Cuando los caminos se congelaron, todos esos recuerdos cambiaron de forma. No fue doloroso, ni escalofriante. Fue más bien como cuando transpiras. Mi cabeza desprendió un líquido celeste. Flotando en el aire, este liquido tomo forma, poco a poco se transformo en unas burbujas incandescentes. Rebotaban por toda mi habitación. Su ritmo era constante, y muy divertido la verdad. Al cabo de unos segundos de embobada apreciación, descubrí su nombre dibujado en el aire. Escrito en letra cursiva y, con un resplandor burbujeante color azul y a ratos celeste. Las burbujas no desistían en su particular danza, deletreaba y tarareaba; “V-A-R-I-A” el nombre de mi amada. La prometida  extraviada de entre mis recuerdos. Pues como toda promesa hecha cuando adolescentes, es fácil de olvidar, y fácil de disimular.

Durante un día cualquiera, sucedió un evento de vital importancia. Recupere a Varia de entre mi subconsciente, se encontraba descuidada en el calabozo de los viejos recuerdos. ¿Como sucedió? No lograba conciliar una hipótesis concreta, pues me hallaba recostado en el sofá, muy estresado. Y fue de improvisto, como si de un visitante inesperado llegase empapado de entre la lluvia justo en el día de Navidad. Sucedió y nada más. Lo que trajo consigo son repercusiones aparte. Y aun no decido si llego para salvarme de la rutina o para ahogarme en pura desesperación. Pues aunque a ratos su sonrisa parezca solucionar todos mis pesares, todas mis responsabilidades, todos mis vicios, todos mis secretos. Esto no dura por siempre, y cuanto mucho sirve como simple premio consuelo para el hombre promedio. Sin embargo es bien sabido que el hombre adulto no puede vivir de pensamientos idealistas, así como el amor no puede dar de comer a su familia. Y el tsunami de consecuencias vino con ella, se notaba de lejos, aun así no tome medidas. Pues la extrañaba ahora más que en cualquier otro momento de mi vida.

Y así como las enumero, las acepto del mismo modo; El divorcio, el distanciamiento con mi hija, la pérdida de estatus social, etc. Parecen recuerdos amargos ahora, pero en su momento consumieron mi vitalidad de un modo que antes era inimaginable. No solo por lo ejemplar que tenía que ser frente a todos, aun cuando no comprendía del todo el motivo. Los días pasaban tan rápido, que no tenía tiempo de tratar de cambiar el rumbo de las cosas. Mi esposa se parecía cada vez a su madre, a mi suegra. Una de esas viudas negras que se estiran el rostro para evitar la vejez-obviamente no lo logran-y que son muy despreciables. La otra mujer en mi vida era mi hija, adolescente de veinte años. Ahora son jóvenes o pre-juventud, o algo por el estilo. Para mi es una chiquilla problemática, pero se parece tanto a su madre, que recientemente me di cuenta que poco me importaban sus problemas, y eso es muy triste. Demasiado.

Pero ¿Realmente te arrepientes? No estoy seguro. Lecciones aprendidas si las hay, como el hecho de decir la verdad. No siempre es recomendable, no cuando esto dañara a otras personas, y aunque esto suene a puro egoísmo narcisista, resulta que también es cierto. Pueden pasar muchas cosas cuando decides “No decir la verdad” o “Mentir”, resulta que algunas veces- la gran mayoría-es la mejor opción. Así como los homosexuales se torturan mentalmente con la idea de “Salir del closet” o como los padres de familia y sus ataques de misericordia-sarcasmo-al presentar a sus amantes, o sin ir muy lejos, las madres ejemplares y sus adicciones a los narcóticos legales-prozacs, etc-y sus hijas falsamente sorprendidas y ya echadas a perder. Puedo concluir entonces que es mejor quedarse con la opción que mejor le convenga a uno, aunque ya es tarde pues el error esta hecho, y si. Me arrepiento de decir la verdad.

La primera vez que mi hija-adolescente-hizo notar el desprecio que me tenia, fue cuando escupió en mi camisa, pues sabía muy bien que iría a verla. Y aunque no puedo justificar su mala conducta con el hecho de que este en plena edad de tribulaciones hormonales, puedo también aceptar que poco a poco dejara de quererme. Y eso es lamentable. Pues aunque yo odie a su madre, no quiere decir que la odie a ella, pues el psicólogo dice que las chicas adolescentes, tienden a sentirse culpables por la separación de sus padres. No me lo creo, es mi hija egocéntrica, como su madre. Sin embargo yo no soy un hombre sumiso, pues aun me niego a firmar el divorcio, pues hacerlo significaría m alejamiento definitivo con ellas. Alejamiento meramente sentimental obviamente. Pues económica mente estaré atado por mucho tiempo más. Sin embargo amo a Varia, y esto no cambiara.

Una serie de reencuentros pasaron sobre mí. Ver a Varia veinte años después fue simplemente devastador. Habíamos cambiado mucho los dos, pero fue ella sin duda la que paso por mas sufrimiento, pues un divorcio causado por su involuntaria infertibilidad la trastorno en ciertas formas. Ya no era capaz de fingir sonrisas, me lo explico detalladamente hacia unos días, dice que cada vez que trata de forzar una sonrisa, sus ojos comienzan a lagrimear. Pues cuando estuvo embarazada-unas pocas semanas antes del natural aborto-trataba ella de enseñarle al feto en su estomago a sonreír, con autenticas sonrisas y melodiosas canciones. Sin embargo no llego a suceder. Lo otro el distanciamiento voluntario que tuvo con su familia, pues su infertibilidad es heredara, al menos la genética lo dice. Y Varia culpa a sus padres por ello, aunque ya no tuviera contacto con ellos, pues se caso con un hombre de color, y sus padres eran unos racistas discretos. Corto relaciones con su familia y la familia de su ex marido, después de eso ya no tuvo interés en concurrir a encuentros sociales ni por mero entretenimiento.

Nos encontramos por pura casualidad, ella salía de una biblioteca muy concurrida cuando yo hacía cola para  comprar el último bestseller de vampiros o algo por el estilo. No la reconocí de inmediato, fue ella la que reconoció en mi yo adulto al yo adolescente. Muy curioso la verdad, pues ni yo puedo hacer eso. Me salvo de aquella espantosa cola, y luego “Escapamos”-según ella-hacia conversar a algún lugar, a rememorar los viejos recuerdos, a ponernos nostálgicos. Y así sucedió.

Le narre mi historia y ella me conto la suya. Yo un ingeniero promedio y ella una escritora marinada, nada había cambiado y todo al mismo tiempo, pues yo era los números y ella las letras. Lo que sucedió después fue fueron horas de puro sexo reprimido. Ni cuando salíamos de enamorados habíamos estado tan encandilados con el inesperado reencuentro y su consecuente amorío. O hacer el amor como se decía antes, eso fue. Como uno de esos escasos momentos de plena lucidez, solo que esta vez la carne lo dijo todo. Fuimos una especie de narradores de lo que nuestras conductas habían mendigado todos estos años.

Si bien ya no éramos los mismos que recordábamos, éramos distintos, ya maduros y autosuficientes, no unos precoces enamoradizos como antaño. Supimos encontrar en los defectos del otro un sincero sentimiento de comprensión y entendimiento. Eso que las parejas con años de matrimonio no pueden sostener dos semanas después de casados. Lo sé por qué formo parte de ese inmenso grupo, y Varia lo sabe, porque como toda mujer despreciada paso por toda esa subyugación que solo una mujer con años de convivencia puede comprender. Mierda, que éramos los intérpretes perfectos de la esclavización moral puede llegar a ser, claro, que siempre se puede llegar a sublevar contra la tiranía de la rutina o poca autoestima. Somos la bendita prueba.

Y el idilio tomo forma con el discurrir de las siguientes semanas, al principio quedábamos en un hotel, pues ella no quería que conociese su departamento. Luego, cuando la confianza se había hecho plena en nosotros, nos encontrábamos en su piso, pues mi casa era impensable. Jugaba muy bien su papel de amante, y así lo disfrutamos mucho rato. Hasta que su inseguridad creció demasiado.

Debí haber pensado antes que ser meramente un objeto sexual, y confidente espiritual acabaría siendo más que una humillación, un aburrimiento exagerado. Y el sentido de humor de Varia era demasiado extremo, rayando lo enfermizo diría yo. Y lo que comenzó como una pequeña broma se transformo en un brutal chantaje, y aunque no lo vi así al principio, no tarde mucho en darme cuenta de ello. Y lo hice. Acepte divorciarme, pues si mi vida anterior había acabado siendo un desastre, esta no tenia porque ser así

Pasaron seis meses interminables.

Y el matrimonio se había vuelto otra exigencia suya, ni tan siquiera convivíamos y aun así estaba decidida. Yo ni siquiera tenía pensado en formar una familia con ella, todo se había distorsionado de tal manera que el escape ya no era opción, era como estar encarcelado con la llave atascada entre tu garganta sin poder hablar ni maldecir tu destino. Era cruel y demasiado odio saturaba mis conclusiones. Pero fue el sexo la cortina de humo en nuestra relación en plena caída libre. Ella y sus gustos extremos, que si bien disfrutaba yo, no podía mantener su ritmo. Pase de ser un hombre promedio a un improvisado actor porno, luego a un editor demasiado subjetivo, y era todo esto, lo que me ponía entre las cuerdas, pues lo disfrutaba. Maldita enferma, me enfermo-sarcasmo-y aunque con la variedad de pastillas a nuestro alrededor, preferimos internarnos en actividades consumidoras.

Mi corazón era un tugurio y mi amante una heroína suicida.

Los demonios lo llamaban decepción, yo lo llamaba hogar. Con Varia todo estaba fuera de lugar, todo se transformaba, parecía entonces un sueño psicodélico. Los rumores ya circulaban por todos lados, cuando salíamos nuestros conocidos-que eran en su mayoría, conocidos míos-murmuraban a nuestras espaldas. Se agarraba con mas insistencia de mi brazo entonces, y nació en mi un deseo de protección que solo había experimentado con mi anterior hija. Y la última oportunidad de huir de ella se desvaneció así de fácil.

Un año empaginado entre mis credenciales y Varia seguía igual de ferviente que antes, yo sin embargo estaba casi amaestrado, pues mi universo entero giraba en torno a ella. Y eran por sus histéricos cambios de personalidad cuando recibía noticias desalentadoras de su editor que hacia lo insignificante interminable. Y es ahí cuando los cretinos se echan la culpa, y sucede así con ella, me ataca con supuestas culpas que debía de aceptar sobre sus textos, palabras como; “Dijiste que estaba bien así” o “Confié en ti para este capítulo”. Y como si fuese poca cosa, le escupía en su rostro todas sus costumbres marginales, y ella explotaba, me atacaba y respondía muy furioso, conscientemente furioso-si es que es posible siquiera- y mi condescendencia hacia sus berrinches solo hacían que Varia se excitase mas.

Terminábamos entrelazados en un acto de sexo salvaje y sadomasoquismo en estado puro y duro cerraban el telón de aquellos tormentosos días.

Los médicos tenían que confirmarlo antes de siquiera plantearme la idea de adoptar un niño para que alegrase nuestras vidas. No tenía mucha fe en que así seria, y no dudaba en enterarla de mis particularidades a la hora de criar a un niño, pues mi experiencia pasada no había sido exitosa, y francamente no quería pasar por eso otra vez. Era entonces cuando Varia utilizaba sus encantos maternales ausentes para convencerme o al menos conciliar esa idea, aunque en el fondo lo que había hecho era implantar un capricho en mi cabeza.

Y fue por cosas como esta que comencé a distanciarme de forma sutil de ella, pues esto llego a oídos de mi hija y para mi sorpresa ella hizo contacto conmigo para advertirme de algo que lamentablemente ya sabía. Mi hija aun en plena juventud, conoce el horror que significa romperle el corazón a una persona perturbada. Por experiencia ajena con un final triste, no dudo en proteger a su padre de esta forma, y yo estuve como nunca antes, muy orgulloso de tenerla aun a mi lado, como cuando niña, como cuando todo estaba maravillosamente encaminado y disfrutábamos de ello como unos ingenuos esperanzados.

El enemigo me distrae con sus sensuales disfraces

Suspiro tratando de conservar el control de la situación, pues la desesperación ha tomado forma en su rostro, con cuchillo en mano y unos ojos llenos de ira, trato de evadir la inminente verdad dicha. Pues como antes erre, la historia se repite. Alejarme de Varia a estas alturas era impensable, pues su cordura dependía directamente de su dependencia para conmigo. Roto su corazón, pierde la razón. Se abalanza hacia mí, y su tierna sonrisa que antes parecía solucionar todos mis problemas, no son más sinceras o enternecedoras que antes. Y sus ojos vuelven por un instante a su color natural, un pardo muy cálido. Luego el resto es vacio. Una mirada extraviada me rompe el corazón. Pues no reacciona, mi inmutable acompañante.

Varia Extraviada        

Curtains, un disco imprendible para cualquiera que guste de la musica.

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