Eres reincidente, lo volviste hacer, eres un pobre desgraciado cuyo mayor logro fue evitar ser visto y tratado como tal, ¿Pero qué fue lo que  hiciste? No recuerdas exactamente, salvo vivir tu vida como te dijeron que lo hicieras, nunca tuviste deseos propios o si los tuviste los reprimiste muy bien y ya perdiste la cuenta de las amistades que lastimaste o dejaste pasar, miras la botella de cerveza y aunque está claramente vacía, le das un último sorbo y no encuentras nada, revisas el refrigerador y tampoco hay nada allí, nada en absoluto, ni cerveza, ni alimentos, ni nada. Das pasos descoordinados buscando tu billetera y caes sobre el mueble, etas cansado, es sorpréndete que hayas podido llegar al día de hoy con el cuerpo entero, haces una reverencia mirando al techo de la habitación y sales por la puerta, con el orgullo aun en su lugar pero bastante insatisfecho.

Una vez fuera y con mucha sed, notas que el frio que afuera te estaba esperando es demasiado para tu maltratada piel, no trajiste abrigo alguno y aunque por un momento piensas en regresar al segundo piso y conseguir uno, descartas automáticamente aquella idea, fue extremadamente difícil bajar las gradas con esa resaca en la espalda y no quieres ni imaginar que tan difícil puede ser el intentar subir. Han pasado unos cuantos minutos y recuperas la noción del tiempo, ya no estás a la puerta de tu domicilio, de algún modo conseguiste llegar a una avenida de lo más transitada, muchos rostros desfilan por tu cabeza, no conoces a ni uno de ellos, pero tu terquedad es más fuerte y te esfuerzas en recordar rostros que nunca habías visto, la cruda es fuerte y tu un idiota mas, algunos rostros parecen incomodarse con tu presencia y te disculpas con sonrisas falsas. El sol parece estar muriendo lentamente, como si se estuviese desangrando, se tiñe de rojo cada segundo con mas presencia que antes, deja su tímido color naranja y ahora el rojo sangre se mezcla con la madurez alcanzada durante el día, deberías haber llegado a conclusiones importantes a estas alturas, pero eso ya no te preocupa tanto como antes, cuando andabas siempre con prisa, como si el mundo estuviese por acabar a cada instante, si llegabas tarde a alguna reunión de trabajo o cuando fallabas en un examen importante, e incluso aun cuando te mudabas y jurabas amor eterno con alguna mujer intrascendente del pasado.tus pies comienzan a fallarte y te dejas caer en un banquillo de una plazuela, de algún modo te sientes mas aliviado, tu traje está sucio y ya olvidaste donde dejaste tu corbata, te llevas las manos a la cabeza, no hay dolor, asumes este momento como el momento cumbre del día, no hay lagrimas resbalando por tu rostro ni esperanzas azucaradas revoloteando por tu pecho, solo estas tu y el agonizante sol, te sientes contradictoriamente cómodo, pues el frio no ha disminuido para nada y el sol parece estar a un segundo de ti.

Buscas en los bolsillos de tu pantalón y encuentras en el derecho una caja de cigarrillos, solo hay uno y esta arrugada, en el bolsillo izquierdo sin embargo hay un encendedor de plástico, sonríes aliviado, enciendes el cigarrillo mientras ves como se esconde lentamente  el sol, “Eres muy oportuno” ,bromeas a modo de sarcasmo mientras el frio sientes tus pies mas entumecidos que antes, sientes que si intentaras levantarte no lo lograrías, mientras tratas de recordar alguna cara conocida y rechinas los dientes al no lograr recordar nada, pero te alegras al ver como unos artistas callejeros comienzan su función, tratas de recordar si alguna vez fuiste al circo, si fuiste solo o con tu familia, ¿Tienes esposa? ¿Tienes hijos? …. ¿Tienes a alguien?, nada, en blanco.

Un grupo de amigos parece desintegrarse en el restaurant cruzando la pista al extremo de la plazuela, entre brindis se despide una pareja con un futuro prometedor, sus sonrisas parecen sinceras, al menos el de la mujer, sus ojos brillan como la esperanza de un niño con la promesa de un fin de semana divertido hecha por su padre, seguro están por casarse, su pareja no parece muy convencido, pues sus ojos no brillan tanto como los de ella, sin embargo su leve sonrisa parece convencerlo de que se equivoca, nada malo puede pasarle a las parejas enamoradas, ni el dinero, ni tiempo, ni la familia, ni nada o así solía ser antes, o tal vez nunca fue así y solo eran novelas fantásticas que la estuvieron engatusando cuando adolescente, pero ni uno de los dos parece desanimarse y mientras el cigarrillo ya va consumiéndose por la mitad, les deseas suerte, autentica suerte, pues no necesitan comedias románticas que nutran su relación, ni tampoco dramas que los atormenten, dales un momento de autentico amor, haces una reverencia hacia el sol mientras juntas las palmas de las manos, y agachas la cabeza.

No hay música adornando tu triste situación, una sensación de inflexión comienza a apoderarse de ti, de algún modo sientes que tu infelicidad no es culpa tuya, más bien es culpa de los demás, son demasiado felices con tan poco y sus sonrisas forzadas parecen aceptar ese conformismo, entonces te preguntas en qué momento perdiste de vista a los demás y te extraviaste de la fila, sabias que era una excursión peligrosa, pero todos iban de la mano, no te gusto, te alejaste demasiado y ahora solo estás tú y tu moribundo sol, pero sigues insatisfecho contigo mismo, no deberías estar en un banquillo como un vagabundo, deberías estar en un departamento de lujo con bellas adquisiciones materialistas y mujeres de plástico esperándote en tu dormitorio, pero no sucedió así, algo salió mal y ya no tienes energías para averiguar qué fue.

El cielo ahora es demasiado negro, te recuerda a tu habitación, no tienes electricidad, pero no necesitabas electricidad estos últimos días, el alcohol intravenoso fue suficiente enrgizante para seguir con tu rutina, algo interrumpida, algo descompuesta, algo fuera de lugar, pero fue breve e intenso y verdadero, una semana de autodestrucción sin dilatación en el tiempo, ni reuniones embarazosas, ni llamadas perdidas, todo según un plan masoquista de dios, “Esa será mi excusa, ja”. Pero no es suficiente, una carta de despedida a modo anónimo, ¡Que estupidez, ni siquiera lo leería!, tranquilizas esa impaciencia tuya respirando calmadamente, lo logras y notas que el cigarrillo se termino. Cenizas caen sobre tu sucia camisa, mientras un destello verde te deja ciego por unos instantes, ya no sientes los dedos de tus pies, ni tu pierna, tragas saliva amarga mientras tus ojos se abren como platos al notar una mancha de sangre en toda tu camisa, hay sangre goteando del banquillo ensuciando el suelo, tocas tu estomago y está caliente, pero tus dedos están extremadamente frio, te agarras el rostro y sonríes forzadamente y esto te proporciona una ligera sensación de placer, dejas caer tus brazos y buscas algo más nítido que observar, de algún modo te sientes muy cansado y con sueño, pero quieres ver el destello verde otra vez y mientras estas por cerrar los ojos notas a lo lejos, a los artistas callejeros jugar con fuego, hacen malabares por los aires y el fuego se hace cada vez más grande y el placer te consume gratamente, las llamas verdes en sus manos y bailando por los aires te divierte, piensas entonces que si fuiste al circo en algún momento de tu vida, pero el espectáculo es tan agradable que le dedicas toda tu concentración, mientras te dejas dormir un momento, para descansar los ojos, “Solo un momento, ya vuelvo”.

Y para condimentar este pretencioso relato, la canción principal de la película “Drive”, muy buena la verdad, abajo una imagen del cómic  “Scott Pilgrim vs World”, del cual estoy bien enganchado, me gusta ese tipo de sátiras hacia las relaciones juveniles.

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