesticulaba palabras inentendibles con los labios. Una cosa a tener en cuenta es el momento en el cual el Varón hace una inútil comparación de calidad entre sus zapatos de cuero y los de su pareja, pues los modelos son muy distintos y aun si hubiese forma de determinar cuál es de mejor calidad, el de la Mujer es notablemente más agresivo que los del él. Y el dialogo inicia sin que la mujer tenga tiempo de aclarar nada, pues es sabido que no está interesada en follar esa misma noche o si quiera si tiene pensado seguir viéndolo, esto no depende del resultado del encuentro pues ella está determinada a pasara de largo de nuestro Galán de la noche. Y se lo hará saber mientras discurran sus diálogos respectivos.

Me inunda con palabras disque ingeniosas. Su verborrea debe resultar seductora. “Te imagino todos los días con una sonrisa”, dice. Fluye muy rápido pero sin ritmo. Sin destino conocido, al menos del que yo este enterada. Mientras el tedio hace su trabajo. Joven Gerente Junior con corazón metálico, pienso. Es guapo Sí. Aburrido también. Y cuando todos sus diálogos parecen pausar, me mira con una sonrisa supuestamente sincera. Me provoca dislexia mental. Este hipócrita y la idea de salir del restaurante con la promesa de una vida futura compartida de ensueño y con pisando tierra.

Es una cosa salvaje este embrollo. El amigo guapo de mi amiga “bien” me arruina el martes de cine y yo no puedo hacer nada más que suspirar. Pienso y reconsidero el orden de los eventos. Se supone que los favores nacen y se ejecutan por pura voluntad sana e incondicional. Sin embargo me desentona este favor que hago. Pues no me encuentro nada cómoda con esta cita, además la comida sabe horrible. Tiene el cabello ondulado – no sé si originalmente ondulado o deliberadamente ondulado como es la moda actualmente – que no hace juego con su cara de joven competente seguro de sí mismo. De todas formas su libreto se va acabando y al parecer es consciente de mi aburrimiento.

Juega con su consolador Apple y me mira sucesivamente tratando de emular algún gesto de ingenuidad. No lo logra, más bien parece un rostro retorcido por la presión. Cuando terminó de enterarme de todas los pormenores de su curriculum pasó a gestionar una especie de intercambio de ideas. Pero este cuadriculado hace que lo que se supone debe fluir armoniosamente se vea como una especie de encuesta. La verdad es que llevaba prisa y tenía pensado declinar cualquier propuesta para continuar la cena – siendo formales – en algún otro lugar. Pero el verle inútilmente intimidado resulta cómico y hasta cierto punto hilarante. El tipo es muy popular en su círculo y con fama de galán moderno. El típico hombre joven hambriento de experiencias nuevas, aunque todas esas experiencias puedan equivaler a cualquier conversación sin sentido. Tiene 25 o 26 años. Yo casi tengo su edad (Tengo 22) así que las formas con las que se maneja son muy distintas a las tenía cuando adolescente. Pero puedo imaginármelo muy bien. Pues ser la hermana única y menor de dos hermanos mayores resulta útil a largo plazo.

“Nada como tener un corazón hipócrita y consciente de su propia hipocresía. Es incoherente terminar una “relación” y salir airosa de las repercusiones que casi siempre trae un rompimiento. Sabes…comienzo a creer que es así porque desde el inicio no involucro emoción alguna. Me dejo plantado casi desde el primer beso. Es increíble…” y lo dice con una aflicción tan sobre actuada que casi hago el ridículo en público tratando de evitar reírme sin control en frente suyo. Hablando tan dramáticamente sobre su anterior experiencia romántica, fallida por cierto, no hace más que ridiculizarse. El galán es ahora la víctima, se supone que ahora debo ponerme en plan enternecedor, conciliar su tristeza con la felicidad inmediata que podría brindarle de hoy en adelante por pura lástima que me provoca. Casi le escupo en la cara solo para que cambie de expresión. Pues aun siendo un mediocre farsante, su estupidez ya fue suficiente para reírme el día de hoy.

Pero no lo hago, ya puedo imaginarme a Jamileth armando un embrollo aun más complicado que el de hoy solo para acusarme de mal amiga y demás cuentos. Es pesada la verdad. Pero también es verdad que es mi única amiga hasta ahora, al menos la única capaz de soportarme y llevar mi ritmo, ella lo dijo. “La desesperada Jamileth” así la llamo por sus ansias de tener un novio estable. Contradictoriamente a lo que los demás puedan pensar de mí, yo le deseo lo mejor a Jamileth. Y aunque no la acompañe a sus aventurillas amicales entre las chicas modernas de su en entorno. He sido más honesta que cualquier chica metálica con la que pueda mantener una supuesta amistad. Pues ya muchas veces le he dicho lo ridícula que se muestra ante los hombres. Y son por sus carcajadas forzosas y su moda sugerente. El escote no tiene problema, el asunto es cuando te portas como una fácil,  y sé muy bien que lo primero que ven no es el coeficiente intelectual y ni tan si quiera el rostro. Lamentable la verdad. Es por actos como esos que la rechazan. Al menos los hombres que puedan considerarla mas que para una relación corta o para follar y nada más. Jamileth y sus ingenuidades. Tiene mucha prisa, y se demuestra incluso cuando está conectada al Facebook, sube sus fotos a un ritmo imparable sin importarle si quiera la calidad de las imágenes, aunque no estoy segura si eso es lo que le importa realmente cuando lo hace – sarcasmo – No importa de todas formas, pues los “Me Gusta” son mas tentadores. Ocurre también cuando esta de copas siempre quiere destacar. Si leyera más libros que revistas tal vez lograría una fracción de personalidad propia. Claro que esto último lo aderezo con frases prefabricadas de autoayuda. Nos conocemos desde aquel incidente y seguimos juntas hasta ahora. Universitarias las dos y sufriendo por el puto acné, o  como cuando nos emocionábamos con cualquier canción de Oasis. Y cuando los momentos eran de mayor armonía entre las dos, era momento de probar todo tipo de extravagancia – peinados , ropa, etc – Lo memorable de esos momentos eran que la diversión nunca se veía forzada, era amistad absoluta e incondicional, al menos por momentos. Eso a veces – siempre – suele significar más que tener quinientos amigos en Facebook, o cualquier otra banalidad.

Muy fiel a sus principios ella es la clase de mujer que puede dejar de atender lo que sea que esté haciendo por ir al cine con el novio de turno solo porque este se lo propuso de forma romántica. Como dije, es muy desesperada mi amiga.

Las divagaciones llegan a su fin cuando de repente escucho la palabra amor, exactamente un “Te amo” en medio de otras palabras que le dan un contexto más entendible, pero no por ello más comprensivo. Dice que me observa desde hace varios días últimamente, que le gusta mi forma de ser, que compartimos gustos musicales, y otras cosas más que apenas puedo tratar de tolerar. No le conocía para nada y de repente inventa una especie de obsesión enfermiza disfrazada por el tópico más clásico de todos. No está hablando de  enamoramientos o cualquier otra estupidez. El está seguro y lo reafirma constantemente. El idiota malogro mi noche por completo y no parece entenderlo. Le digo que pare, que está confundido. No le importa y sigue insistiendo.

Pasan varios segundos mientras trato de digerir toda esa cantidad de información, resulta que fuimos compañeros de trabajo por un corto periodo de tiempo, además existe la posibilidad de que Jamileth sea pariente suya. Increíble. Comienza a dolerme la cabeza. Expulsa  demasiadas revelaciones a modo de palabras románticas. Le digo que me siento mal, que me quiero ir. Me levanto.

Dice que lo hace sin prejuicios y del modo más humilde posible. Mi supuesto conquistador al momento de  pagar la cuenta, y lo hace sin consultarme. No me ofendo con la cortesía, pero si con su estúpida forma de justificar algo que se suponía obvio desde un inicio. El que invita paga la  cuenta. Y no importa lo trivial que pueda parecer. Son cosas que aprendes desde niña, y eso es difícil de olvidar. Da igual, el sigue existiendo.

Insiste en que el amor que siente es nuevo para él. Le digo que no tengo tiempo para enamorados. Le explico que tal vez este obsesionado con una idealizada de mí pero de Mí en su totalidad no, pues no me conoce. Es imposible le digo. Me toma de la mano tratando de ser educado cuando intento retirarme del salón. No se rinde.

En medio de esos minutos confirme lo que inicialmente me resulto obvio y es que esto era un grave error. No soy nueva en lo que respecta al amor, tengo cierta experiencia y es por eso que repelí todo tipo de acercamiento por su parte. No niego que existan relaciones en las que el amor pueda llegar a sobrevivir. Pero en lo que a mí concierne el amor es la peor clase de cáncer que puede haber. No solo es una crónica de la muerte de tu autoestima sino también que muchas veces se transforma en pura dependencia desequilibrada. Y Cuando reaccionas de ese estado levitante placentero que puede parecer el estar enamorada, descubres que eres la única sobreviviente de una masacre violenta en la que muchos inocentes optimistas murieron en el apogeo de sus vidas e irónicamente murieron en absoluta soledad. Como esas almas que no pueden quejarse de los vivos y lo único que pueden hacer es molestar, ya seas una niña o adulta. El odio es el mismo. Pues es eso lo que sobrevive del amor. Puro odio. Arraigado en tu interior y echando raíces en tu cabeza.

Es de ese modo el que distorsionas tus ideales y los atrofias contra tu voluntad. Te ahogas en pura sangre sin coagular y aun así seguirás siendo el testigo de tu propia debilidad por siempre. Resulta desgarrador ver como desfiguras tu rostro con tus propias lagrimas y lo transformas en algo irreconocible. Pues lo que queda después de morir el amor se amalgama en ese odio. Y lo único que puede resultar de esa asquerosa combinación es una quimera maldita que corroerá por siempre lo que quede de tu autoestima. Sobrevives solo para rememorar esas claustrofóbicas experiencias en un estado de consiente depresión.

Agonizas de forma interminable, sola y decapitada por una tristeza infinita.

Ya a pocos metros de llegar a la salida recupero el tacto en mi cuerpo y siento a mi estomago descontrolarse muy agitadamente. Junior me detiene y repentinamente mis labios se unieron a los suyos. Me había cogido de la cintura y no había dudado en besar lo que el firmemente creía amar. Yo. Una vez liberada me descubrí ruborizada. Atrapada en medio de varios aplausos a mi alrededor. Chiflan y felicitan. El se me queda mirando muy nervioso. Y siento como mi cabeza explota. Sudo y transpiro desesperadamente. Me coge del brazo y me pregunta si estoy bien…y cuando estoy a punto de decirle que quiero irme de aquí siento a mi estomago convulsionar. No puedo. No aguanto y vomito descontroladamente encima de él y en medio de un puto público.

Vomitando placer

Sing Fang regresan este año con “Half Dreams” y tengo que admitirlo me gusta como inicia el disco y como termina. Siendo un EP se entiende que se trata de un disco con pocas canciones, apenas 05 canciones, sin embargo se puede respirar por cada track y es realmente placentero como varian desde un ritmo alegre hasta uno melancolico. La cancion de arriba “Walk With You” es mi preferida del disco, y aunque a inicio pueda parecer una cancion “feeling pop” resulta mucho mas de lo que aparenta. Abajo se encuentra el moja bragas de Joe Strummer, no creo que nadie no haya escuchado a The Clash. Esa actitud suya era suficiente para comerce el escenario y con un look asi, pues que es genial.

Hi, How are You?

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