Sacrifique aquella gaviota por pura ternura incomprendida, y aun años después de muerto siento ese pesar continuo en mi cuerpo, cobra vida aparte a la mía todos los días antes de los juicios matutinos en pleno clamor del sol, sus infernales rayos por toda la ciudad alumbrando su inmunda condición, juicios con sentencias esperadas y asumidas por las distintas existencias sufridas en la sala de espera, pierden la fe y entran en coma, el arrepentimiento, sin ser eso siquiera posible acometen contra sus pequeños tesoros materiales y espirituales, tras el calvario tienden a mezclarse entre los miles de súbditos vegetales muy expectantes ellos durante el discurso desalentador de su Dios, con pomposas palabras y con un supuesto carácter identificador, su líder se despide con esa actitud suya que tanto le caracteriza, hacer promesas para después faltarlas, esperanzados regresan a sus hogares para continuar con su sacramento enfermizo que tanta sed les provoca.

“Mediocridad hecho un mal habito”, se excusa el anfitrión de la cena en pleno debate político de fondo vacio, los integrantes del club de la mesa redonda se inquietan con la actitud del anfitrión y comienzan a confabular como si se tratase de unos niños traviesos,  proposiciones indecentes y poco patrióticas echan raíces en la habitación y el vino añejo se hizo muy apetecible para aquellas diabólicas visitas, saben que hacen mal pero no les incomoda y como la madre de todos esos hermanos escondidos durante aquel incendio definitivo, su madre Sodoma y su padre Gomorra, hermanos consumidos pero reivindicados por el odio, una madre que no está presente, e hijos hambrientos al final del show, sin embargo el show prosigue sin demora y termina con un anfitrión desilusionado y preocupado, no podrá dormir tranquilamente nunca más y eso no provoca cosquillas a nadie en la familia, pues aumenta un petulante más en la eterna fila de los indignados, traicionado por su propia raza solo queda rabia en su corazón, y deseos de venganza acompañan la reciente lumbre que ilumina su opaca resolución.

Un hombre de mediana edad con una sonrisa enfermiza recuerda a todas las monjas del convento lo desesperadas que son al renunciar a su sencilla condición de pecadoras empedernidas cegadas por la hipocresía que su institución proclama por todo el mundo, y como unos animales furtivos escapan al reconocer a su confesionario, recuerdan esos ojos vacios de épocas antiguas, épocas psicodélicas y tempestuosas, decepcionadas ellas se reconcilian con su antiguo señor y trataran por siempre de olvidar su vuelta a casa

Se hacía llamar Gaviota, caminaba con poca prisa y su triste semblante dificultaba el fluir de las conversaciones, cargaba un libro de Matemáticas avanzadas siempre consigo, no lo leía ni lo intentaba, dejaba los días discurrir sin vuelta atrás, y mientras se dejaba agonizar en incontables atardeceres. Si tuvo un pasado extravagante o poco aprovechado nunca lo llegamos a saber, solo tuvimos unos cuantos momentos compartidos; cenas obligadas sin palabras que aderezaran aquellas veladas y las pocas celebraciones por sus cumpleaños eran muy decepcionantes, hija del terrateniente, mimada y antisocial, nos ignoraba cada vez que le proponíamos unirse a nuestras conversaciones sin ninguna razón, aun siendo meras platicas de contenidos vánales, el socializar siempre fue bien visto en sociedad, una razón más para ser renegada por su padre al abandonar la iglesia durante aquel fallido matrimonio, no supimos mas de ella hasta hace un año cuando corrió la noticia de su suicidio, sumisión voluntaria en el jardín de los cerezos de los cuales su padre estuvo siempre orgulloso, y del destino que tuvo aquel estudiante nunca lo supe, buen muchacho a ratos pero un descontrolado cuando borracho, compartieron una vida aislada de la ciudad por un breve periodo de tiempo, meses, tal vez un año, pero aun eso y todo, solo pudo conllevar a una vida desgraciada, veinte cinco años es una edad muy temprana para culminar una vida, solo puedo imaginar su sufrimiento como el espectador que soy, nunca un intento de conciliar con su padre y nunca un alboroto en su hogar, sin embargo me consta que amo con mucha pasión, nunca la creí capaz pero igualmente sucedió, no tengo duda alguna llegada a esta edad, aun peleando con los recuerdos correctos y los imaginarios, no tengo duda de que su amor fue intenso como infernal, si su estudiante fue una buena o mala persona no me corresponde a mi juzgar, pero de que ese chiquillo tiene sus ojos no hay duda.

Gaviota suicida

Arriba una canción que realmente me capturo, buen disco de los “McEnroe”, va bien el 2012 y abajo una fotografía de mi Alisson favorita.

Advertisements